Josep Cobo. [La modificación] A veces tengo la impresión de que la mística es una especie de cajón de sastre. En algunos casos, Dios es una sustancia etérea. En otros, una especie de vacío fundamental. Y, en principio, no es lo mismo una cosa que otra. Ahora bien, sea como sea, lo cierto es que en las místicas habidas y por haber, la divinidad se presenta como algo de lo que podemos participar o en lo que cabe disolverse. Y no diría que la concepción bíblica de Dios admita la posibilidad de la participación. Como suele decir Metz, la mística cristiana es una mística de los ojos abiertos y esto no me parece que esté en sintonía con la posibilidad de disolverse en el mar. Una cosa es ver el mundo desde la óptica de la nada que lo envuelve o soporta, tal y como es propio del budismo-zen, y otra, muy distinta, supone verlo desde la óptica del sufrimiento absoluto de los hombres o, por decirlo en clave teológica, desde la promesa de un Dios que está por ver. No es lo mismo ver el mundo sabiendo que al final no hay nada que desde la convicción de que Dios que se encuentra más allá de la totalidad y que, por eso mismo, no puede darse significativamente según los modos del presente. En el caso de las místicas de corte oriental, todo cuanto es se nos da con un relieve que no puede captar el hombre que se encuentra sometido a su interés o sensibilidad. En el de la mística bíblica, la Creación queda marcada, mejor dicho, transfigurada por la ausencia y el “por-venir” de Dios. En el primer caso, el horizonte vital es el de una vida contemplativa que, al mismo tiempo, tiene “cura” de la fragilidad de lo que nos ha sido dado. En el segundo, este horizonte queda superado, en el sentido hegeliano del término, por el tener que responder a una llamada, en la esperanza de que, finalmente, la indiferencia de un cosmos inabarcable, no tendrá la última palabra… aunque no podamos hacernos una idea de cómo será pronunciada. En el primer caso, no hay nada pendiente, nada por resolver. En el segundo, todo se encuentra pendiente de Dios.

Imagen extraída de: Tu Aventura

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Es licenciado en filosofía por la Universidad de Barcelona. Desarrolla su carrera docente en el Colegio de San Ignacio-Sarrià, donde imparte clases de historia de la filosofía. Su trabajo intelectual se centra en la necesidad de recuperar la dignidad epistemológica de la tradición cristiana sin caer en el antiguo fideísmo y en constante diálogo con, por un lado, la crítica moderna de lo trascendente, en particular la que encontramos en los escritos de Nietzsche, y, por otro, con las tendencias transconfesionales vigentes hoy en día. Escribe diariamente en el blog La modificación. Es miembro de Cristianismo y Justicia, donde, desde hace varios años, imparte cursos sobre la significación y vigencia de la fe cristiana. Es autor de Dios sin Dios (con Xavier Melloni), Fragmenta, 2015 coeditado por Cristianismo y Justicia.
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2 Comentarios

  1. Es importante conocer esas místicas, para no tragarnos todo… hay demasiadas «modas» que se asumen sin conocer, sin analizar.
    Me parece muy oportuno el punto de atecnición que señala el blog.

  2. Me parece muy aportuna la atención atner que señala el comentarista… Creo que es importante conocer esa misticas… es una «moda actual», tragarse todo sin análisis.

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