Jesús Renau. ¿No podrían los diputados votar desde su casa? Si ya saben cuál debe ser su voto, ¿qué hacen aguantando horas y horas sentados en el sillón y entrando y saliendo? Estas horas, por cierto, bien pagadas por los bolsillos de los contribuyentes. Quizás mejor ni siquiera votar desde casa, ya que la lista la tiene el partido y los dirigentes pueden hacerlo directamente.

De hecho, el espectáculo que se da tiene dimensiones de dictadura por parte de los partidos con mayoría absoluta. Hay dictaduras personales y hay dictaduras de partido. No puede ser que durante varios años las grandes decisiones que afectan a toda la ciudadanía respondan a un grupo que domina un parlamento. ¿Dónde queda la conciencia de cada diputado? ¿O es que todos tienen casualmente la misma conciencia? ¿O quizás votan al margen de ésta?

Uno de los descréditos de la política actual es este tipo de rituales en el que después de largos discursos y discusiones se termina votando lo que ya se sabía. ¿No es quizás una comedia vestida de oratoria? Demasiadas palabras vacías, generales, que buscan los aplausos del mismo grupo… en fin, mucho humo y poca llama.

Una diputada o un diputado tiene su propia conciencia. ¿O tal vez no? Sí que la tiene, como toda persona por mucho que lo haya escondido o la tape con motivaciones de mayorías. Precisamente lo que el pueblo soberano quiere es que la tengan, que no la vendan o la cambien, y que digan realmente lo que piensan y que actúen de forma clara y coherente a favor, con dudas o en contra de los dictados de los grupos directivos. Libertad de conciencia también para los diputados, ¿o los queremos reducir a altavoces de conciencias pactadas o compradas? La conciencia personal es el definitivo determinante de la conducta humana, no es renunciable ni por un cargo ni mucho menos por un sueldo.

La democracia no es una producción en cadena. Es el pueblo quien delega a unas personas para que tengan cuidado concreto de la cosa pública con rectitud, sin corrupciones y según los criterios de la recta intención. Por lo tanto… listas abiertas, debates abiertos, contacto real con los ciudadanos, circunscripciones en las que se pueda informar y recibir los puntos de vista de la gente, y donde tengan que ir a dar cuentas, ya que es el pueblo quien tiene la soberanía y el que paga.

¿Qué es compleja y puede ocultar otras trampas?… ¿Acaso no lo es la situación actual? Dicen las encuestas que la política concreta de nuestro Estado ha merecido un 1’9 de nota general. Suspenso gravísimo, de 0 a 10… ¡1’9.!

Imagen extraída de: Por la conciencia

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Jesuita. Profesor de Teología Espiritual en el ISCREB. Director Espiritual del seminario interdiocesano. Miembro de Cristianisme i Justícia y del equipo de pastoral del Casal Loiola de Barcelona. Autor de artículos y publicaciones sobre la dimensión social de la espiritualidad y temas educativos.
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1 COMENTARIO

  1. Molt oportú el vostre escrit P. Jesús Renau, teniu tot el meu soport. Supeditar o hipotecar la consciencia equival a empresonar la llibertat. Si hom pertany a una organització te el compromis d’escoltar, de compartir i de defensar la seva opinió; però en el moment de prendre una decisió ha de seguir el dictat de la propia i lliure conciencia, malgrat la opinió contrària del conjunt. Recordem el que va dir Göbels: Una mentida repetida un milió de vegades esdevé una veritat. I també algú el va cotradir dient: un idiota mes un altre idiota sumen dos idiotes no una persona Intel·ligent

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