Oscar Mateos. [Todo es posible] Se fue el hombre que evitó una guerra civil, uniendo a blancos y a negros, tras un régimen racial que había segregado y humillado durante décadas a la mayoría negra del país.

Se fue el hombre que habló de unidad, perdón y reconciliación, y lo hizo después de pasar 27 largos años en prisión en una celda de escasos metros cuadrados y ante el desconcierto, la incomprensión e incluso ante el rechazo de los suyos, que no entendían semejante generosidad tras tantísimo sufrimiento.

Se fue el hombre que impulsó todo un modelo de referencia de reconciliación social, que fomentaba espacios para que los verdugos hablaran y explicaran la verdad sobre las matanzas en Sharpeville o en Soweto y para que las víctimas, sus víctimas, escucharan la petición de perdón y fueran reparados ante tanto dolor infringido.

Se fue el hombre del “partido de rugby más importante de la historia”, aquel que en 1995 unió en abrazos a blancos y negros, después de convencer a la población negra de que debían de animar a la selección nacional de un deporte que detestaban, no sólo por preferir el fútbol, sino sobre todo por ser el emblema del poder blanco.

Se fue el hombre que cuando llegó al poder pidió a sus guardaespaldas, gente dispuesta a dar la vida por él, que trabajaran conjuntamente con los guardaespaldas del régimen segregacionista que durante años lo habían maltratado a él y a toda la población negra.

Se fue el hombre que dejó la presidencia tan sólo cinco años después de llegar al poder, porque por encima del propio poder entendía que estaba completar la tarea de la transición y de la estabilidad del país.

Se fue el hombre que recitaba todas las noches los últimos versos del bello poema de William Ernest Henley, “Invictus”“soy el amo de mi destino; soy el capitán de mi alma”.

Se fue el hombre que puso a la educación en el centro de cualquier desarrollo humano por considerarla como “el arma más poderosa para cambiar el mundo”.

Se fue el hombre que inyectó una enorme dosis de dignidad y de orgullo en la historia africana, el hombre cuyo nombre no falta hoy en día en ninguna calle y en ninguna avenida de cualquier ciudad del continente.

Se fue Nelson Mandela, Madiba.

Y nos queda para siempre su enorme legado de autoridad moral, de coherencia y de dignidad.

Nkosi Sikelele.

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Miembro del área social de CJ. Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna (Universitat Ramon Llull) y delegado del rector para el impulso de la Agenda 2030. Es miembro de la Junta de Gobierno del Institut Català per la Pau (ICIP) e investigador asociado del CIDOB. Fue el responsable del área social de CJ entre 2010 y 2020.
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3 Comentarios

  1. creo que Mandela esta demasiado «mitificado» ,desde mi honesto punto de vista el verdadero heroe surafricano lo encarna DESMON TUTU

  2. No creo que Cristianisme i Justicia sea VALIENTE y saque en sus páginas algo en referencia a Desmont Tutu (es un sacerdote , pero anglicano )

  3. Regi, estaría bien que argumentaras por qué motivos crees que Mandela está «mitificado». Por otra parte, el protagonismo de Mandela no va en detrimento de Desmond Tutu. Tutu fue un personaje clave en la amplificación de la denuncia contra el apartheid en los años que Mandela estuvo en la cárcel. Jugaron un papel fundamental y complementario, que a ambos, en momentos diferentes, les valió el Premio Nobel de la Paz. No creo tampoco que CiJ tenga problemas nunca en referenciar a Tutu ya que todos trabajamos en la misma dirección. Un saludo.

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