Darío MolláEl periódico que a nivel estatal representa la izquierda (¿?) “políticamente correcta” de este país decía el pasado jueves que no publicaba la foto del niño sirio muerto en una playa de Turquía por su “extrema crudeza”. Políticamente correcto, claro… pero, sinceramente, a mi esta no publicación me suena a más “extrema hipocresía”… Porque la “extrema crudeza” no está en una foto que refleja la realidad, sino en la realidad que la foto refleja.

La “extrema crudeza” es la del sufrimiento de muchos miles de personas que tienen que huir de su país por una guerra incomprensible, sostenida por años ante la pasividad del mundo, y que tras sufrir un durísimo exilio se encuentran en el mejor de los casos con la inhumanidad de Europa, y en los casos más dramáticos con muertes que nos horrorizan.

La “extrema crudeza” es la de la ineficacia culpable de los gobiernos europeos, liderados por un señor de Luxemburgo (cuya vida quizá sí conozca  episodios de “extrema crudeza”), la de la indiferencia de tantos líderes y personas con responsabilidad y posibilidad de hacer algo y que sólo hacen declaraciones que se lleva el viento, la de todos aquellos/as ciudadanos/as que prefieren mirar hacia otra parte… para no ver escenas de “extrema crudeza”.

La “extrema  crudeza” es la del nivel de bajeza moral al que ha llegado una Europa que en este momento está renegando de sus principios más sagrados, de su propia historia, de las leyes y convenciones que ella misma se ha dado… La “extrema crudeza” de un egoísmo tanto más acentuado cuando mayor es el grado de bienestar.

La “extrema crudeza” es la de un sistema económico y político capaz de generar tanto sufrimiento, incapaz de hacer justicia con gentes y pueblos, movido por un interés enfermizo, repelente en las justificaciones hipócritas de lo que hace o no hace… Un sistema que sostiene tiranos y capaz de movilizarse por el petróleo pero no por las personas.

“Extrema crudeza”… ¡Va, seamos serios! La crudeza de lo que está pasando, y que, gracias a Dios, una fotógrafa pudo captar y compartir. Ante esa “extrema crudeza” creo que mis palabras se quedan cortas, muy cortas…

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Imagen extraída de: Ángulo7

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Jesuita, teólogo y especialista en espiritualidad ignaciana. Ha publicado en la colección EIDES: "Encontrar a Dios en la vida" (n º 9, marzo 1993), "Cristianos en la intemperie" (n º 47, octubre 2006), "Acompañar la tentación" (n º 50, noviembre 2007), "Horizontes de vida (Vivir a la ignaciana)" (n º 54, marzo 2009), “La espiritualidad ignaciana como ayuda ante la dificultad” (nº 67 septiembre 2012), “El ‘más’ ignaciano: tópicos, sospechas, deformaciones y verdad” (nº78, diciembre 2015) y “Pedro Arrupe, carisma de Ignacio: preguntas y respuestas” (nº 82, mayo 2017).
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5 Comentarios

  1. Desde luego yo estoy de acuerdo en que es «extrema hipocresía. Que la cruedeza que es real hay que mostrarla, no mirar para otro lado y buscando las causas hacer los mayores esfuerzos por corregirla entre todos sin inhibirnos. Pudiera ser que algunos o muchos no puedan hacer nada. En ese caso. ¿podrán rezar>?

  2. Gracias a Darío Mollá (y a Cristianisme i Justicia) por dar palabra a nuestra indignación por la antropofagia del poder económico, el sevilismo de gran parte de los medios (que no de muchos periodistas honrados), así como a nuestros sentimientos de solidaridad con los oprimidos de todo tipo.

  3. Es/crudeza/cuando urilizas el dolor para sacar veneficios .las cosas hay q contarlas/pero respetando los/q.les/q.da su dignidad como persoba t su intimidad la informacion es necesario pero es mas importante su intimidad porq.tapamos/las/caras de lis/niños del primer mundo y nos atrevemos hacer fotos ha diestro y siniestro singuardardad la/itimidad/q.dice la/unesco con los niños porq eb el fondo todos estamos/mejorar/nosabemis como y no miramos repercusiones el estado esta/en euna/situacion de vienestar pero tu y yo tambien porq.no empezamos a/xambuar nuesteo entorno para despues ir ampliando pirq los canbuos dependen de nosotros de mi de ti y si no nunca cambiara bada

  4. Estimado Sr. Moyá:

    Disculpe mi ironía, pero visto que usted usa de ella sin ambajes me doy por excusado. Como esa idea de «políticamente correcto» se ha convertido en una arma arrojadiza que no quiere decir gran cosa, permítame que se la lance: el políticamente correcto es usted; o mejor, el antipolítico.
    Es legítimo y necesario sentir compasión por las personas que sufren, en este caso por los refugiados que desembarcan en territorio europeo. Pero desgraciadamente, esos sentimientos no constituyen una política, salvo quizás en los pasillos del Vaticano.
    Me hubiera gustado que, adjunta a su diatriba, hubiera detallado sus propuestas concretas y, de ser posible, presupuestadas, sobre cómo acoger dignamente a estas personas (¿cuántas, por cierto?), gestionar sus demandas de asilo (¿o hay que acoger absolutamente a todas las personas que llamen a nuestra puerta?) y, en caso de aceptación, integrarlas en nuestros países.
    Pero es más fácil indignarse que hacer política, predicar que dar trigo.

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