Víctor Codina. En mayo del 68 hubo una gran convulsión social y política que comenzando por los universitarios de París se extendió luego  por varias universidades europeas, sobre todo alemanas, y por Norteamérica. Cuestionaban no solo el sistema universitario sino el sistema cultural y político, pedían un cambio radical, en la sociedad, “la imaginación al poder”, “prohibido prohibir”, “si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”. En las mismas fechas en Praga se gestó una revolución anticomunista, la llamada “primavera de Praga”, abortada brutalmente en agosto por los tanques rusos, pero que luego dio su fruto. Desde entonces el “mayo del 68” se ha convertido en un símbolo de cambio social.

Han pasado muchos años desde aquel 1968, la  historia nunca se repite, pero hay señales actuales que nos recuerdan el mayo del 68: la primavera árabe contra gobiernos despóticos, los indignados de España y de toda Europa contra la falta de democracia y el paro juvenil, los estudiantes chilenos que piden una mejor educación, las protestas en Turquía, ahora los jóvenes de Brasil que a pesar de las mejoras del país en los últimos años, critican no sólo el aumento del precio de los transportes sino la corrupción de los políticos y los enormes gastos del Mundial de fútbol, cuando hay urgencias mayores en educación y salud. La imagen mediática de los jóvenes brasileños como meros hinchas de fútbol y de “las garotas” de carnaval de Río, ahora ha quedado desmentida.

Indudablemente en todas estas convulsiones sociales hay una ambigua mezcla de intereses políticos, ideológicos, morales e incluso religiosos, hay excesos violentos, tendencias anarquistas, idealismos juveniles ingenuos y utópicos, etc. Pero ¿podemos meramente contentarnos con estas observaciones críticas, por reales que sean?

No queremos discutir aquí sobre el impacto de las redes sociales en estas protestas actuales ni sobre el hecho de que estas protestas acontezcan en países que salen del subdesarrollo. Queremos constatar que en el fondo de estos movimientos hay una crítica a la falsa democracia, a la dictadura de los bancos y del FMI, al egoísmo de las transnacionales que fabrican armas y destruyen la naturaleza, a un sistema económico que aumenta la desigualdad enriqueciendo a unos pocos a costa de empobrecer a grandes mayorías y que deja a millones de jóvenes sin horizonte de futuro; crítica a gobiernos que espían a sus enemigos políticos, defienden un pensamiento único, no respetan la diversidad y practican la doctrina de la seguridad nacional en cuyo nombre persiguen a los disidentes, eliminan derechos sociales adquiridos con esfuerzo, castigan a los emigrantes, etc.

¿No habrá en todo esto un mensaje para toda la sociedad? Hemos de cribar y discernir estos hechos, distinguir el trigo de la cizaña, pero no podemos cruzarnos de brazos  y esperar a que la policía antidisturbios sofoque y reprima estos movimientos con gases, balines de goma y chorros de agua.

Los cristianos podemos iluminar estos hechos con la memoria de aquel joven profeta de Nazaret que, ante el escándalo de sacerdotes, escribas y fariseos, expulsó a los mercaderes del templo, aunque ello le costase la vida. Movidos por la fe creemos  que el Espíritu del Señor llena el universo y conduce la historia hacia caminos de justicia, libertad y de paz. Hay que escuchar a los jóvenes, porque no rara vez a través de ellos nos habla Dios (Regla de San Benito). ¿No se esconderá en estas nuevas formas de “mayo del 68” un signo de los tiempos a los que aludía Juan XXIII?

Imagen extraída de: eldiario.es /Diario Kafka

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Jesuita. Estudió filosofía y teología en Sant Cugat, en Innsbruck y en Roma. Doctor en Teología, fue profesor de teología en Sant Cugat viviendo en L'Hospitalet y Terrassa. Desde 1982 hasta 2018 residió en Bolivia donde ha ejercido de profesor de teología en la Universidad Católica Bolivia de Cochabamba alternando con el trabajo pastoral en barrios populares Ha publicado con Cristianisme i Justícia L. Espinal, un catalán mártir de la justicia (Cuaderno nº 2, enero 1984), Acoger o rechazar el clamor del explotado (Cuaderno nº 23, abril 1988), Luis Espinal, gastar la vida por los otros (Cuaderno nº 64, marzo 1995).
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2 Comentarios

  1. La revolució de 1968 no va ser anticomunista. Dubcek volia un socialisme amb rostre humà, no carregarse el socialisme. El paral.lelisme amb el 68 és inquietant: no obliden que aquella pretesa revolució va terminar a un gran triomf de la dreta. Just el que ha succeit ara amb els indignats. I és que els soixanta-huitards van ser molt mitificats: molta sexualitat, molta droga, però res a veure amb la militància sacrificada dels obrers de tota la vida. En el fons, tot això no va ser res més que un jóc de burguesos de clase mitja que després es van col.locar molt bé. Ara són profesors, polítics, i desde els seus càrrecs poden fer-se els revolucionaris i tenir bona conciència. Pero no són més que la branca més amable de la burgesia.

  2. Que va serJosua? Un revolucionari que el van penja a la creu i que va practica la pobresa.Qui practica la seva ideologia?

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