Darío MolláDel Diccionario de la Real Academia Española: “añagaza”: artificio para atraer con engaño. En nuestro caso, artificios para ocultar o desvirtuar el evangelio. Dicen que “espirituales”…

– Las palabras solemnes para ocultar las cosas sencillas, las palabras complicadas para ocultar la claridad del mensaje evangélico. Claro: si hablas sencillo, “éste no sabe teología”. Si no citas tras cada frase o pones no sé cuántas notas a pie de página, “éstas son opiniones sin fundamento”. Los mil matices: “digo, pero claro hay que tener en cuenta, y esto no siempre; aún así habría que ver, etc, etc, etc”: al final de tanto matiz (y de tanto mareo) no queda nada. El Jesús del evangelio no perdía mucho tiempo en matizar, y eso les ponía nerviosos a los rabinos “¿de dónde saca eso? ¿qué nos va a decir un nazareno a los de Jerusalén?

– La compartimentación, dividir el evangelio en compartimentos para especialistas, con más negociados que un ministerio… El negociado de lo social: ya se sabe, para aquellos que visten de cualquier  modo y no rezan; el negociado de la liturgia: ya se sabe para aquellos que cuidan el detalle y la ceremonia, pero lo demás no tanto; el negociado de los de la doctrina: todo lo tienen claro y no pierden tiempo escuchando, y si la realidad cuestiona la doctrina, pues peor para la realidad (es decir, para las personas que la sufren). ¿A qué negociado adscribimos a Jesús? Me temo que es “inadscribible”, porque a Él le importa todo el hombre, porque el evangelio es unidad como la persona humana…

– El intimismo como sucedáneo de la interioridad. El intimismo curvado sobre sí mismo y sin verificación ninguna. La interioridad es algo serio y necesario; el intimismo es una caricatura perniciosa. De nada a la oración (¿?) y de la oración (¿?) a nada. Jesús oraba desde la alegría o la dureza de la vida a la oración para volver a la vida con agradecimiento y coraje. ¿Alguien se puede imaginar la oración de Jesús así: “ay Padre, si vieras cómo estoy, si yo te contara…”? El intimismo: ¡qué modo más fácil de autoengañarse y autojustificarse? Simone Weil: “conozco tu experiencia de Dios, por cómo me hablas del hombre”.

self-deception

Imagen extraída de: Amor Humilde

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Jesuita, teólogo y especialista en espiritualidad ignaciana. Ha publicado en la colección EIDES: "Encontrar a Dios en la vida" (n º 9, marzo 1993), "Cristianos en la intemperie" (n º 47, octubre 2006), "Acompañar la tentación" (n º 50, noviembre 2007), "Horizontes de vida (Vivir a la ignaciana)" (n º 54, marzo 2009), “La espiritualidad ignaciana como ayuda ante la dificultad” (nº 67 septiembre 2012), “El ‘más’ ignaciano: tópicos, sospechas, deformaciones y verdad” (nº78, diciembre 2015) y “Pedro Arrupe, carisma de Ignacio: preguntas y respuestas” (nº 82, mayo 2017).
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1 COMENTARIO

  1. No cal que ens i amoïnem gaire en això,,, de no saber,,, de no esta “il•lustrats” Pensem que és l’Esperit Sant el que ens posa les paraules a la boca i es Ell el que sap ben be que és el que hem de dir,, i el que hem de callar.

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