Los pobres vicarios de Cristo (II): santa Catalina de Siena

Los pobres vicarios de Cristo (II): santa Catalina de Siena

Cristianisme i Justícia. [Durante el mes de agosto estamos publicando una serie de posts que no han sido escritos por contemporáneos nuestros sino por personas de otros siglos pertenecientes a la tradición de la Iglesia. Todos estos textos pueden encontrarse en el libro Vicarios de Cristo: Los pobres de José I. González Faus].

Santa Catalina de Siena (1347-1380)

La con­fianza en las riquezas empobrece y mata al alma, hace al hombre cruel consigo mismo, le quita la dignidad de lo infinito y le hace finito, es de­cir, que su deseo, que debe estar unido a mí, Bien infinito, lo ha puesto en una criatura finita por afecto de amor. Los que se basan en ellas pierden el gusto del sabor de la virtud y el perfume de la pobreza, el do­minio de sí mismos, y se hacen esclavos de ellas. Se hacen insaciables, porque aman las cosas que son menos que ellos, pues todas han sido creadas para el hombre para que le sirvan, y no para que le conviertan en su esclavo. El hombre sólo debe servirme a mí, que soy su fin.

¡Y a cuántos peligros, a cuántas penas se expone el hombre por mar y por tierra con el fin de conquistar grandes riquezas, para volver des­pués a su ciudad con delicias y posición social, sin interesarse ni cuidar­se de adquirir virtudes ni sufrir algo por conseguirlas, cuando ellas son las verdaderas riquezas del alma! Se hallan totalmente inmersos en el pensamiento del dinero…, cargan sus conciencias con muchas ganan­cias ilícitas. ¡Mira a qué miserias llegan los que se han hecho esclavos de las riquezas y no de bienes firmes y estables, pues hoy son ricos y mañana pobres, ahora están en las alturas y luego abajo, hoy son temi­dos y reverenciados por el mundo a causa de las riquezas, y después, cuando las han perdido, son motivo de burla! Son tratados con oprobio y vergüenza y sin compasión, porque eran amados y se hacían amar no por la virtud que tuvieran sino a causa de las riquezas. Si se hubieran hecho amar y fueran amados por las virtudes, y se hubieran reconocido en ellas, no se les perdería la reverencia ni el amor por haber perdido los bienes temporales sin perder la riqueza de la virtud.

¡Qué difícil les es sobrellevar el peso de la conciencia!… Ya dice mi verdad en el santo evangelio que le es más difícil a un rico entrar en la vida eterna que a un camello pasar por el ojo de una aguja. Estos son los que con apetito desordenado y afecto miserable poseen o desean la riqueza. Y por ello hay tantos pobres, pues [los ricos] a causa del afecto desordenado poseerían todo el mundo con su afecto si les fuese posible. No pueden pasar por la puerta [del cielo], porque es estrecha y baja; por lo que, si no echan a tierra la carga y no aminoran su afecto al mundo y no agachan la cabeza con la humildad, no podrán atravesarla. Y no hay otra puerta que lleve a la vida sino ésta.

He aquí la puerta ancha que les lleva a la condena. Como ciegos, pa­rece que no vean su ruina, pues en esta vida gustan ya las arras del in­fierno. Reciben castigo de todas las maneras cuando desean tener más y les resulta imposible. Como no tienen lo que desean, sufren; y si lo pier­den lo hacen con dolor. Sufren en la misma proporción en que poseían con amor. Pierden el cariño al prójimo y no se preocupan de conseguir la bondad. ¡Oh podredumbre del mundo! Las cosas del mundo no es­tán podridas, pues yo las he creado buenas a todas. Está podrido quien las tiene y las busca con amor desordenado…

Si bien lo consideras, de este desordenado deseo y voluntad de las ri­quezas procede todo pecado.

(Diálogo 150, BAC, 1980, 380-381, 379).

Catherine_of_Siena

Imagen extraída de: Wikipedia

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