Lo local, taller para otro mundo posible #2015electoral

Lo local, taller para otro mundo posible #2015electoral

Francisco José PérezLa crisis, las sucesivas crisis desde finales de los 60, han impulsado la necesidad de construir otro mundo, que requiere alguna “conditio sine qua non”, en concreto apuntamos dos: sustituir el capitalismo, en tanto que modo de producción (acumular riqueza ilimitada, movilizando todas las fuerzas productivas) y sustituirlo también en tanto que cultura del capital (modo de vivir, de producir, de consumir, de relacionarse con la naturaleza y con los seres humanos que permite al sistema reproducirse y hace que se perciba que no hay alternativa).

En esa tarea lo local constituye una pieza esencial pues, como ámbito político e institucional próximo a la ciudadanía, posibilita incidir en la forma de vida de las personas a partir de sus necesidades básicas, y no desde marcos macroeconómicos o ideológicos. Necesidades que incluyen la dimensión social de la persona, sus relaciones sociales, la participación, el protagonismo… Desde esa perspectiva vamos a detenernos en algunos elementos que se hallan detrás de la revitalización del interés por lo local.

Nuestras ciudades y pueblos son un lugar privilegiado para visibilizar el estado de emergencia social en que vivimos, que no remite a pesar de los discursos sobre la recuperación, y que reclama iniciativas ciudadanas para hacerlo aflorar, paso previo a un tratamiento adecuado.

La cercanía a esas situaciones provoca empatía con las víctimas de la crisis y descubre tres ejes de fractura social que podemos resumir en pan, techo, trabajo, y es una de las aportaciones más novedosas del movimiento indignado. La visualización de las víctimas y de sus derechos básicos negados y pisoteados, es lo que hace que muchas personas den el paso de la indiferencia política a la necesidad de participar en las instituciones, especialmente en las de ámbito local, para hacer frente a esa emergencia social.

Elemento de debate será qué comprensión de la crisis va a predominar como trasfondo de las políticas municipales y, de forma vinculada, qué tipo de cohesión social se quiere fomentar y qué niveles de desigualdad se quieren soportar.

La necesidad de participación se ve reforzada con la crítica de estos movimientos, que se resume en ese grito de “¡No nos representan!”, que quiere denunciar unas instituciones secuestradas por los poderes económicos y financieros y sus intereses y alejadas del bien común. Instituciones que se ven subordinadas a un monopolio partidista. Desde esta crítica se derivan unos objetivos básicos e imprescindibles: políticas orientadas al bien común, desde la perspectiva de las víctimas de la crisis; apertura de las instituciones a la participación ciudadana…

Otra cuestión candente será ver qué tipo de democracia propiciar: una representativa que reduce a los ciudadanos a votantes el día de las elecciones, o una “democrática” que abra las puertas a formas y planteamientos de democracia participativa.

Importante, vistas las motivaciones y las perspectivas para las instituciones, será definir la orientación de las políticas a aplicar, y qué tiene que ver con la comprensión de la ciudad y sus problemas. Hoy predomina un modelo de ciudad neoliberal, siendo su paradigma la ciudad orientada a grandes eventos (olimpiadas, exposiciones universales, acontecimientos deportivos…) convertidos en ídolos para solucionar los problemas de las ciudades y que nos conducen al paraíso de la riqueza y la abundancia. Modelo basado en una profunda perversión: critica la intervención pública de carácter social, pero la defiende cuando se orienta a favorecer la economía privada, los negocios y beneficios… siendo su consecuencia la ciudad empresarial, pues queda convertida en una especie de empresa dinámica y competitiva, que dedica buena parte de los limitados recursos públicos a favorecer a las empresas y los consumidores más pudientes, mientras las clases desfavorecidas se ven privadas de la satisfacción de sus necesidades básicas. Además, este modelo pasa por la atracción de empresas, acudiendo para ello a una mayor desregulación del mercado laboral, y suele ser un terreno abonado para la corrupción, la especulación inmobiliaria, la conversión de la ciudad en espacio comercial,la mercantilización del ocio y la diversión, ya sea para los ciudadanos o para los turistas (parques temáticos, casinos, museos…).

Elemento a tener en cuenta será qué orientación van a tomar las políticas municipales ante esta manifestación del conflicto social entre el capital (urbanístico, comercial, etc.) y las necesidades y derechos de los ciudadanos. ¿Se va a rescatar a la ciudad de la especulación y la mercantilización para devolvérsela a los ciudadanos o se va a mantener la ciudad neoliberal que nos individualiza y rompe los lazos sociales?

Quedan muchos interrogantes y respuestas que plantearse… A modo de ejemplo:

– La financiación. El ayuntamiento, espacio más cercano al ciudadano y el que mejor puede prestar los servicios básicos, es el nivel que menos financiación recibe, situación agravada por el desajuste creciente entre las funciones que debe asumir y la definición legal de su papel (la reciente reforma del PP le priva de servicios desde una lógica mercantil y privatizadora).

– El modelo de apoyo a los pequeños municipios y el papel de las diputaciones provinciales. El debate suele plantearse en términos de austeridad y ahorro, y no de la necesidad de satisfacer los servicios básicos en infinidad de pequeños municipios. Resolver esta cuestión pasa en primer lugar por reorientar la política de ayudas y subvenciones de las diferentes instituciones, más orientadas al clientelismo político que a dar respuesta a sus graves problemas (suministro de agua, tratamiento de residuos, provisión de servicios sociales básicos, desarrollo de actividades económicas vinculadas a los recursos naturales propios y a la sostenibilidad del territorio…).

– La creación de espacios liberados de la mercantilización para favorecer estilos de vida más humanos.

– La recuperación de los servicios públicos (agua, transporte, servicios sociales…) de las ansias privatizadoras, potenciando su dimensión de derechos.

Los nuevos tiempos apuntan a un despertar de la ciudadanía y al reforzamiento de la participación como arma política para avanzar en ese otro mundo posible; en ese reto lo local se convierte en un tablero adecuado, que permite experimentar las líneas del cambio.

APIC7849

Imagen extraída de: APIC

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