‘Laudato si’: el manifiesto ecológico de Francisco I

‘Laudato si’: el manifiesto ecológico de Francisco I

Manfred NolteApenas se ha difundido la anécdota según la cual, al poco de ser nombrado cabeza de la Iglesia Católica, el Papa Bergoglio invitó al líder de los ‘cartoneros’-los recogedores de basuras y recicladores de Buenos Aires- a la inauguración de su pontificado en la Plaza de San Pedro de Roma. El gesto se interpretó entonces como un signo de su alineamiento con los más desfavorecidos, pero hoy ofrece igualmente una nítida pista  sobre su abierta sensibilidad con los temas del medio ambiente. En realidad para el Papa Francisco ‘todo está relacionado’ y la opción preferencial por la pobreza es inseparable del cuidado de la ‘casa común’, este planeta tierra que no nos pertenece, y que cada vez se asemeja más a una “inmensa pila de basura”. Degradación ecológica e injusticia económica se tocan.

El que fuera Arzobispo de Buenos Aires es el primer Papa de un país en desarrollo y también el primer jesuita en recibir tal dignidad y desde el inicio del papado proclamó su decidido propósito de lograr “una Iglesia pobre para los pobres”. Ahora acaba de agregar a la citada intención su deseo de mitigar el cambio climático que, con el peso de serias evidencias científicas, fija su autoría en la “acción humana”. Para el Pontífice argentino, el calentamiento global junto a un desarrollo económico incontenido y una filosofía consumista exacerbada se suman para pasar factura al medioambiente redundando en un mayor sufrimiento para los más frágiles y desfavorecidos. El nuevo mensaje papal no puede ser más oportuno, en un momento en el que el mundo se prepara para la celebración en diciembre en París del COP 21, la conferencia sobre el cambio climático, con el objetivo de consensuar un protocolo post-Kyoto, y considerado por muchos como una última oportunidad para alcanzar un acuerdo eficaz sobre las emisiones globales. Previamente, en setiembre, Naciones Unidas pondrá en marcha los Objetivos de Desarrollo Sostenible en una Asamblea a la que asistirá Francisco.

‘Laudato si’ es la segunda encíclica firmada por Francisco I, aunque resulte ser la primera redactada de su puño y letra. Sucede, en el magisterio papal, a la exhortación evangélica ‘Evangelii Gaudium’, un documento de menor tonelaje pastoral en el rango vaticano, pero que hizo saltar chispas en innumerables ámbitos académicos y políticos por su explícita condena del fundamentalismo de los mercados, en cuyos desmanes y estridencias, apeados de las más básicas consideraciones sociales a través “la exclusión” y de una acción recurrente de “descarte”, se situaba “una economía que mata”.

No es este el lugar para debatir aquellos enunciados de la ‘Evangelii Gaudium’ que precisan para su interpretación de una alta generosidad intelectual para no caer en falsas simplificaciones. Se trata aquí de aplaudir decididamente la llamada del Papa, a todos, líderes globales y gente ordinaria para combatir la degradación del planeta. ‘Laudato si’ (Alabado sea) no repite literalmente los provocadores alegatos de la exhortación, aunque los aluda y relacione, y resulta en un sencillo pero sostenido canto a la solidaridad con el Planeta, un bien común que no nos pertenece y que no podemos diezmar en la cadena de cesión a las generaciones futuras. Bergoglio secunda en su escrito el tono evocador del ‘Cántico a las Criaturas’ de  Francisco de Asís –el santo patrón de los ecologistas– con el que abre el documento.

‘Laudato si’ establece las razones de la desafección medioambiental. Un amplio elenco de motivaciones, incluso en los círculos creyentes, que van desde la negación del problema hasta la indiferencia, la resignación confortable o una fe utópica en las posibles soluciones aportadas por los avances tecnológicos. Pero también alude con firmeza a la ausencia de determinación política por parte de los líderes mundiales y el papel desmesurado jugado por los poderes económicos dominantes.

Aunque el control de las emisiones y la polución sea un tema fundamentalmente técnico, y a pesar de un alto grado de consenso científico que remiten aquellos a la causalidad de la ‘acción humana’, no se trata de un tema cerrado y apodíctico y no está exento de debate. Pero el ámbito de los juicios razonables es tan amplio y la relación de la descontrolada acción humana con las catástrofes y los factores de empobrecimiento de las sociedades menos desarrolladas tan probable, que el Santo Padre hace bien en abrir un debate moral sobre la destrucción medioambiental. Aquellos que lean la encíclica quedarán impresionados por la naturalidad de la narración y la ausencia de cualquier atisbo de fanatismo, destilando el mero peso moral de una equidad ‘física’ planetaria. En la carta papal se trata el problema ecológico con seriedad y se añaden sugerencias y propuestas concretas para afrontar sus consecuencias desde un plano sicológico –estilo de vida– hasta otras esferas de la ética, la justicia o la fe. En sus páginas hay elementos de reflexión para todos: no solo para los fieles católicos o de otras religiones sino también para científicos, sociólogos o economistas.

No todo han sido aplausos y parabienes. El debate sobre el cambio climático es un tema altamente contencioso en Estados Unidos, y constituye una seria divisoria política entre demócratas y republicanos. La encíclica ha desatado las iras entre miembros de esta última formación. “Espero que el cura de mi parroquia no me castigue por decir esto, pero no suelo tomar mis decisiones económicas en base a las opiniones de mis obispos, cardenales o de mi Papa” ha dicho el candidato republicano a la Casa Blanca Jeb Bush, católico y hermano del expresidente estadounidense George W. Bush. En la reciente ‘Conferencia de Obispos católicos de Estados Unidos’, orientada a fijar las prioridades pastorales inmediatas del Obispado americano –que representa a 51 millones de católicos– nadie mencionó el medio ambiente. Tampoco el tema de la pobreza figuraba en la lista de máximas prioridades.

Oscar Cantú, Obispo de Las Cruces (Nuevo México) Presidente del ‘Comité sobre justicia y paz’ y el más joven de los prelados americanos, ha concluido que el Papa “desafía los supuestos de la derecha y de la izquierda, acercándonos a una visión más amplia y global: la globalización de la solidaridad”.

‘Laudato si’ es un documento impresionante. Como su autor, no dejará a nadie indiferente.

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Imagen extraída de: Pixabay

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