Joan Garcia del Muro: "No nos hemos parado a pensar hacia dónde corremos, pero corremos cada vez más rápido"

Joan Garcia del Muro: “No nos hemos parado a pensar hacia dónde corremos, pero corremos cada vez más rápido”

Cristianisme i Justícia/Justícia i PauEl próximo lunes 7 de abril a las 19h tendrá lugar la séptima sesión del ciclo de conferencias Lunes de los Derechos Humanos (Dilluns dels Drets Humans) que lleva por título “Las causas de la devastación de la naturaleza. ¿Cómo detener este proceso?”. En esta ocasión contaremos con la presencia de Joan García del Muro, doctor y profesor de la Facultad de Filosofía de la Universitat Ramon Llull (URL), Jaume Grau, responsable del área de Naturaleza y Biodiversidad de Ecologistas en Acción de Cataluña, y Llorenç Puig, teólogo, doctor en físicas y director de Cristianisme i Justícia.

Con motivo de esta mesa redonda, hemos podido entrevistar a Joan Garcia del Muro que nos ha aportado ideas interesantes sobre la escasa conciencia de autodestrucción que tiene el ser humano o sobre la necesidad de que se establezcan relaciones verdaderamente éticas entre la humanidad y la naturaleza, entre otras. Aquí tenéis la entrevista completa:

– La destrucción del planeta y la insostenibilidad de nuestras prácticas económicas y productivas son un hecho evidente. Sin embargo, parece que no haya voluntad política para poner solución a esta cuestión. ¿El juego de intereses económicos pasa por encima de la conciencia de autodestrucción?

Efectivamente, parece innegable: el juego de intereses económicos pasa por encima de la conciencia de autodestrucción. Pero también hay un problema político: las democracias modernas (o posmodernas) se caracterizan por un cortoplacismo absolutamente incompatible con la toma de decisiones verdaderamente significativas en política medioambiental. Si mi horizonte no sobrepasa la campaña electoral de las próximas elecciones, poco más puedo hacer que poner “tiritas”.

– En esta misma línea, el ex papa Joseph Ratzinger, se preguntaba hace unos años en uno de sus textos si hay un futuro para la humanidad digno o si vamos directamente hacia el caos y la autodestrucción. ¿Crees que como humanidad somos conscientes de nuestras limitaciones y de nuestro riesgo de extinción o nos ganan la vanidad y la idea tradicional del Génesis de “creced y dominad la Tierra”?

Una rápida ojeada a nuestra contemporaneidad tardía, por superficial que sea, deja patente, me parece, la inexistencia de esta conciencia. No nos hemos parado a pensar hacia dónde corremos, pero corremos cada vez más rápido.

De todas formas, más que con la sentencia del Génesis, yo lo relacionaría con la filosofía inherente a la nueva ciencia. Bacon, contraponiéndola a la mentalidad contemplativa y desinteresada de la ciencia antigua, la describe así: “El fin de la ciencia que yo propongo no es la creación de argumentos sino de artes, no de teorías sino de formas de actuar . La intención no es superar con argumentos a mis adversarios, sino dominar y controlar la naturaleza”.

– La ciencia y la técnica nos han proporcionado un desarrollo gigantesco y un enorme dominio de la naturaleza que está siendo fatídicamente destructivo. ¿Es posible detener y revertir este proceso? ¿Está en nuestras manos como sociedad hacerlo?

¿Es posible detener y revertir el proceso? Primero hace falta llegar a la convicción de que es aconsejable, que es conveniente. Una vez conquistada esta primera certeza es necesario plantearse cómo hacerlo. Si renunciamos al esquema del crecimiento (no es posible crecer ilimitadamente en un planeta de recursos limitados), parece que, por ahora, sólo quedan dos posibilidades: la sostenibilidad o el decrecimiento. Es una situación que recuerda las antinomias kantianas: sostenibilidad o decrecimiento, si me inclino por uno de los paradigmas, parece que lo que vale es el otro y, si me decido por el otro, parece que el que valía era el primero. Es un asunto realmente difícil.

– En el año 2003, Sloterdijk afirmaba que “el siglo XX pasará a la memoria histórica como la época donde la idea decisiva de la guerra ya no es apuntar al cuerpo del enemigo, sino a su medio ambiente”. ¿Podemos prever que los conflictos bélicos del futuro tendrán su raíz en causas medioambientales?

Sloterdijk es un autor realmente estimulante. Uno de sus méritos es plantear las cuestiones de manera que las lleva al límite. En su conocido opúsculo Normas para el parque humano, ya lo hacía así: para dar visibilidad a un problema determinado, lo que hace es radicalizarlo tanto que se convierte en insoportable. Es una técnica muy efectiva utilizada, por ejemplo, en las novelas antiutópicas más clásicas, como Un mundo feliz o 1984.

Respecto a la afirmación de que en la guerra actual ya no se apunta “al cuerpo del enemigo sino a su medio ambiente”, yo no lo interpreto tanto en el sentido de que las guerras del futuro tengan su raíz en causas medioambientales, sino como si hiciera referencia, más bien, a la manera de proceder y a las consecuencias de los conflictos bélicos.

Es una de las ideas centrales de Temblores de aire: al apuntar al medio ambiente, la guerra se globaliza de tal manera que ya no es posible deslocalizarla y separarla de la paz. Ya no hay espacios seguros ni zonas neutrales, la atmósfera llega a todas partes. Los daños no se restringen a los combatientes. No es posible ya disparar sólo contra los enemigos (¡los amigos también respiran!).

Y en esta misma imposibilidad de discriminar los efectos mortíferos creo que está la razón de su inviabilidad, de su nula efectividad: la victoria supondría, también, la autodestrucción.

Otra cosa sería la aplicación de esta idea a un ejército suicida, a un colectivo que considerara que no tiene nada que perder (como algún grupo terrorista). Eso si que sería nefasto. Fiodor Dostoievski, en Los Demonios, personaliza esta mentalidad en uno de los protagonistas: “Más aun, rechaza la moralidad misma y adopta el nuevo principio de la destrucción universal como medio para lograr fines benéficos”.

– En el campo de la bioética se ha hablado en varias ocasiones de las formas de establecer unas relaciones de eticidad entre el ser humano y la naturaleza. Realmente, ¿desde el ámbito de la reflexión y el pensamiento podemos permitirnos la separación entre una ética social y una ética del medio ambiente?

Parece una opción realmente inquietante. Lo que parece más sensato es tratar de construir una ética que esté a la altura del poder tecnológico actual. Es el tema de Hans Jonas: las exigencias morales deberían crecer proporcionalmente a la capacidad técnica. Nuestra inmensa capacidad de destrucción debería comportar una ética de la responsabilidad capaz de contrarrestarla. El nivel de responsabilidad en función del potencial.

– ¿Cómo pasar de una sociedad de sujetos pasivos que gira y se organiza en torno al consumo, a una sociedad de ciudadanos activos, conscientes de sus derechos y deberes y respetuosos con el medio ambiente? ¿Qué herramientas tenemos?

(Risa) ¡Buena pregunta! Si supiera la respuesta, creo que me dedicaría, como el viejo Zaratustra, a pregonarla por valles y montañas…

Ahora en serio, se me ocurren pocas cuestiones más urgentes que ésta. ¿Por dónde deberían ir los tiros? Nuestra actual actitud hacia la naturaleza está basada en un combinado de prejuicios y tópicos, muchas veces interesados​​. Los prejuicios, estoy convencido, nacen de la ignorancia. Y, como todo el mundo sabe, la única manera de superar la ignorancia es por medio del conocimiento. Por lo tanto, si queremos superar los prejuicios, no nos queda más que perseguir el pensamiento.

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