El Protectorado griego

El Protectorado griego

Luis SolsEl pasado 16 de julio el Parlamento griego puso fin a una etapa democrática que ha durado poco más de cuarenta años. Aprobando unas políticas sociales y económicas rotundamente rechazadas por el pueblo griego hace tan solo diez días, ha ratificado su renuncia a la soberanía nacional. Digan lo que digan las normas internacionales, se ha puesto en evidencia con meridiana claridad que desde hace años las leyes griegas se dictan desde Frankfurt y que su supuesto gobierno es sólo el clásico gobierno títere de cualquier protectorado colonial. La decisión de hacerse legalmente dueños de buena parte de Grecia en caso de impago parcial nos ha permitido ver una vez más el rostro depredador del colonialismo. A día de hoy todos sabemos que Grecia se ha convertido en un protectorado de Alemania, que los únicos que podrían revertir esta situación son los votantes alemanes y no desean hacerlo. Para su vergüenza.

Espero que nadie insulte la inteligencia diciendo que se trata de cobrar una deuda. Para cobrar el dinero se tendría que haber hecho lo que pedían Tsipras y Varufakis, o sea, permitir que Grecia creciera y pudiera pagar en plazos más dilatados. Aplastando una vez más a Grecia saben que a partir de ahora deberá más y producirá menos y que su deuda será cada vez más difícil de pagar (la curva de Laffer, que tanto les entusiasma, pronostica que con más impuestos habrá menos ingresos públicos). En realidad, la deuda no es tan grande y los costes de su impago, aún menos. Mucho para un pequeño país, pero poco para la Unión Europea, si a cambio se consigue disciplinar para siempre a todos los votantes europeos, erradicando las políticas económicas de izquierda del suelo europeo.  Además, cuando llegue el impago, pagarán los Estados, y la culpa de los recortes que se apliquen en todas partes la tendrán los griegos.

La realidad es que los destinatarios del sufrimiento griego somos nosotros. Mostrando cómo pueden destrozar, si lo desean, a cualquier país europeo que opte por otras políticas o que ose desafiar su poder, muestran quién manda aquí, cuáles son las nuevas reglas del juego. De ahí el patético papel desempañado por los dieciocho comparsas que han acompañado a Alemania en esta farsa. Los unos, para vergüenza suya, compartiendo con entusiasmo el nuevo colonialismo financiero. Los otros, temerosos de discrepar de Alemania, esperando no ser los siguientes.

Si algo ha logrado Syriza es poner en evidencia esta realidad, obligando a unos y otros a quitarse la careta y mostrar cómo se trata a la democracia en la Europa del siglo XXI. Ya no podremos decir que no lo sabíamos.

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Imagen extraída de: Equo

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