Jaume Flaquer. Este año el curso de Cristianisme i Justícia se centra en la crisis que estamos viviendo. Una crisis económica pero también cultural, identitaria y religiosa. Todo está cambiando, un mundo se hunde y aún no podemos intuir el nuevo que nace, como confesaba Iñaki Gabilondo en el acto de inauguración del curso 2012-2103. Por eso nos sentimos desconcertados, sin norte, luchando por mantener la esperanza.

Si observamos la historia de la humanidad, nos damos cuenta de que ésta ha pasado por grandes crisis en cada cambio de época. ¿Por qué no estudiarlas para proyectar alguna luz sobre nuestro mundo actual? Este es el objetivo de nuestro curso. Para cada una de estas épocas o crisis, nos hemos hecho tres preguntas: 1) qué estaba en crisis; 2) qué “profetas” o testimonios surgieron para dar esperanza e iluminar el camino, y 3) qué pueden decirnos ellos sobre “nuestra” crisis actual.

La primera sesión la ha guiado Claustre Solé, profesora de la Facultad de Teología de Cataluña. Nos ha situado perfectamente en la época del exilio del pueblo judío en Babilonia. El 609 antes de Cristo, muere el rey de Israel, Josías, y el territorio queda dominado por faraones egipcios. Poco después, el 597, el imperio de Babilonia de Nabucodonosor conquista Israel. Este vive el dilema de resistir o transigir. Finalmente se decide por la primera opción contra toda lógica política y el 587 el imperio destruye Jerusalén con su Templo. Empieza un largo exilio en Babilonia que durará décadas hasta la reconstrucción del Templo en el 515 a. C.

En esta época  aparecen dos grandes profetas: Jeremías e Isaías (el segundo, autor de los capítulos 40-55 del libro de Isaías). Jeremías era una de las pocas voces que había advertido y anunciado que Israel se encaminaba hacia el desastre si continuaba con su infidelidad a Dios y si no cambiaba su sistema económico y político, injusto y corrupto. ¿Como podía ser escuchado si poco antes, el 622 a. C., Israel vivió una segunda época dorada y próspera bajo el Reinado de Josías en el que se dice que se produce el encuentro del Libro de la Ley, el Deuteronomio? ¿No será Jeremías como aquellos que durante la burbuja inmobiliaria denunciaban y advertían del riesgo que se estaba gestando?

Jeremías muere en el exilio. ¿Nos imaginamos la crisis económica (dominación y esclavitud), moral (desánimo) y religiosa (“¿como puede haber permitido Yahvé la destrucción de su templo?”) que vivió aquel pueblo? Lógicamente, las nuevas generaciones de judíos caen en la tentación de acomodarse a las costumbres de Babilonia. ¡Cuántos inmigrantes sienten aquí la crisis cultural y religiosa al llegar a un país diferente del suyo propio, además de la crisis del paro!

En este contexto aparece el profeta Isaías (el llamado Deutero-Isaías) que genera utopía imaginándose el retorno a la tierra prometida. El sufrimiento vivido con fe genera esperanza, y la esperanza dinamiza el pueblo para buscar activamente el retorno.

En nuestro contexto, ¿no buscamos con ansiedad también “profetas” que nos den esperanza, que nos digan que hay una salida posible a la crisis? ¿No buscamos a alguien que nos profetice el tiempo que deberemos aguantar la destrucción constante de lugares de trabajo en nuestro país? ¿No leemos con  avidez las páginas económicas de los periódicos para encontrar a alguien que nos diga que conoce la puerta de salida? ¿No nos rendiríamos con pasión al Mesías que supiese infundir ánimos y asegurase que siguiéndolo nos llevaría la tierra prometida de la prosperidad económica?

Estas fueron algunas de las reflexiones “a bocajarro” que me sugirió la primera sesión del curso «Profetas y testimonios ante las crisis» que impartió la profesora Claustre Solé, el pasado jueves 18 de octubre en Cristianisme i Justícia.

Imagen extraída de: Wikimedia Commons

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Jesuita. Responsable del Área Teológica de Cristianisme i Justícia i director adjunto del Centro. Director del Instituto de Teología Fundamental. Profesor en la Facultad de Teología de Catalunya. Licenciado en filosofia por la UB. Licenciado en Teología por el Centro Sèvres de París. Doctorado en Estudios Islámicos por el EPHE (Sorbona de París) con una tesis sobre el místico sufí Ibn ´Arabî. Colabora con Migra-Studium. Ha publicado con Cristianisme i Justícia «Fundamentalismo» (cuaderno 77, mayo 1997), «Vidas Itinerantes» (cuaderno 151, diciembre 2007), e «Islam, la media luna…creciente» (cuaderno 197, enero 2016).
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5 Comentarios

  1. Gràcies Jaume per aquest resums, amb relacions a la actualitat.
    Així puc guardaro molt millor que no pas les meves anotacions preses directament de la
    exposició on només apunto punts que em criden l’atenció.
    De fet prenc apunts, també, perqué m’ajudent a restar atent (i no distreu-me)
    Nota respecta a Sant Pau de’n Xavier Alegre. No vaig pensar a preguntar’li el fet que:
    Jo a St. Pau sempre l’he vist bastant dinstant dels Evangelis, pel tipus de llenguatge i
    les cartes, més intel·lectuals i lluny…
    Trobo que són un canvi cap a la cultura grega que continúa a l’Església de mal en pitjor
    fins arribar al Concili de Nicea. «Llum de llum… comsubtancial al Pare…encarnat no pas
    creat…etc. Fins avui que ja ningú ho enten… Menys mal que hi el credo apostòlic.
    Es urgent canviar el llenguatge!
    Perdona la meva siplicitat, però…
    Cordialment, antoni homs

  2. Con mucho respeto y amor hago este comentario
    El Señor dijo «en el mundo tendréis aflicción más confiad yo vencí el mundo» y esto verdaderamente sucedió en aquel tiempo para enseñarnos a nosotros hoy (gracias a la biblia) que sobre todas estas cosas está Dios, está allí en la crisis, hablando.
    No hemos entendido que somos gente con un Espíritu de otro «mundo» (igual que aquellos) nacidos en un mundo que su dios nos odia por haberlo dejado y nosotros por desconocer la verdadera historia, estamos esperando que gobiernos, reyes, sistemas, etc. nos traigan paz. SOMOS LA SAL DE LA TIERRA, LA LUZ DEL MUNDO, NOSOTROS SOMOS LOS ENCARGADOS, A QUIENES DEJÓ JESUCRISTO LA RESPONSABILIDAD DE DESTRUIR ESTE SISTEMA MUNDIAL CON NUESTRA MEJOR ARMA, LA FE.

  3. Gracias por comentar Miguel Angel.
    Sin duda el «éxito» en este mundo no es un criterio evangélico. Más bien, si no recibimos ninguna crítica o persecución debemos preguntarnos si no nos hemos amoldado demasiado al mundo. Aunque por supuesto, hay críticas que las recibimos por nuestro mal hacer eclesial
    cordialmente
    jaume

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