Victor CodinaEsta afirmación de Francisco en su vuelo de regreso de Ciudad Juárez a Roma, que evidentemente tiene como trasfondo las afirmaciones del candidato republicano Trump, no es una simple respuesta coyuntural, sino que enuncia un principio cristiano y de validez universal.

En diversas ocasiones Francisco ha contrapuesto los puentes a los muros, el diálogo a la confrontación, lo cual se aplica tanto a cuestiones familiares y de género como a la economía, política, cultura y religiones. Pero hoy la alusión a los muros reviste una especial y urgente gravedad ante la tragedia de los refugiados y migrantes que dejan sus países huyendo en busca de mejores condiciones de vida en Europa o Estados Unidos y que se encuentran frente a verdaderos muros que les cierran el paso.

Construir puentes y no muros significa generar no hostilidad sino hospitalidad, no exclusión sino inclusión, no rechazo sino acogida, no xenofobia sino aceptación de las diferencias y vale tanto para Lampedusa como para Ciudad Juárez…

La motivación ética para esta actitud de hospitalidad es la igual dignidad de toda persona humana y la necesidad de compartir entre todos los bienes de la tierra. La fe cristiana nos ofrece una profunda explicación ya que Dios nos ha hecho a todos los seres humanos a su imagen y semejanza, y gracias a Jesús, único mediador y puente entre Dios y la humanidad, sabemos y creemos que Dios es nuestro Padre-Madre, que todos somos hijos-as suyos y que por tanto todos somos hermanos-as y todos hemos de compartir los bienes de la creación, sin que nadie los pueda acaparar de forma exclusiva.

Pasar del muro al puente implica un profundo cambio de actitud, una profunda conversión, que tiene grandes consecuencias positivas en todas las dimensiones de la vida, y nos lleva a superar todo machismo y racismo, toda prepotencia económica y política, cultural y religiosa.

Los cristianos creemos que en esta urgente tarea de conversión no estamos solos, sino que el Espíritu del Señor, presente en la creación y en la historia, nos ayuda a construir una comunidad humana más justa y equitativa. El Espíritu clama a través de las víctimas de la exclusión y de los muros y nos interpela para que construyamos no muros sino puentes de justicia y de paz.

Por todo ello, construir muros no es cristiano… 

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Imagen extraída de: Pixabay

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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2 Comentarios

  1. El hombre cristiano debe construir puentes pero la maldad de algunos ha obligado a otros a poner barreras, seguros a las puertas y hasta a aislarse. Solo nos queda seguir orando para que se construyan más puentes y menos muros.Que el hombre vuelva a Dios.

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