Referentes de dignidad y esperanza

Referentes de dignidad y esperanza

Araceli CaballeroNi la desigualdad comenzó en 2008 ni la precariedad fue un invento de esto que llaman “crisis”, pero ha supuesto -está suponiendo- una vuelta de tuerca que aprieta – ¡y ahoga!- a los colectivos más débiles, más invisibilizados, más vulnerables. Tampoco es invento reciente que haya personas, colectivos, que no se resignen y planten cara. Por ejemplo, las mujeres, con larga tradición de receptoras “privilegiadas” de la peor parte (suele pasar: al gordo, raramente, pero a la pedrea estamos entre las primeras candidatas).

Cuadernos HOAC dedica al tema su nº 10, “Democracia y dignidad para las mujeres ante situaciones de precariedad”. Su autora, Neus Forcano, es filóloga y teóloga, miembro del Col·lectiu de Dones en l’Església y de la Asociación europea de mujeres para la investigación teológica (ESWTR). Y tiene una mirada suficientemente amplia como para no circunscribirse a la precariedad económica y laboral, sino también como falta de condiciones y de posibilidades de crecimiento personal, intelectual y emocional que muchas mujeres ni imaginan a causa de la situación de necesidad material en que se encuentran tanto ellas como sus familias.

La brecha económica y social entre colectivos ricos y pobres ha crecido desde 2008. En el caso de las mujeres, el problema se ahonda. El 83% de la población activa femenina asalariada trabaja a tiempo parcial, y el 65% de los contratos temporales de los dos últimos años los firmaron mujeres. Estos y otros datos hacen que la brecha salarial varones/mujeres sea de más del 30%.

Los poderes públicos parecen haber dimitido de su compromiso con el bien común; por el contrario, las supuestas medidas anticrisis que articulan –reformas fiscales, laborales, educativas- resultan eficaces excavadoras de la brecha, en la medida en que favorecen a los ya muy favorecidos, en lo que constituye no sólo una dejación de responsabilidades, sino una clara corrupción de la democracia, adelgazada hasta quedar reducida a “formal y representativa vacía de contenido”. No es, por tanto una cuestión exclusivamente económica; afecta a derechos básicos de las personas y significa una precarización de la propia democracia.

A lo largo del tiempo, colectivos de mujeres plantean iniciativas prácticas, como  Sindihogar/Sindillar citada por la autora, que van más allá de buscarse la vida colectivamente, que son una crítica al sistema, y que ponen de manifiesto la necesidad de “una nueva visión de la economía que tenga en cuenta que la producción y el mercado se nutren de la vida, el cuidado y la reproducción que se desarrollan en el ámbito privado”, como vienen reclamando las feministas.

Plantar cara a la precarización, insiste la autora, no sólo implica la crítica al sistema; “también plantearse cómo crecer personalmente, cómo formar, educar y conseguir una ciudadanía consciente, crítica y capaz de actuar colectivamente”.

Neus, teóloga feminista –valga la redundancia-, tiene las herramientas para mirar con esta perspectiva la experiencia de algunas mujeres de la tradición bíblica, que “nos pueden mostrar actitudes para el desarrollo de esta conciencia de libertad personal, para el ejercicio de implicarnos en la realidad y de imaginar horizontes de utopía que nos impulsen al cambio individual y colectivo por el bienestar de toda la comunidad”.

Los relatos de Rut y Noemí, mujeres independientes y abiertas a la utopía, de Marta y María, constructoras de espacios comunitarios, y de la sirofenicia, que vehicula una teología de desobediencia y sabiduría, nos invitan a descubrir algunos referentes de esperanza “para que nadie renuncie al deseo de querer una vida digna, feliz y llena de sentido”.

Todas ellas son mujeres que no se rinden, precisamente porque están en situación de precariedad. Las respuestas no nacen de los hartos, los satisfechos en cualquier sentido, sino desde la conciencia de necesidad. Como reza la cita de Simone Weil que abre el cuaderno, “el peligro no es que el alma dude de que haya pan o no lo haya, sino que se deje persuadir por la mentira de que no tiene hambre”.

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Imagen extraída de: Pixabay

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