La vida frente al ébola

La vida frente al ébola

Núria CarreraHace ya 5 semanas que estoy en Sierra Leona. La noción del tiempo aquí es difícil de explicar, tan largos los días pero a la vez todo pasa tan rápido…

Hace casi 4 semanas que abrimos un nuevo centro de tratamiento de ébola, muy grande y chulo, con un componente novedoso hasta la fecha como es la inclusión de una maternidad para todos los casos de mujeres embarazadas, que cuando sospechan que puede tener algo, no las atienden en el hospital. Así pues, nuestra primera paciente fue una muchacha de 18 años, Adama, embarazada de segundo trimestre, y que fue confirmada con ébola. Abortó dentro del centro y, gozosamente, la dimos de alta; todo un éxito pues, hasta ahora, las mujeres embarazadas tienen una mortalidad altísima.

La segunda mujer embarazada confirmada con ébola que hicimos hospitalizar hace dos semanas es Yalie, de 8 meses, que nos tiene robado el corazón a todos. Ya tiene tres hijos y, como era de esperar, ha perdido también el crío, aunque con ella ha sido un poco más complicado.

Ella se curó del virus pero la criatura estaba muerta dentro y tenía que salir. Se le indujo el parto y, como temíamos, empezó a sangrar muchísimo. Estuvo francamente en el umbral de la muerte, pero su fortaleza y ganas de vivir la han ayudado a recuperarse. Si todo va bien, mañana ya le daremos el alta. Lo más importante en estos casos es que se cure la madre, ya que las criaturas, desgraciadamente, ya sabemos que todas morirán.

Ibrahim es un niño de 18 meses, que fue admitido en el Centro de Tratamiento de Ébola (CTE) el día 16 de enero. Llegó referido como un caso confirmado de otro centro. La abuela, de la que presuntamente se había contagiado, estaba admitida en otro centro de tratamiento. El tío, de 16 años, que también había resultado infectado, no lo ha podido explicar. Al verlo, sólo me venía a la mente el mal pronóstico de un crío de esta edad. Al hacer el ingreso y dejarlo en su cama, solito, lloró largo rato. Nos preguntábamos cómo lo haríamos para cuidar a esta criatura teniendo en cuenta que, desgraciadamente, no siempre podemos estar dentro con los pacientes. No le importaba cómo íbamos vestidos, ni si la parte de cara que podía intuirse, la que se muestra a través de las gafas, era de una piel de otro color. Él sólo quería que lo cogieran en brazos.

No lloró más durante todos los días en que estuvo hospitalizado, pasando por momentos muy críticos de salud, hidratación por vía endovenosa, y viendo morir a otros compañeros. Ibrahim, sin pronunciar una sola palabra, se ganó el afecto y atención de todo el personal que trabajamos en el centro, tanto sanitario como no sanitario, así como del resto de pacientes admitidos. Yalie ha sido su principal apoyo. En ella reconocía la figura de una madraza, y a los dos les iba muy bien. No la dejaba ir sola ni a la letrina. Se formó como una pequeña familia entre los pacientes admitidos en la tienda de confirmados. Dormía cada día acompañado, aparte de la visita que recibía cada noche de una persona curada, que nos ayuda como cuidador por el hecho de poder entrar sin tener que vestirse con toda la indumentaria.

En algún momento del día también aparecían los padres, pero eso no impedía que siguiera todo el día a Yalie, que lo cuidaba como si fuera su hijo, y que al vernos entrar para hacer la visita ya estirara los brazos para que lo cogieras.

Pasaron los días más críticos hasta que llegó el gran día en que estaba asintomático. El día en que le volví a oír llorar, al dejarlo de nuevo en su cama antes de terminar la visita me di cuenta de que el pronóstico había cambiado. Era hora de repetir de nuevo el test, esta vez para ver si estaba ya curado. No os podéis imaginar la alegría colectiva al recibir el resultado negativo.

La hora de dar una alta de un paciente que ha sido curado es el mejor momento, y del cual nos nutrimos para continuar en esta lucha. Cada alta ha sido sinceramente especial, por la historia del paciente, por todo lo que deja atrás, por lo que sufren y la fortaleza que muestran. Esta alta, no obstante, la quinta desde la apertura del centro, fue muy especial por la edad de Ibrahim, por haber sido admitido solo, por todo lo que nos ha enseñado y transmitido solamente con su comportamiento, porque es un luchador nato. Aunque él no recuerde más adelante este mal trago, estoy convencida de que está forjando ya un carácter y una forma de encarar la vida. Y es que es cierto que aquí, especialmente en África, sólo los más fuertes sobreviven.

A la salida le esperaban familia y todo el personal del centro que pudo escaparse a recibirlo. Afortunadamente, y a diferencia de muchos otros casos, la recepción por parte de los padres fue espectacular. El padre se emocionó como nunca he visto llorar a un hombre en África. Ibrahim seguía como siempre, muy serio y con mucha entereza. Y en medio de tanta alegría, vi a Samura, otro niño de 10 años hospitalizado que había cuidado mucho a Ibrahim, especialmente durante los últimos días. Lloraba silenciosamente. Me acerqué. Francamente, no sé si lloraba de alegría por Ibrahim, de tristeza porque ya se marchaba y dejaba un hueco en el centro y quizás también en su cama, o porque se preguntaba todavía cómo acabaría él, también solo dentro del centro.

Ya hemos dado de alta curados a cinco pacientes. Pronto esperamos poder también dar de alta a Yalie y a Samura, de 10 años. A pesar de haber vivido también muchas muertes, dar de alta curadas a dos embarazadas, un crío de 18 meses y otros que han dejado la mitad de la familia atrás, pero que luchan por la vida como si empezara de nuevo, creo que se puede considerar ya como una victoria.

Parece ser también que los casos van a la baja. Ojalá sea verdad y pronto se pueda trabajar en todo lo que este masivo ébola ha arrasado.

embarazadsa

Imagen extraída de: El Nacional

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