¿Salida de la crisis o maquillaje estadístico?

¿Salida de la crisis o maquillaje estadístico?

Francisco LorenzoLas experiencias de sufrimiento encierran la posibilidad de aprender. Comprender (y lamentar profundamente) lo ocurrido, aprehender lo fundamental; discernir qué ha sido lo que ha generado ese sufrimiento y cómo enfrentarnos a él; cómo resurgir desde el dolor para reconciliarnos con otros y con nosotros mismos y evitar reproducir errores en el futuro. Y en este sentido, la crisis, ha supuesto una oportunidad.

Evidentemente, ha supuesto también más cosas; especialmente para sus víctimas. Desconcierto, incomprensión y desconfianza en un primer momento; y más adelante, pérdidas, rupturas, sueños truncados, vidas a las que se les ha arrebatado la esperanza, golpeadas en el presente e hipotecadas para el futuro. Miedo y sensación de impotencia frente a la impunidad de una lógica aplastante, capaz de pisotear a quienes hicieron aquello a lo que se les animó. Abandono a su suerte a pesar de haber seguido una hoja de ruta prefijada por otros, la cual fue digerida –eso sí– sin aparente cuestionamiento crítico.

Pero como hemos dicho, al menos, de tanto dolor, nos queda la esperanza del aprendizaje. Siempre que el mismo no nos invite a reproducir fielmente los errores que nos llevaron al punto de partida. Y en este sentido, da la sensación de que esta crisis de corte claramente estructural, sitúa en el horizonte un pasado al que anhelamos retornar, como si pidiéramos una segunda oportunidad, sin comprender que las condiciones de entonces encerraban un único destino posible: el que ahora padecen muchos y parecen no ver otros.

Vivimos en un espejismo

La crisis que iniciara su andadura a finales de 2008 no ha sido causa sino consecuencia. Ha sido la concreción de un modelo que prometía las certezas endebles de
todo espejismo. Basada eso sí, en estadísticas incuestionables. En parámetros difícilmente refutables que hablaban de un contexto inmejorable: un crecimiento económico (en términos de PIB) por encima de la media europea; una generación de
empleo (más de cinco millones) que nos situaban como referencia a imitar.

Aparentemente, estábamos «haciendo los deberes» como alumnos aplicados. De ahí el desconcierto experimentado cuando apenas unos meses más tarde, veíamos desmoronarse nuestro castillo de naipes; ese al que habíamos confiado nuestro presente y sobre el que queríamos construir nuestro futuro. ¿Cómo entender lo sucedido? Si realmente éramos referentes en generación de riqueza y creación de empleo para la mayoría de los Estados miembro de la UE, ¿qué había ocurrido entonces?

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Imagen extraída de: Gruvix

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