Europa según Martin Schulz

Europa según Martin Schulz

Alfons CalderónEl pasado 31 de octubre en Barcelona el Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, presentó su libro Europa: la última oportunidad, editado por RBA. Martin Shulz nació en el land de Nortdrhein-Westfalen (Alemania), cerca de la frontera con Bélgica y Holanda, donde fue librero durante muchos años. Después, inició una trayectoria política en el gobierno municipal de su pueblo, antes de ser eurodiputado.

El título del libro evoca que Europa está afrontando el mayor reto de los últimos 50 años y no se puede dar por hecho que la Unión sea algo irreversible, ya que con la rapidez de los cambios actuales no hay certeza sobre el destino final de este proyecto. Antes de las dos guerras mundiales también se pensaba que el gran número de imbricaciones existentes en aquel entonces entre los estados europeos, y a pesar de las dificultades que acechaban, la guerra sería imposible. Y no fue así como bien sabemos.

Para empezar, el Presidente constata que el marco de referencia de muchos europeos no es el mismo que el de otras partes del planeta, ni a nivel político, ni a nivel social, ni a nivel económico.

Los grandes gigantes como los Estados Unidos, China, India y más recientemente Brasil, se mueven en una perspectiva mucho más amplia. Actualmente, los diferentes países de la UE reúnen solamente el 7,8% de la población y producen aproximadamente el 30% del PIB mundial. Y los pronósticos de los demógrafos es que el 2040 sólo un 4% de la población y un 10% de la producción mundial serán europeos. Ciertamente nuestro eurocentrismo no tiene hoy demasiado sentido.

Esta tendencia incita a Martin Schulz a hacerse la siguiente pregunta: ¿cuál es nuestra misión como europeos en este siglo XXI?

En primer lugar, apunta a que es necesario conocer los valores que caracterizan las democracias europeas de las cuales desafortunadamente no se habla ni escribe demasiado. Él destaca algunos aspectos: la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la libertad de opinión y prensa, la inviolabilidad del domicilio, la prohibición de la arbitrariedad en el ejercicio de la autoridad pública, la abolición de la pena de muerte, la libertad sindical, el derecho de manifestación, la libertad de investigación, el secreto del correo así como también los derechos medioambientales, por citar solamente algunos. Estos valores distinguen aun hoy a Europa de otros lugares del planeta. Muchos de ellos son similares a los Estados Unidos y por esta razón, a pesar de los casos de espionaje recientemente descubiertos, el Presidente del Parlamento se muestra favorable al gran acuerdo entre la UE y los EUA que se ha empezado a negociar hace poco tiempo. Precisamente, en un mundo inmerso en la globalización que somete a todos los países a una fuerte competencia, ni los estados más poderosos pueden resolver por sí solos los problemas que les afectan. Para poder superar los retos de nuestro tiempo, necesitamos una Europa fuerte y basada en los valores ya citados, donde más allá de las fronteras culturales y económicas, las naciones y los estados colaboren en organismos comunes con un espíritu de respeto y fortalecimiento mutuo. Pero una Europa fuerte no significa que todo se haya de resolver a escala continental. Por esta razón, Shulz hace una defensa del principio de subsidiariedad en virtud del cual las dificultades se han de abordar al nivel en que pueden ser solucionadas de manera más eficiente: ya sea local, regional, estatal o supranacional. Para llegar a ello, señala la necesidad simplificar muchos procedimientos y que si él tiene más influencia en el futuro, trabajará en esta línea.

El paroxismo se situaría, por ejemplo, en querer obligar desde instancias burocráticas superiores a envasar y servir aceite de oliva de una determinada forma a los países del sur de Europa, ellos que lo han estado haciendo durante siglos mejor que nadie. O la caricatura de un enfrentamiento entre los que quieren privatizar hasta el último cementerio local y los que creen que debería haber una única normativa para todos los entierros en Europa. En definitiva, hay que apostar por algo más fino que los extremos de regularlo o desregularlo todo a ultranza.

Por otro lado, recuerda que la Unión Europea primero es una idea y después se han ido creando los mecanismos administrativos para convertirla en realidad. Y cuando los pueblos dan la espalda a la idea, esta corre el riesgo de perderse definitivamente. De nuevo, surge una pregunta: ¿abandonamos la idea que dio lugar a la Unión o cambiamos la administración que la gestiona? Schulz se muestra partidario de adaptar la administración a la finalidad fundacional y no al revés.

En un tono más intimista, Schulz relató que la generación de sus padres se sacrificó con la promesa y la esperanza de que los hijos tendrían un futuro mejor. Y la promesa se cumplió, ya que a los descendientes les ha ido mejor que a sus progenitores, citando como ejemplo, el caso de su padre que no tuvo vacaciones pagadas hasta los 58 años de edad. De forma similar, en la actualidad también se piden sacrificios para salir de la crisis, pero estos van dirigidos a salvar el sector financiero y parece que nadie se acuerde de la juventud, con unas tasas de paro terribles en el conjunto de la Unión Europea. Ni que a pesar de ser el continente más rico del planeta, las desigualdades y la injusticia en la distribución de la riqueza son fenómenos crecientes. Por esta razón, hoy más que nunca hay que cumplir la promesa de que la Unión aporta valor a las personas, porque si desapareciese, desaparecería con ella un elemento clave de civilización. Martin Shulz recuerda que antes de la existencia de la Europa comunitaria, sus tíos fueron soldados de tres ejércitos diferentes enfrentados por la guerra y que en nombre de su propio país, se llegó al punto más infame de la civilización: Auswichtz. Y sin embargo los vencederos de la II Guerra Mundial, en un gesto extraordinario, ofrecieron un regalo a Alemania que les había hecho sufrir dos veces en el mismo siglo: le tendieron la mano para integrarla democráticamente y superar los totalitarismos.

Y para acabar, citamos textualmente las palabras de Martin Schulz al final de la conferencia: “Europa es un camino mejor que un camino nacional. (…) La alternativa a Europa es el nacionalismo, que no nos ha llevado a nada bueno”. Para acabar con una sentencia: “quiero una Alemania europea pero no una Europa germanizada”.

En definitiva, el Presidente del Parlamento Europeo puso el acento sobre la idea de Europa y los valores que la definen, más que sobre las cuestiones técnicas que afectan a su funcionamiento. Así probablemente pretendía acercar más la Unión al ciudadano corriente, haciéndola más comprensible y cercana. En cualquier caso, se expresó a favor de este gran proyecto común con mucha claridad, libertad de espíritu e incluso pasión, una característica que no acostumbra a ser frecuente en personajes de su nivel.

Imagen extraída de: European Parliament

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