“La generación perdida. Espiritualidad para tiempos inciertos”

“La generación perdida. Espiritualidad para tiempos inciertos”

Nani Vall-llossera. “La generación perdida. Espiritualidad para tiempos inciertos” es un artículo hijo de la declaración de fin de año de Cristianisme i Justícia. Entonces nos negábamos a asumir el papel que esta definición nos otorga y, recorriendo el contexto histórico y social en el que hemos crecido y hemos empezado a transitar por la vida adulta, hacíamos un llamamiento a la esperanza, la alegría y la fraternidad, al encuentro y la lucha contra la indiferencia como herramientas para asumir que a pesar de las dificultades, la desorientación y la incertidumbre, ésta es “nuestra hora”, “el tiempo que tenemos a mano para hacer el futuro”.

En este escrito, publicado en la revista Sal Terrae en un número titulado “Vivir sin trabajar. El desempleo y los desempleados”, nos centramos en los aspectos laborales que han llevado a dar el nombre de generación perdida a los jóvenes de hasta 29 años que no consiguen encontrar su primer empleo. Entre ellos, unos con un perfil de baja formación y otros sobrecualificados que se ven obligados a devaluar su currículum para encontrar un trabajo remunerado. Recordamos que esta generación siempre tuvo una relación conflictiva con el empleo; para algunos de sus miembros se acuñaron las etiquetas “mileurista” y “ni-ni” que calaron en el imaginario colectivo, y que presagiaban que el trabajo iba a ser el caballo de batalla de este grupo generacional. Batalla perdida para muchos jóvenes que están sufriendo la precariedad y la incertidumbre en sus carnes, la frustración de la falta de resultados del esfuerzo, la obligación de emigrar y la necesidad de redefinir expectativas y prioridades. Batalla perdida contra el sufrimiento y la frustración a no ser que, superado el chantaje de la supervivencia con las necesidades básicas cubiertas, consigamos resituar a la persona en el foco de nuestro tiempo. Para ello hay que hacer vida la afirmación de que no sólo el trabajo dignifica, promoviendo y valorando como socialmente productivos otros espacios de realización, otras formas de usar el tiempo y la fuerza de producción orientadas al bien común. Para sobrevivir a la precariedad y la incertidumbre que se ha instalado en mayor o menor medida, también es necesario recuperar la centralidad de las relaciones personales, la confianza mutua y la gratuidad.

Desde un enfoque creyente, proponemos resituar el principio-esperanza, la búsqueda de maneras de defender los valores e ideales en los que creemos, en el centro de nuestra vida. Una búsqueda que tiene valor en sí misma, con independencia de los resultados, y que apartándonos del ingenuo “todo es posible” hace que “lo imposible pase”. Como cristianos también creemos que la comunidad, el servicio y el cuidado del prójimo pueden ser asideros a los que agarrarse para transitar estos tiempos inciertos. Junto a lo anterior, proponemos la conspiración, el trabajo junto a otros para transformar la realidad y a la vez recuperar la esperanza en uno mismo y en el mundo.

Y finalmente recordamos que Jesús nos exhorta a encontrar “odres nuevos” para el vino nuevo de nuestro tiempo; nuevos marcos sociales, políticos, de valores y de construcción de relaciones, que permitan el desarrollo de los potenciales de todos y todas y la creación de oportunidades para que los jóvenes puedan tomar el relevo de las generaciones anteriores con responsabilidad.

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Podéis leer el artículo completo en el siguiente enlace: “La generación perdida. Espiritualidad para tiempos inciertos”

Imagen extraída de: Knowthing

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