¿Es el Tratado de Comercio de Armas un fracaso?

¿Es el Tratado de Comercio de Armas un fracaso?

Veus. Barnaby Pace. [Per la pau/ICIP] Es un mundo extraño este donde los activistas contra el comercio de armas se oponen a que se haga una mayor regulación. Sin embargo, el hecho de que un tratado débil pueda llevar a la justificación del status quo y a la consolidación de los intereses de los exportadores de armas causa preocupaciones considerables.

Siempre se ha visto el tratado como una de las pocas maneras de limitar de manera rápida el comercio de armas y eliminar las grietas existentes en el control de las exportaciones de armamento en el mundo. Efectivamente, un sistema estandarizado sería la única manera de eliminar las carencias y evitar tanto los enfrentamientos entre países, como el traslado de transferencias de armas a regiones menos regularizadas, el lobby a los gobiernos, o el empeoramiento progresivo de las normas relativas a la exportación.

Hay que decir, por otra parte, que un tratado débil no puede lograr de manera satisfactoria ninguna de estas cosas. Al contrario, legalizando y legitimando este espantoso status quo, no se solucionará nada y podría suponer un retroceso de décadas en la acción real.

La parte más importante del tratado tiene que ver con los riesgos que considera relevantes para la prohibición de ventas de armamentos y cómo se evalúan estos riesgos de tal manera que se tomen decisiones sobre si se autoriza o no una exportación. Los criterios del Tratado de Comercio de Armas (TCA) se basan en si estas exportaciones contribuirían a la paz ya la seguridad o las socavarían, o si las armas exportadas podrían ser utilizadas para cometer o facilitar violaciones graves del derecho internacional humanitario o de los derechos humanos, actos terroristas o actividades relacionadas con el crimen organizado transnacional. Los criterios del TCA también incluyen el riesgo de contribuir o facilitar actos graves de violencia de género o violencia contra los niños.

El estándar a utilizar, de acuerdo con el TCA, para valorar estas cuestiones con el fin de determinar si una exportación debería ser o no autorizada es si hay un “riesgo considerable” de concurrir en una de estas consecuencias negativas.

Cada país tiene la libertad de hacer su juicio subjetivo sobre si existe este “riesgo considerable”. También queda sujeto a su interpretación cuáles son los otros factores a los que el riesgo se antepone. No se establece ninguna prohibición sobre países basándose en la consideración de que sus factores políticos, militares o económicos puedan favorecer o permitir una exportación de armas altamente peligrosa. Incluso cuando hay riesgos sustanciales de violaciones graves, se deja suficiente margen a los países para argumenten que el riesgo es suficientemente mitigado, permitiendo en cualquier caso las exportaciones.

Aunque se invita a los países a cooperar en su evaluación, el TCA no prevé ningún mecanismo para garantizar unos estándares mínimos y los estados continuarán, sin duda, manteniendo su actitud actual; justificándola exactamente de la misma manera que lo han hecho hasta ahora, excepto que ahora pueden añadir que cumplen los requisitos del TCA.

Los criterios considerados han reducido a su mínima expresión e incluyen únicamente el derecho humanitario, los derechos humanos, la paz y la seguridad, y la violencia de género. No se hace ninguna mención a la represión interna, la corrupción o el desarrollo socioeconómico, por citar algunos otros elementos. El comercio de armas mata a muchas personas a través de estas vías, pero el TCA ni siquiera las menciona.

Entre las principales deficiencias del Tratado también encontramos la creación de una exención por los acuerdos de cooperación en materia de defensa. Esto permitirá muy probablemente que cualquier venta de armas pueda sustraerse del TCA si se ha acordado entre estados. Disposiciones tan importantes como las relativas a la conservación de registros y la transparencia quedan debilitadas por la falta de un estándar común bastante claro. El TCA sólo anima a los Estados a conservar registros, pero no les obliga a hacerlo en un formato determinado y útil. Además, no contiene ninguna disposición relativa a la transparencia que fuerce a los Estados a hacer públicas sus actividades y decisiones a sus propios ciudadanos. Otra laguna importante es que exime a las municiones de cualquier registro que pueda haber.

Situaciones actuales nos muestran ejemplos reales que ilustran que este Tratado no funcionará. Uno de los argumentos principales utilizados a favor del TCA es que evitaría la exportación de armas de Rusia a Siria. Sin embargo Rusia (suponiendo que ratificara el Tratado; se abstuvo a la hora de votar) autorizaría estas exportaciones con los mismos argumentos que lo hace ahora. De manera similar, un TCA efectivo debería prohibir que el Reino Unido exportara armamento a países como Arabia Saudí, donde un gobierno absolutamente autoritario continúa reprimiendo su población y probablemente haya utilizado equipamiento británico para cometer, en los últimos años, violaciones de los derechos humanos y crímenes de guerra en Bahrein y Yemen. Sin embargo, el Reino Unido seguirá argumentando que el riesgo no es suficientemente claro para detener las exportaciones, que las consideraciones económicas y políticas son más importantes y que, en cualquier caso, las principales ventas en el país tienen lugar en el marco de acuerdos entre Estados que quedan fuera del alcance del TCA. El posicionamiento real del gobierno británico quedó patente cuando, mientras se adoptaba el TCA en Nueva York, ministros británicos se encontraban en Libia -a bordo de un buque de guerra- promoviendo la venta de armas en este país agitado.

Tristemente, el Tratado está condenado al fracaso. En los principales países exportadores, que son los que tienen más peso político, aún no hay una opinión pública lo bastante fuerte que se oponga a las exportaciones de armas. El proceso basado en el consenso exigido por Estados Unidos tuvo como consecuencia que el Tratado se estableciera con los estándares más bajos posibles y que los principales exportadores de armas no permitieran la implantación de estándares superiores a los que ya tenían. Por otra parte, algunos exportadores, como Rusia, pueden negarse a firmar o ratificar el TCA.

La aprobación del Tratado dio lugar a grandes dosis de autosatisfacción, pero el apoyo de organizaciones como Amnistía Internacional y Oxfam a un tratado que dará el visto bueno al terrible sistema actual será, con toda probabilidad, decepcionante. Algunas organizaciones, como la Campaña contra el Comercio de Armas, en el Reino Unido, no han querido apoyar el Tratado. Conservarán su reputación, pero, lamentablemente, los activistas y los políticos seguramente ignorarán aún más sus argumentos, basándose, de forma incorrecta, en que el TCA ya ha solucionado los graves problemas del comercio de armas.

Para quienes ven el comercio de armas como un obstáculo para la paz, el Tratado ha sido viciado desde el comienzo. El preámbulo del Tratado reconoce los “intereses legítimos de orden político económico, comercial y de seguridad… en relación con el comercio internacional de armas convencionales”. El predecesor de la Carta de la ONU, el Pacto de la Sociedad de Naciones, se acercaba más a la verdad hace casi cien años, cuando decía que “la fabricación de municiones y material de guerra por parte de empresas privadas suscita objeciones serias”.

Imagen extraída de: LIVEWIRE

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.