Tere IribarrenEl autor se arriesga a crear el neologismo distopía y a hacer girar toda su reflexión en torno a él. El resultado es una sugerente reflexión sobre la correlación entre el concepto de utopía y el de distopía. El primero apunta hacia un futuro idílico universalmente deseable y el segundo anuncia un horizonte apocalíptico del que conviene huir. La utopía de un mundo justo e igualitario es una buena noticia para los pobres, pero es, a la vez, una distopía para los que acumulan riquezas en este mundo. Por ello, el sueño de unos es la pesadilla de otros. La cruz de Jesús no es otra cosa que el enfrentamiento de estos dos topos o mundos opuestos. Por eso el autor proclama:

«El mensaje evangélico se ha decantado acríticamente del lado de la utopía. La Buena Noticia presentada bajo los contornos edulcorados de una sociedad paradisíaca ha sido una utopía comúnmente aceptada como ideal apetecible por todos. Sin embargo, basta con fijarse en el destino trágico de Jesús y en el de los mártires cristianos de todos los tiempos para concluir sin ambages que el horizonte del Reino de Dios es fundamentalmente distópico».

El cuaderno de Pepe Laguna descubre un horizonte nuevo y quizás hasta una geografía nueva, otro clima, otro viaje. Su lectura te hace aligerar equipaje, dejar la mochila, sentarte a escuchar.

Hay un personaje clave en la lectura del cuaderno que nos acompaña en la travesía, Caifás, parecido a nosotros, que al hacernos de espejo nos interroga, y provoca en el interior algo que desactiva nuestra dormición y muestra toda la belleza de las distopías del Reino:

«Viene un año de gracia en el que se perdonarán todas las hipotecas. Incluso a aquellos que no han sido capaces de hacer frente a la deuda contraída con los bancos, recibirán su título de propiedad y no tendrán que volver a pagar ni un euro más por su casa».

¿Cómo sonaría este anuncio a los endeudados del siglo XXI? ¿Y a los banqueros y arrendadores? ¿Y a cada uno de nosotros?

Podemos pensar que es una arenga anarquista, o de grupos antisistema, pero no, es un mensaje evangélico que los que decimos que creemos en Jesús nos podríamos tomar más en serio.

El cuaderno merece la lectura: es profundo, está excelentemente escrito, abre a una nueva perspectiva y es capaz de tirar por tierra algunos de nuestros a priori inconscientes.

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Religiosa del Sagrado Corazón. Licenciada en teología. Coordinadora de los cursos y actos de Cristianismo y Justicia. Miembro del patronato de la Fundación Lluís Espinal – Cristianismo y Justicia.
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1 COMENTARIO

  1. Me han gustado las reflexiones de José Laguna relativas a definir a nuestro Dios como distopico, “locura” para el mundo, por ser el mensaje de Jesús del todo contracultural a nuestro connatural deseo de apropiación y de poder.
    Hecho en falta en cualquier caso lo poco que se incide en las dificultades que tenemos para poner en practica nuestros “sueños” de construir un mundo más fraterno; se insiste muy poco en este aspecto, obviando que el poner en practica el modo de ser y actuar de Jesús exige disciplinar nuestra voluntad hacia la acción , y ello supone un esforzarse, que muy frecuentemente optamos no por ignorar, sino por “decir mañana lo haré, para mañana volver a repetir lo mismo”
    Por ello cuando uno lee las bellísimas reflexiones de Benjamín González Buelta. S.J, en su reciente libro “La Humildad de Dios” , sobre las premisas y dificultades inherentes al aceptar “morir a uno mismo para que otros tengan vida”- muy en la línea del apostolado de roturación, en la noche, de Carlos de Foucauld- experimento horizontes del todo nuevos que alientan a la esperanza, partiendo desde nuestra propia inadecuación, que nunca dejará de acompañarnos hasta el mismo momento de nuestra muerte, salvo la mediación de la Gracia( reflexiones al respecto han sido una constante en las meditaciones del padre Carlo María Martini)

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