Victor CodinaEl día 7 de agosto de 2014 se cumplieron 200 años de la restauración de la Compañía de Jesús (1814) ¿Cuál es el significado de este hecho histórico?

La Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola y aprobada por Paulo III (1540), fue extinguida por el Papa Clemente XIV (1773), cuando contaba 24.000 miembros, 39 Provincias, 800 colegios, 38 reducciones con 110.000 indígenas. ¿Qué había sucedido? ¿Por qué la extinción de la orden de Ignacio?

No es fácil resumir brevemente los motivos de la extinción papal. Ciertamente hubo en la misma Compañía una disminución del fervor espiritual que afectaba a la pobreza y a la obediencia al Papa, una cierta tentación política (confesores de reyes), tendencia al laxismo en moral, algunos escándalos financieros (P. Lavalette en La Martinica), cierto orgullo colectivo (jesuitismo), etc. Pero todo esto no se puede generalizar pues muchos mantenían gran fervor apostólico y misionero, incluso hubo algunos mártires.

Pero a esto se añadió el ambiente de la Ilustración que entronizaba la diosa Razón, el regalismo de soberanos católicos que querían el control eclesial, la suspicacia de otras órdenes religiosas que no veían bien las peculiaridades y privilegios de la Compañía, las tendencias episcopalistas y galicanas de los obispos, el especial voto de los jesuitas al Papa, las tensiones con Roma por motivo de la defensa jesuítica de los ritos malabares y chinos, las acusaciones contra las reducciones del Paraguay, la doctrina sobre el poder del pueblo (Francisco Suárez) e incluso del tiranicidio (Juan de Mariana), su influjo en la educación…

La Compañía fue expulsada de Francia (por influjo de Choiseul), de Portugal (por Pombal) y en 1767 de España y sus dominios por Carlos III (por medio de Moñino). El éxodo de muchos jesuitas hacia los Estados Pontificios fue una verdadera tragedia. Pero no acabó aquí. El Papa Clemente XIV, débil y presionado por las monarquías católicas que amenazaban con un cisma si no suprimía la Compañía de Jesús, emitió el breve Dominus ac Redemptor en 1773 que extinguía la Compañía, sin dar motivos. El Superior General Lorenzo Ricci fue encarcelado en el castillo de Sant´Angelo y sometido a una cruel prisión hasta su muerte. El dolor de los jesuitas ante la extinción de la Compañía fue inmenso.

De forma paradójica y providencial dos monarcas no católicos, la zarina ortodoxa Catalina de Rusia, y el luterano Federico II de Prusia no permitieron que se publicase el Breve pontificio y mantuvieron a los jesuitas en sus reinos para aprovecharse de la educación jesuítica. Hubo una hibernación de los jesuitas sobre todo en la Rusia Blanca con aprobaciones implícitas de los Papas, lo cual permitió la sobrevivencia de un pequeño grupo de jesuitas y más tarde la apertura de un noviciado, al cual se fueron agregando muchos ex-jesuitas dispersos.

Después de 40 años, los tiempos habían cambiado: el derrumbamiento del frente borbónico, la revolución francesa, la derrota de Napoleón, la independencia de Estados Unidos y la lucha por la independencia de los países de América Latina. El Papa Pío VII, después de liberarse de la prisión de Napoleón y de volver a Roma, decidió restaurar la Compañía de Jesús para no privar a la barca de la Iglesia de estos hábiles remeros. El 7 de agosto de 1814 emitió el Breve Sollicitudo omnium ecclesiarum, por el que restituía de nuevo la Compañía de Jesús. Los jesuitas eran apenas unos 800, la mayoría eran ancianos y achacosos.

Hay que reconocer que la Compañía restaurada fue bastante conservadora, en parte para mantener su identidad ignaciana, en parte por el ambiente político anti-revolucionario del  siglo XIX (Congreso de Viena…) y el momento eclesial de la época  de los Papas “Pío”. Solo a mediados del s. XX con el P. General J.B. Janssens (1946-1964) y sobre todo con Pedro Arrupe (1965-1983) se abrió al mundo moderno: a la ciencia (Teilhard de Chardin), a los estudios bíblicos críticos (Instituto Bíblico, Bea, Lyonnet), a los Padres de la Iglesia (De Lubac, Daniélou), a la filosofía moderna (Rahner, Lonergan, Courney Murray), al mundo social (Alberto Hurtado, Gundlach, Calvez), etc. Estos jesuitas influyeron en el Vaticano II (1962-1965) y  en la renovación eclesial. La Compañía de Jesús en su Congregación General 32 (1974-1975) se comprometió a la promoción de la fe y de la justicia y en la Congregación General 34 (1995) se abrió al diálogo intercultural y religioso. Numerosos mártires serán el precio de estas opciones: Luís Espinal, Ignacio Ellacuría, etc.

Una lectura sapiencial de la historia del pasado nos hace ver en estos hechos una poda evangélica (según la alegoría de la vid de Juan 15) que invita a la conversión, a participar del misterio de la pasión y resurrección de Jesús, a volver a los orígenes evangélicos y carismáticos, a una renovada experiencia espiritual en la línea de los Ejercicios ignacianos, a formar comunidades de “amigos en el Señor”, a discernir proféticamente los signos de los tiempos y a ser una “mínima” Compañía, dispuesta a “en todo amar y servir”. 200 años de restauración, es tiempo de acción de gracias…

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 Imagen extraída de: Agencia SIC

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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1 COMENTARIO

  1. Felicitats per aquest bicentenari i moltes gràcies per apropar-nos a una Església oberta, valenta i compassiva, atenta al Déu «que va venint».

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