Absentismo escolar o cómo perpetuar la pobreza

Absentismo escolar o cómo perpetuar la pobreza

Equipo Educativo Fundació Carles BlanchLo que aquí explicamos proviene de la experiencia diaria en un barrio concreto de una ciudad concreta donde nuestra fundación trabaja, pero creemos que sirve para ejemplificar una problemática enquistada en muchos otros barrios y ciudades de todo el Estado español: la problemática del absentismo escolar. Una problemática que en algunas escuelas de infantil y primaria llega casi al 50% del alumnado.

Las razones por las que estos alumnos no van a la escuela de forma regular son múltiples y, seguramente, algunas de ellas están directamente relacionadas entre sí. A continuación presentamos algunas posibles variables que inciden finalmente en estos datos:

– Hábitos cotidianos poco saludables: ir a dormir demasiado tarde y no despertarse a tiempo para llegar a la hora de entrada de la escuela, una alimentación poco equilibrada, alta susceptibilidad ante procesos de enfermedad corriente.

– Excesiva dependencia de las condiciones climatológicas: el frío y la lluvia provocan el encierro en el domicilio, y el buen tiempo, la necesidad de compartir lo cotidiano con la comunidad en la calle.

– Bajo nivel de formación de las familias: un alto porcentaje de las actuales generaciones de padres de estos barrios alcanzaron, como mucho, finalizar sus estudios de educación primaria. El apoyo que estas familias pueden ofrecer en el ámbito escolar es, en ocasiones, muy reducido.

– Precariedad de las necesidades básicas no cubiertas: cuando las familias no consiguen los recursos mínimos para alimentar o vestir a los hijos, la escuela no se convierte en una prioridad.

– Precariedad de formación e inserción laboral: el nivel de formación de las familias les conduce a mantenerse gracias a una economía de subsistencia permanente, que no posibilita la proyección de procesos a medio-largo plazo y que, en ocasiones, provoca conflictos intrafamiliares continuados. Los núcleos familiares extensos tienden a concentrarse en los mismos domicilios por la falta de disponibilidad económica de las nuevas familias creadas por los jóvenes

– La falta de vinculación entre los centros educativos, los niños y las familias: no existe un proyecto educativo del conjunto de un territorio que tenga presente la realidad de su población y ofrezca una respuesta educativa.

– La reducción de la dotación económica por parte de la Administración: en los últimos años, algunos departamentos de la Administración han visto como han disminuido drásticamente sus recursos y, por tanto, su capacidad de apoyar a niños, familias y entidades que trabajamos desde los territorios para transformar su realidad.

– La poca implicación del ámbito político a la hora de establecer posibles medidas preventivas (que siempre serán mejor incorporadas por familias y profesionales) y dejar como último recurso las medidas sancionadoras por vía administrativa o judicial (necesaria quizás también en algún caso).

Las consecuencias de esta irregularidad en la asistencia a la escuela son evidentes: una falta de adquisición de aprendizajes, habilidades y capacidades establecidos en los períodos y programaciones ordinarios obligatorios, y la dificultad para proyectarse e integrarse en procesos posteriores de inserción sociolaboral.

Como si no lo tuvieran ya de entrada bastante difícil por el entorno muy empobrecido o de marginalidad de sus hogares, por la falta de estímulos y por la falta de apoyo que las mismas familias les pueden dar, la falta de expectativas de futuro es absoluta, tanto en los padres como en los propios alumnos. A menudo la pregunta de “qué querrías ser cuando seas mayor”, sencillamente para ellos no tiene sentido. No se lo han planteado, ya que su marco de referencia queda reducido a lo que observan en el ámbito familiar más inmediato, donde, desgraciadamente, la diversificación profesional es reducida. ¿Qué futuro pueden esperar?

Hay que poder dar respuesta a situaciones concretas de menores en la calle sin matricularse. Pero habría que entender, asumir y valorar la potencialidad de la tarea preventiva, y no caer en el peligro de percibir y destacar sólo la parte punitiva. El reconocimiento de la posibilidad de recurrir a los diferentes agentes de la Administración y a las entidades locales para la valoración, actuación y posterior derivación de los casos, es un elemento clave del trabajo interprofesional. Y, evidentemente, el compromiso de la familia es un elemento clave en todo este proceso. Sólo reconociendo la necesidad de su participación activa y compromiso en los procesos de cambio, sus hijos e hijas tendrán opciones de lograr una mejora en el proceso de aprendizaje, de crecimiento personal y, por tanto, de dignificarse como personas.

La crisis económica está golpeando muy duramente estos barrios y estas familias. ¿Qué futuro puede esperar un joven que no termina con un mínimo de éxito la primera etapa de formación? ¿A qué lugar de trabajo puede aspirar alguien que no ha desarrollado la mínima adquisición de hábitos de trabajo, de concentración, de esfuerzo, de puntualidad? El fracaso escolar en este colectivo se convierte en el fracaso de todos y en la perpetuación de unas bolsas de pobreza y de marginación que no tienen fin.

Mientras podamos, seguiremos entregados a esta tarea de reconocer su dignidad y su valía. Seguiremos tercamente buscándoles cada vez que no lleguen a la escuela. Seguiremos hablando con las familias para persuadirles de que no hay otro futuro mejor para sus hijos que la libertad que les dará la formación y el conocimiento.

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Imagen extraída de: Diputación de Huelva

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