Oscar Mateos[Todo es posible]Los acontecimientos se precipitan. Lo que estamos viviendo no es sino la reacción (¿el repliegue?) de un régimen (el de la Transición) que afronta una crisis de enorme magnitud. Una “crisis de régimen” en la que subyacen al menos otras tres grandes crisis, que vienen de lejos.

1.- Una crisis institucional, señalada por las encuestas desde hace años con el exponencial incremento de la desafección social hacia las principales instituciones (partidos políticoscasa real, etc.), pero inaugurada oficialmente con el 15-M. Aunque significó muchas cosas, el 15-M fue también una expresión ciudadana, con un fuerte componente generacional, que ponía de manifiesto el malestar y la inconformidad con el status quo. El 15-M era protesta (No nos representan), pero también propuesta de fondo (Democracia Real), que además supuso larepolitización de una parte importante de la sociedad (Dormíamos, despertamos). En las plazas y en las redes quedó claro que el relato de la “Transición” (ese en el que el Rey era una figura clave) envejecía de golpe, iniciando así una etapa nueva que había que leer no tanto como acontecimientos aislados (las manifestaciones, las acampadas, etc.) sino como un proceso a medio-largo plazo y un mensaje en sí mismo. La espectacular irrupción de ‘Podemos‘, y el descalabro del bipartidismo, es en parte uno de los resultados de ese proceso que todavía sigue en marcha.

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2.- Una crisis territorial. Que “Catalunya se va” es algo que parecen tomar muy en serio desde Madrid con este gesto. Es un error entender “la cuestión catalana” desde el simple relato del “oportunismo político de Mas” o el “impacto de la crisis”. La desafección en este ámbito también viene de lejos (la sentencia del Estatut fue esencial, en este sentido) y lo importante es entender que han sido los partidos políticos catalanes los que han acabado poniéndose a remolque de la sociedad civil.

3.- Una crisis social. En el fondo de todo esta situación encontramos una sociedad cada día más empobrecida, una clase media en proceso de descomposición, una polarización de rentas récord en la UE, un paro juvenil cercano al 60%… En frente del inocuo discurso de la “recuperación”, que pocos réditos electorales parece haber dado al PP, lo cierto es que a medio y largo plazo se consolida una sociedad dualizada, con empleos cada vez más precarizados y con salarios, literalmente, de pobreza.

La abdicación de Juan Carlos supone el reconocimiento de la magnitud de la crisis por parte de los principales actores institucionales. Las costuras de la Transición ya no dan más de sí. Ahora bien, el mensaje de fondo que la ciudadanía viene expresando es mucho más amplio. El futuro no pasa por un gesto “lampedusiano” (“Que todo cambie para que todo siga igual”) que intente relegitimar las instituciones. El futuro es participación, democracia real e iniciar un proceso constituyente que lo revise todo. De lo contrario, que nadie se engañe, será pan para hoy y hambre para mañana. Y es que esto no ha hecho más que empezar.

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Imagen extraída de: Todo es posible

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Miembro del área social de CJ. Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna (Universitat Ramon Llull) y delegado del rector para el impulso de la Agenda 2030. Es miembro de la Junta de Gobierno del Institut Català per la Pau (ICIP) e investigador asociado del CIDOB. Fue el responsable del área social de CJ entre 2010 y 2020.
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3 Comentarios

  1. Poco se puede añadir a las reflexiones apuntadas por Óscar. Solo quiero comentar que LOS PARTIDOS POLÍTICOS NO PUEDEN HACER CASO OMISO AL CLAMOR DE LA CALLE, ni tampoco a la realidad catalana. El gobierno lleva demasiado tiempo, mirando hacia otro lado.
    La Monarquía considero que sobra en España. Ella ha contribuido al empobrecimiento de la nación, motivo por el cual lo más prudente es hacer un referéndum.

  2. Bajo mi modesto entender, ahora las “aguas se están salido de margen”, pero si hacemos acopio de la sabiduría empírica, vemos como es la misma naturaleza que suele llevar las aguas a su cauce natural.

  3. No estoy tan seguro que los procesos sociopolíticos respondan a dinámicas predecibles o mecánicas. La desafección política no es puntual ya que responde a la consolidación de un precariado que ha venido para quedarse. La configuración de este precariado no depende exclusivamente de coordenadas estatales, sino esencialmente globales. La sensación es de que estamos más bien en el inicio de un proceso que en su final.

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