Victor CodinaAl acabar el año, el Papa Francisco dirigió su habitual alocución a la Curia vaticana, pero esta vez, tras unas palabras de gratitud por su trabajo, lanzó una dura advertencia sobre las 15 enfermedades que amenazan  a la Curia. Muchos se alegraron de estas proféticas palabras de Francisco que recuerdan las invectivas de Jesús contra los escribas y fariseos…

Pero al acabar su alocución Francisco dijo que todo ello también se podía aplicar a los individuos de la Iglesia, a las comunidades, a las curias episcopales, a las parroquias, a las congregaciones religiosas y a los movimientos eclesiales.

Más aún, aunque las advertencias de Francisco se apoyan en la fe cristiana y se dirigen a miembros de la Iglesia,  creemos que sus líneas fundamentales tienen una validez  más amplia y se pueden aplicar también a los dirigentes de la sociedad civil: a los líderes políticos y sociales, a los dirigentes del estamento militar y policial, a los funcionarios de justicia, a las autoridades académicas y universitarias, a los médicos,  a los empresarios y profesionales del comercio, a los científicos y técnicos, a los  jefes de sindicatos y agrupaciones cívicas, a los diversos movimientos sociales y populares, deportivos etc.

Enumeremos brevemente lo esencial de estas 15 enfermedades que amenazan tanto a la vida eclesial como a la vida cívica y política: el sentirse inmortales, inmunes a toda crítica, indispensables, cayendo en la patología del poder; el excesivo activismo con detrimento de otras dimensiones humanas necesarias; la fosilización mental que conduce a falta de sensibilidad humana ante los problemas de los demás, que impide llorar con los que lloran y reír con los que ríen; la excesiva planificación y funcionalidad burocrática; la mala coordinación con otros grupos; el Alzheimer espiritual que lleva  olvidar las raíces de la propia identidad y a ser esclavos de los ídolos que nosotros mismos fabricamos; la rivalidad y la vanagloria; la esquizofrenia existencial que produce una doble vida y lleva a la hipocresía; los chismes y murmuraciones de los demás; el divinizar a los jefes esperando su benevolencia; la indiferencia ante los problemas de los demás; la arrogancia y rigidez adusta; el ansia de acumular bienes materiales; el mantener un círculo cerrado de poder; el exhibicionismo y la búsqueda de poder.

Parece ser que después de la alocución de Francisco a la curia del Vaticano sólo hubo algunos tímidos aplausos. Probablemente a muchos líderes políticos, cívicos y religiosos tampoco les agradarán estas palabras, pues ordinariamente solemos culpar de los males a los demás y defendemos nuestra inocencia. Pero estas sabias advertencias y autocríticas ¿acaso  no son necesarias y saludables para el bien de toda la sociedad? ¿Será que nos sentimos intocables e inmunes a toda crítica? En este caso el diagnóstico de Francisco sería bien certero…

Pope Francis meets with Cardinals and Bishops of the Vatican Curia on

Imagen extraída de: Elcolombiano.com

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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