Mª Dolors Oller SalaInterpretar los resultados de unas elecciones siempre es una tarea compleja, pues hay varias lecturas posibles. No es pues mi intención hacer un análisis esmerado sobre los resultados y la complejidad del mapa político resultante. Tan sólo haré hincapié en algunos detalles, poniendo el acento en algunos temas que creo importantes para la reflexión. Y en un artículo de opinión como éste, sólo podemos hacer algunas breves consideraciones sobre los resultados electorales y el nuevo panorama político que se abre. Así, podemos constatar:

-Un récord de participación (69,56%), la más alta desde el año 1980: cuando la ciudadanía percibe que en unas elecciones hay en juego cosas importantes, acude a las urnas. También ha habido menos votos en blanco, lo que nos muestra que esta vez algunos han hallado su opción electoral.

-La voluntad del pueblo de Cataluña es muy plural, muy diversa: hay “muchas” Cataluña. Los resultados muestran una “fotografía” bastante fidedigna de la sociedad catalana, a pesar de las evidentes distorsiones de la voluntad de los electores que la fórmula electoral introduce y que se manifiestan en el momento de traducir los votos en escaños.

-Los resultados nos dicen de forma muy clara que el derecho a decidir gana consistencia en la sociedad catalana. Y no tanto porque este hecho se traduzca en una mayoría abrumadora de escaños favorables en el Parlament (de hecho, los escaños de los partidos favorables a la consulta no llegan a los dos tercios) sino por la gran diferencia de votos obtenidos por las fuerzas políticas que reivindican este derecho en comparación con las que no lo hacen; el derecho ahora resulta, pues, mucho más legitimado por el aumento de la participación que ha hecho subir en votos esta reivindicación. En este sentido las elecciones han sido positivas porque nos dan la posibilidad de visualizar las preferencias de los ciudadanos en este punto: ahora nadie podrá poner en duda que el pueblo catalán quiere una consulta al respecto.

-Una novedad ha sido la entrada al Parlament del independentismo anticapitalista a través de una formación antisistema –la CUP– que ha canalizado el voto indignado y un claro contingente de voto joven, desacomplejado, y que tiene el propósito de llevar al Parlament una nueva forma de hacer política.

-Es notorio también el hecho de que las urnas han situado la tensión derecha-izquierda en el interior del soberanismo, circunstancia que nos muestra que la crisis ha situado las reivindicaciones sociales en primer plano y que los recortes han pasado factura. De ahí podemos deducir que cualquier proyecto de construcción nacional que dé la espalda al eje social, tiene pocas posibilidades de prosperar.

Estas constataciones nos llevan a ver cuán urgente es la necesidad de regenerar la política, profundizando en la democracia. Los ciudadanos han vuelto a interesarse por la política después de una etapa de recelos y desafección, de tal manera que el final del divorcio entre la sociedad y sus políticos está en manos de éstos, quienes no pueden permitirse el lujo de engendrar una nueva frustración. Se vislumbra otra manera de hacer política, más democrática, que pueda ejercerse desde las instituciones y desde la sociedad, contando con ella. Los políticos tienen que ser menos autistas de cara a la voluntad ciudadana y más humildes: tienen que saber escuchar y darse cuenta de las necesidades reales de la población. Asimismo, es preciso que todos tomemos conciencia de que no puede haber un proyecto de construcción nacional que no vaya ligado a un proyecto inclusivo de país, cohesionado socialmente, porque no puede haber liberación nacional sin liberación social. Y todo esto no será posible si no enraizamos la política en una ética solidaria que rompa con la identificación del ser con el tener.

Imagen extraída de: Universidad de Córdoba

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Doctora en Derecho por la UB. Profesora de Moral Social en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona (ISCREB). Ha sido Profesora de la Business & Law School ESADE (URL). Ha publicado numerosos artículos y algunos cuadernos de Cristianisme i Justícia (CJ), entre los que se encuentran: "Ante una democracia de 'baja intensidad'" (1994), "Un futuro para la democracia" (2002) y "Construir la convivencia. El nuevo orden mundial y las religiones" (2008). Asimismo, es autora del libro Tejiendo vínculos para construir la casa común. Una mirada, desde la fe cristiana, a la crisis migratoria y de los refugiados (Sal Terrae 2017). Es miembro del equipo de CJ y participa en los grupos de trabajo sobre Religiones y Paz y Noviolencia cristiana y en el Seminario interno del Área Teológica. En Justícia i Pau Barcelona está integrada en el eje de acción "Paz, Diversidad y Democracia", es miembro de la Red Interreligiosa por la Paz (CHIP) y participa en un Grupo de Diálogo del Barrio de Gracia, impulsado por el Asociación Unesco para el Diálogo Interreligioso e interconviccional (AUDIR).
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