Repensando la economía

Repensando la economía

Manfred NolteDías atrás han concluido en Washington las reuniones de primavera del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional y con ellas una serie de eventos laterales del máximo interés de los concurrentes, que aparte de las delegaciones oficiales de los países miembros incluyen, entre otros, a banqueros, académicos y representantes de la sociedad civil. El FMI debate sus asuntos internos, que son los de la apremiante actualidad financiera y económica del momento. Los eventos paralelos abordan temas generales de reflexión, no en pocas ocasiones desde ópticas críticas e incluso antisistema. Representa un foro que incluye de forma razonable a todas las sensibilidades y cada cual asiste a lo que más le conviene y opina de aquello que más le inquieta o motiva.

Olivier Blanchard, además de ser un reputado académico de fama mundial y autor de uno de los manuales clásicos de macroeconomía es la máxima autoridad en materia económica en el FMI. A el se debe la iniciativa de esponsorizar sucesivos debates en otras tantas sesiones plenarias del Fondo en torno al tema de la validez de los paradigmas económicos vigentes. La última convocatoria del organismo multilateral ha acogido la tercera revisión del asunto, bajo el lema ‘Repensando la política macro III: ¿Progreso o confusión?’, celebrada en el auditorio Jack Morton de la Universidad George Washington.

¿Cuáles han sido las principales conclusiones de este encuentro que ha congregado en Washington a un espectacular elenco de primerísimas figuras del ámbito económico internacional?

Han transcurrido siete años desde el comienzo de la crisis y prosigue el intenso debate acerca de en qué medida esta ha cambiado nuestra visión de la política macroeconómica. Surge constantemente la duda, a pesar de las políticas ensayadas y de la investigación acometida, de si hemos realizado progresos sustanciales y estamos más cerca de un nuevo marco teórico eficaz. Olivier Blanchard define la situación como una de ‘vigilancia en las trincheras’. La pega fundamental es que ignoramos aún a dónde conducen las trincheras. La metodología subyacente ha sido igual a la de las anteriores convenciones: comenzar por revisar lo que pensábamos que sabíamos, hallar después dónde estábamos equivocados, e intentar finalmente dar pasos para esbozar los marcos futuros de acción. Cuatro son los lugares comunes que se hallan tras el debate citado: las herramientas macroprudenciales, los movimientos erráticos de capital, la política monetaria y la política fiscal.

La crisis global nació de la interacción entre el excesivo endeudamiento del sistema bancario y de la interconexión de sus balances. O sea de la presencia de amplios  e inadvertidos riesgos sistémicos. La actuación posterior ha demostrado que las herramientas macroprudenciales –esto es, determinadas regulaciones públicas sobre el sector bancario- serán esenciales en el futuro. Se ha desarrollado una amplia gama de métodos para identificar el riesgo sistémico, y a lo largo del planeta las autoridades experimentan con ratios de capital que preserven la solvencia de las entidades financieras. Los estudios revelan que el 90% de las crisis bancarias originadas a partir de 1970 en las economías avanzadas se hubieran evitado con un ratio de capital del 15%, algo mayor que el exigido por Basilea III.

Paralelamente ha surgido un amplio debate en torno a los flujos volátiles de capital transfronterizo, constatándose un amplio consenso entre los ponentes, de que dada su potencial naturaleza perniciosa, en especial para los mercados emergentes, cobra cada vez más sentido la introducción de restricciones a los movimientos de fondos a corto plazo, introduciendo controles de capital e interviniendo en los mercados de divisas. La duda radica en la amplitud y discrecionalidad de tales medidas.

Pasando a la política monetaria, antes de la crisis, los Bancos centrales resumían su mandato en la estabilidad de los precios. Después de la crisis hay consenso de que el mandato es triple, con la estabilidad financiera y la estabilidad económica complementando aquella misión. De esta actuación plural, la evidencia ha mostrado que es fácil alcanzar un sistema de tipos de interés nulos y aun negativos –una curiosidad teórica que se ha revelado real- y que resulta difícil zafarse de el. También de la importancia de las política de relajación cuantitativa en la prevención de crisis bancarias y de sus efectos sobre los activos financieros a largo plazo. Se ha trabajado duro en las trincheras en este campo pero nuevamente no queda muy claro a donde conducirán, con importantes cuestiones abiertas como la composición venidera deseable de los balances de los Bancos Centrales, que se han multiplicado desde la crisis, o el tipo ‘ideal’ de inflación que debe imperar en el sistema. En el futuro, ¿los Bancos centrales deberán intervenir los tipos a corto, los tipos a largo o los dos a la vez? No sabemos muy bien.

El cuarto pilar del debate actual se halla en la política fiscal. Nadie duda de la efectividad de los estímulos fiscales. Pero ello suscita inmediatamente el problema de los déficits presupuestarios y de la deuda pública. Notoria ha resultado la controversia acerca de los multiplicadores fiscales, esto es la incidencia de movimientos en los impuestos o el gasto público en el nivel de producción y de empleo. Surge con vigor, igualmente,  la polémica acerca de los efectos de la consolidación fiscal, los efectos de la confianza del gremio inversor y en definitiva la sostenibilidad teórica de la deuda pública a determinados niveles. ¿Existe una regla fiscal de oro?¿Lo es la de la Eurozona? Pocos se atreven a fijar el ratio de deuda sobre PIB ‘peligroso’ aunque hay consenso de que la deuda mundial es demasiado alta y que los ajustes son demasiado lentos, aunque sea imprescindible diferenciar entre países. No hay un porcentaje mágico de deuda sobre PIB. Dependiendo de la tasa de crecimiento del país o de los tipos de interés a largo plazo la deuda que puede ser sostenible para un país puede evidenciarse letal para otro.

El debate en Washington ha dejado abierto otros frentes teóricos. Por ejemplo el del ‘estancamiento secular’ preconizado por Larry Summers o el postulado del economista de moda Tomás Piketty según el cual la tasa ‘r’ de rendimiento del capital superará indefinidamente a la tasa ‘g’ de crecimiento de la economía, acrecentando las desigualdades de occidente. Sin olvidar, tampoco, el rediseño del Sistema monetario internacional.

Más preguntas que respuestas en el debate. Y es que, en economía, lo más cercano a la certeza es la humildad.

wikinomics6

Imagen extraída de: Intuic

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.