El rico epulón y el pobre energético

El rico epulón y el pobre energético

José EizaguirreTodos los días, desde la ventana de mi casa, puedo ver el espectáculo impresionante de las que yo llamo “las torres del pelotazo”, en el paseo de la Castellana de Madrid, con sus alturas de hasta 250 metros destacando sobre el vecino barrio de Ventilla. Y me fijo, casi todas las mañanas y tardes, en la primera de las cuatro.

Esta torre, diseñada por Norman Foster, fue comprada en 2007, todavía en obras, a Repsol por Bankia, con el propósito de trasladar allí su sede central desde una de las torres inclinadas de la cercana Plaza de Castilla. La llegada de la crisis inmobiliaria y el desplome financiero de la entidad con su reguero de escándalos por las estafas a sus clientes “preferentes”, hicieron que la directiva de Bankia reconsiderara la decisión de mirar aún más desde arriba a los ciudadanos madrileños. Desde entonces la torre ha estado prácticamente vacía, hasta que en otoño pasado Bankia la ha alquilado a Cepsa, una compañía petrolera que, a pesar de su acróstico -Compañía Española de Petróleos Sociedad Anónima- desde 2011 pertenece íntegramente al emirato de Abu Dhabi.

Digo que muchas mañanas y tardes me fijo en esta torre porque se ven todas sus plantas iluminadas, cuando la mayoría de ellas están visiblemente vacías. Incluso cuando ya ha amanecido y hay suficiente luz ambiental, las plantas de la torre siguen iluminando unas oficinas aparentemente vacías.

Imagino cómo se sentirán muchos de los vecinos de la Ventilla ante tamaño alarde y derroche. Porque es más que un gigantesco desperdicio energético; es una muestra de altivez (no sólo material) y de arrogancia insultante. ¿Saben los directivos de Cepsa que unos metros más abajo hay familias que no pueden encender la calefacción en estos días gélidos del invierno?

A principios de febrero el diario ABC publicaba un artículo en el que destacaba que cuatro millones de españoles viven en situación de pobreza energética. He aquí un concepto -“pobreza energética”- que está abriéndose camino en los últimos tiempos: dícese de aquellos hogares que no pueden  pagar una cantidad de energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas o que se ven obligados a destinar una parte excesiva de sus ingresos (cifrada en el 10%) a pagar la factura energética de la vivienda.

El dato no es estático. La Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) estima en el Estudio de pobreza energética en España (marzo 2014) que en dos años se ha pasado del 12 % al 17 % de hogares españoles que tienen problemas para pagar las facturas relacionadas con la energía doméstica. Entre las razones de este crecimiento están la disminución de ingresos de muchas familias debido a la crisis y el considerable aumento en el recibo de la luz: si a principios de 2008 el consumidor doméstico promedio pagaba en España 13 céntimos de euro por kilovatio-hora de electricidad, en 2012 tenía que hacer frente a un precio de 23 céntimos, un nivel que se ha mantenido hasta el primer semestre de 2014, explica Sergio Tirado, director del informe.

Los ricos cada vez más ricos y los pobres y las clases medias cada vez más pobres. Es algo que ya venimos sabiendo. Lo escandaloso, lo que hierve la sangre y revuelve las entrañas, es la altanería de los ricos epulones, su descaro que resulta insultante y su aparente insensibilidad hacia los pobres Lázaros que están echados junto a su portal. Porque mientras crece el número de hogares que no pueden pagar la factura de la luz (las eléctricas cortaron la luz de 1,4 millones de viviendas en 2012), las grandes compañías eléctricas siguen arrojando beneficios millonarios y sus directivos ganando sueldos indignantes. Todo ello con la complicidad del Estado.

Afortunadamente, cada vez hay más ciudadanos que toman conciencia y se movilizan. Como la reciente Alianza Contra la Pobreza Energética, que junto con el Observatorio de Derechos Económicos Sociales y Culturales (DESC) y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha iniciado en Cataluña una Iniciativa Legislativa Popular de medidas para la emergencia habitacional y la pobreza energética, defendiendo que el acceso a unos suministros básicos (agua y energía) es un derecho tan fundamental como el de la vivienda digna. ¡Bien por ellos!

Torre Cepsa 900x900

Fotografía de José Eizaguirre.

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