¿Podemos continuar siendo de izquierdas?

¿Podemos continuar siendo de izquierdas?

Xavier CasanovasA pesar de la gran crisis política y social que azota Europa, y de la poca aceptación popular de las políticas de austeridad, la mayoría de gobiernos europeos tienen color conservador o de derechas y los pocos gobiernos llamados de izquierdas (como el gobierno francés de François Hollande) tienen unas cotas de popularidad bajísimas. ¿A qué se debe tal descrédito de la izquierda? ¿Por qué la izquierda no está siendo capaz de capitalizar toda la indignación ciudadana de los últimos años? ¿O el problema está en que no es posible formular propuestas creíbles de izquierda hoy? [i]

La tesis de Santiago Alba Rico en su último libro ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? es la siguiente: vivimos en la “Balsa de la Medusa”, aquella patera de náufragos enloquecidos abandonados a su suerte, en la que tan sólo dos salidas son posibles: el suicidio (salida individual, egoísta y desesperada, abandonando a su suerte al resto de compañeros) o el canibalismo (el fin del otro como única posibilidad de supervivencia). Ninguna de las dos opciones tiene el bien del prójimo como objetivo de nuestras acciones. En la “Balsa de la Medusa” no es posible ser de izquierdas. Según Alba Rico, las condiciones materiales e históricas en las que nos encontramos sometidos y la necesidad de supervivencia son como las de la artesa, nos impiden cualquier posibilidad de un proyecto político colectivo de izquierdas. “Más importante que ser de izquierdas es mantener las condiciones que nos permiten serlo”, este es el objetivo que nos propone el libro de forma apasionada y apasionante.

¿Cómo recuperar las condiciones en las que volver a ser de izquierdas?

Según Alba Rico, “un proyecto histórico de izquierdas debe ser, revolucionario en lo económico, reformista en lo institucional y conservador en lo antropológico“. Y es esta última condición, la que no deja de sorprendernos. ¿Las izquierdas deben ser antropológicamente conservadoras? ¿Cuándo se ha dado este giro de 180 º en el pensamiento marxista? ¿Esto de ser conservador… no era reaccionario?

El ataque y la destrucción de la vida es lo que nos lleva a condiciones históricas en las que ningún proyecto de izquierdas es posible. Lo vemos, por ejemplo, en el caso de las centrales nucleares: su existencia es una amenaza constante para el planeta, pero su desaparición es imposible, son el claro caso de un avance tecnológico que nos lleva a una condición donde ninguna decisión respecto a ellas es de izquierdas. Jaque mate.

¿Qué significa ser “antropológicamente conservadores”? Pues algo tan sencillo como, por ejemplo, “guardar los domingos”. Frente un liberalismo atroz, que nos impone la libertad de horarios comerciales, un día a la semana no sólo para garantizar la vida, sino para que la vida sea digna. Un espacio guardado y resguardado de toda acción productiva. Aunque nos cueste formularlo así, un proyecto de izquierdas revolucionario debe tener como uno de los primeros mandamientos “guardarás los días de fiesta”.[ii]

Por eso la única herramienta de que disponemos es el Estado de Derecho. Los derechos sociales y culturales, conquistados con sudor, sangre y lágrimas, deben ser guardados como la única posibilidad de respeto y mantenimiento de la vida frente la injerencia del capitalismo atroz y salvaje. Defender el Estado de Derecho significa empoderar y hacer efectivos mecanismos de autotutela de nuestros derechos (Ada Colau) ante una administración que ha claudicado en su principal tarea. “En este mundo sólo los derrotados, los despreciados, los indefensos, tienen derechos: los otros tienen poder, fuerza, ejércitos, pasaportes europeos”. El derecho a una vivienda digna, el derecho a la salud,… son la mínima garantía para ser capaces de hacer un proyecto colectivo de izquierdas. De otro modo es la ley de la selva la que impone la ley del más fuerte.

Así pues la revolución hoy pasa por ser “antropológicamente conservadores”. No es de extrañar si, cada vez más, son reivindicados como lúcidos y ejemplares pensadores como Chesterton (convertido al catolicismo) o figuras como el Papa Francisco. Sus palabras nos sorprenden y albergan una semilla de radicalidad extrema regada con las palabras más inofensivas ya la vez más antisistema que conocemos: vida, hogar, afecto. En definitiva, amor. Como concluye Alba Rico: “El amor es la única fuerza que lo puede hacer bien (aunque a veces lo haga fatal). Todo el mundo está de acuerdo, des de hace siglos, en esta banalidad”.

Una lectura más que recomendable para este verano.



[i] Algunas de estas preguntas ya las formulábamos al fantástico cuaderno de J.I. González Faus, “El naufragio de la izquierda”.

[ii] De hecho Santiago Alba Rico en su libro se dedica a repasar cada uno de los ’10 mandamientos’ y hace una lectura actual para entenderlos como aquellos principios básicos que de ninguna manera podemos abandonar. Según él el capitalismo nos está haciendo traicionar cada uno de estos ’10 mandamientos’.

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Imagen extraída de: Wikimedia Commons

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