Victor CodinaNo deja de ser sorprendente y muy significativo que una serie de teólogos considerados “malditos” durante el largo invierno eclesial del postconcilio, sean ahora no solo admiradores entusiastas del Papa Francisco, sino que se hayan convertido en sus defensores frente a los que le atacan y acusan.

Estos teólogos y teólogas fueron considerados sospechosos en sus doctrinas, algunos fueron excluidos de sus cátedras, otros fueron censurados por sus escritos y tuvieron que defenderse de los “monita” o advertencias que recibían de los responsables de sus Iglesias locales y muchas veces de Roma. Su sufrimiento fue grande, su silencio muy doloroso, pero actuaron con “resistencia y sumisión” y permanecieron fieles a la Iglesia.

Sin pretender ser exhaustivo cito alguno de los nombres que me son más conocidos y familiares: Hans Küng, Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Jon Sobrino, Eleazar López, José Mª Castillo, Juan Masiá, José Antonio Pagola, Marciano Vidal, Benjamín Forcano, Andrés Torres Queiruga, Juan José Tamayo y un largo etcétera en el que habría que nombrar a teólogas como Ivone Gebara, Elisabeth Johnson y teólogos anglosajones.

¿Qué ha pasado? Ninguno de ellos o ellas se han retractado de sus opiniones, tal vez hayan matizado y clarificado algunos malentendidos, pero no han cambiado de rumbo.

Lo que ha sucedido es que Francisco ha inaugurado un estilo nuevo de ejercer el Primado romano, no es teólogo profesional y no impone su propia teología, sino que es ante todo pastor, ha abierto las puertas de la Iglesia, desea una Iglesia que salga a la calle y huela a oveja, que no excluya sino que acoja y sea sacramento de misericordia, una Iglesia que sea dialogante, no autorreferencial, pobre y de los pobres, que viva la alegría del evangelio y crea en la novedad siempre sorpresiva del Espíritu. El clima eclesial ha cambiado en estos años, hay mayor libertad, se puede respirar mejor.

Y espontáneamente uno recuerda la notable semejanza que existe entre esta situación y la de los años del preconcilio cuando una serie de teólogos fueron censurados y acusados de  defender la llamada Nouvelle Théologie, pero que luego en tiempos de Juan XXIII fueron los grandes teólogos del Vaticano II: Rahner, Congar, De Lubac, Chenu, Daniélou e incluso Teilhard de Chardin ya fallecido pero que inspiró en gran  parte la Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, Gaudium et spes.

Estos cambios, más allá de las anécdotas personales o históricas, desde una mirada de fe, nos llevan a reconocer que la Iglesia, Pueblo de Dios peregrino en la historia hacia el Reino, a pesar de sus errores, limitaciones y pecados, está siempre animada y guiada por el Espíritu del Señor y que aunque, como la luna, atraviese diferentes fases de oscuridad y de luz, nunca es abandonada por el Señor Jesús, que es la luz de los pueblos, Lumen Gentium y la conduce “desde las sombras y las apariencias a la verdad”, como se lee en el epitafio del beato cardenal Newman.

Y todo ello nos produce gran alegría y esperanza de una nueva primavera pascual. Y es un estímulo para que la teología siga siendo una instancia profética y de frontera en la Iglesia de hoy.

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Imagen extraída de: Pontificia Universidad Javeriana

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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2 Comentarios

  1. Conocí a Congar en Le Saulchoir el verano de 1970. Antes lo había visto en Barcelona en una visita fugaz. A Chenu lo tengo como historiador medieval de cabecera. Y de cabecera tuve en mis primeros años laborales su Teología del Trabajo. Equiparar a Congar y Chenu con Masiá, cuyo caos mental e ignorancia biológica (de genética y embriología, así como de epigenética, por más que diga tener por guía a Gago) des lisa y llanamente ofensivo. Lo mismo que ,los otros autores que cita equiparándolos con Henri de Lubac o con Karl Rahner. De Rahner estudié a fondo su antropología que busca fundar en conocimientos paleontológicos sin excesivo acierto. No es sólo esto último opinión mía. Prefería a su hermano Hugo, el teólogo espiritual, mucho más claro y riguroso, a mi parecer. Aquellos a los que se les ha quitado la venia docendi, si no hacemos demagogia, ha sido porque disparataban con errores gruesos. A Congar se le debe la eclesiogía y la teología del laicado. No se le conocen errores de bulto, salvo sus excesos ecuménicos frenados a tiempo cuando pudo estudiar en Oxford. Afirmar que ha existido un invierno teológico es una concesión a la galería. Al contrario, han surgido voces de un fuste científico y filosófico (Basta hojear la revista australiana de teología) desconocido entre los autores que aquí se citan (Castillo, Queiruga, etcétera). Estos no han aportado nada sustantivo. Antes bien han desbarrado ad nauseam. Con Masiá crucé algunas cartas donde le puse de manifiesto sus errores de biólogo de bachiller. Lo mismo que al profesor de la Carlos III, cuyo maestro en genética decía ser Mayor Zaragoza. Y se quedó tan ancho.

    En honor de Yves Congar, de sus ojos azules de niño tímido, de Chenu y sus orígenes proletarios. Permítame que diga que la comparación con ellos es falsa y mailintencionada. Porque sus publicaciones están al alcance de cualquier que las vea. Por cierto, parte de la obra de Chenu fue reeditada en 2001 en Olschki Editore.

  2. Gracias a V. Codina por su artículo tan cargado de razón.
    «Por sus frutos los conocereis».
    Encontrar a estos teólogos es una ventana a la luz y a respirar mejor.
    Vivir una experiencia en la seguridad del Amor del Padre, sin discriminaciones , sin miedos añadidos , . Un camino que libera y compromete a un tiempo
    Dios les bendiga a ellos y al Papa Francisco que lleva el Evangelio de Jesús en su corazón y eso se nota en su vida y en sus actitudes .
    En ese largo etcétera que apunta, yo también añadiría a Louis Evely
    Gracias de nuevo -Un abrazo
    .

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