Muertes naturalizadas

Muertes naturalizadas

Nani Vall-llosseraHoy nuevamente. “Muere por sobredosis un detenido en la comisaría de Les Corts”. He estado a punto de quedarme tranquila porque esta vez la policía no tenía nada que ver, sobre todo después de haber visto repetidamente la imágenes sobrecogedoras de la muerte de un hombre en el barrio del Raval de Barcelona cuando, inmovilizado por los Mossos d’Esquadra, recibe golpes y patadas de los agentes que acababan de reducirlo.

Pero no, no podemos estar tranquilos. ¿Cómo puede ser que alguien muera de sobredosis en una comisaría? ¿Es que se puede entrar droga en una celda? ¿Es que está permitido a los detenidos drogarse? ¿Cómo pueden afirmar a las pocas horas de producirse la muerte que la causa ha sido una sobredosis? El hombre que ha muerto recibió asistencia médica y fue dado de alta en un centro de urgencias de atención primaria y en un hospital el día anterior, cuando ya estaba detenido. Antes de afirmar que alguien ha muerto por los efectos de las drogas en una comisaría, rehuyendo toda responsabilidad y volcándola en la persona muerta, es necesario investigar muy seriamente lo que ha sucedido y tener certezas.

Llueve sobre mojado. Pronto hará dos años que en el CIE de Zona Franca murió Idrissa Diallo cuando estaba bajo custodia de la Policía Nacional. En aquella ocasión la certificación de su muerte a los 21 años por causas naturales (no violentas) también dejó tranquila a mucha gente.

Tenemos un problema muy grave. Los abusos policiales continúen produciéndose con la defensa explícita del Gobierno. Pero más allá de la acción, está la omisión. Cuando una persona está privada de libertad, la policía es responsable de garantizar sus derechos y su integridad. La pregunta en el caso de Idrissa Diallo, en el de la comisaria de Les Corts y en otros, no es -quiero confiar- si la policía causó su muerte, sino si la policía hizo todo lo posible para evitarla, si recibieron la atención que necesitaban.

Es muy fácil culpabilizar a estos muertos, manchar su nombre y revelar informaciones que pertenecen a su intimidad o a la confidencialidad de su historia médica, porque suelen ser pobres y socialmente arrinconados e importan poco.

Mientras el Gobierno no esté muy preocupado y sea muy diligente y transparente a la hora de investigar y poner medidas preventivas, en estas situaciones la policía estará bajo sospecha. Pero quizás para que el Gobierno se preocupe, hace falta primero que estemos todos muy intranquilos.

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A punto de publicarse este post recibimos la noticia de que un hombre ha sido encontrado muerto en el CIE de Zona Franca. El hombre, ciudadano de origen armenio, fue encontrado colgado en una celda de aislamiento. Sigue sin haber un reglamento que regule el funcionamiento de los CIE, ni siquiera en casos de aislamiento en que las personas son sometidas a un estrés psicológico de graves consecuencias, como se hace evidente ahora. Hoy llamamos con más fuerza que nunca “¡Cerremos los CIE!”.

Imagen extraída de: Negro sobre blanco

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