¿Dónde puede nacer la esperanza para Europa?

¿Dónde puede nacer la esperanza para Europa?

Xavi Casanovas. Nani Vall-llosera. Durante una semana, 35 jóvenes de ocho países diferentes de Europa (Italia, España, Francia, Reino Unido, Irlanda, Alemania, Bélgica y Malta), se han encontrado en Venecia para hablar de política y de Europa desde su vocación cristiana. Su compromiso en partidos políticos, centros de estudio sociales, universidades, etc. los ha llevado a preguntarse cómo contribuir a la construcción de Europa y desde qué perspectiva. Esto es ya, de por sí, buena noticia.

Podríamos destacar que Europa, como proyecto, afronta cuatro grandes retos en el momento actual: la falta de gobernanza política (que ha puesto de manifiesto la crisis del euro con la posible salida de los países más débiles), la búsqueda de una solución sostenible a la crisis económica, su lugar en el nuevo escenario global ante la irrupción de nuevas grandes potencias (BRIC) y la plena integración de los 27 profundizando en las relaciones con históricos candidatos a formar parte de la Unión, como Turquía.

Estos grandes retos se pueden encarar desde puntos de vista, criterios e ideologías diferentes. En este sentido, la Iglesia Católica esconde un tesoro que permite dibujar un horizonte hacia el que caminar, su doctrina social.

¿Cómo conciliar cuestiones como la soberanía de los países y el respeto a las diferencias con la creación de un marco común con una gobernanza fuerte en Europa? ¿Qué valores deberían guiar el ejercicio de la política? Los principios clave de la doctrina social de la Iglesia nos hablan de dignidad humana, opción por los más pobres y vulnerables, bien común, solidaridad, subsidiariedad, participación, derechos y responsabilidades, promoción de la paz. Unos principios que, sumados a una forma de ejercer el poder desde la humildad movida por la compasión y la vocación de servicio, pueden contribuir a abandonar la europesimismo y retomar con ilusión renovada el proyecto de una Europa social políticamente fuerte en el nuevo equilibrio de fuerzas mundial.

El invitado de honor de estas sesiones fue Romano Prodi, ex primer ministro italiano y ex presidente de la Comisión Europea. En su opinión la crisis política en la que está inmersa Europa se explica en gran parte por un comportamiento a corto plazo de nuestros políticos, que actúan exclusivamente en clave electoral. Pero no es sólo Europa la que está en juego, es la propia democracia la que peligra si el hecho de tener votaciones cada cuatro años produce cambios continuos de rumbo en función de promesas electorales que impiden pensar a largo plazo y actuar para lograr la sociedad que queremos. Sus propuestas son claras: más Unión Europea (política, fiscal y bancaria) y más agilidad en la toma de decisiones en la Comisión, que pasa por abandonar la unanimidad como requisito para adoptar resoluciones.

En el momento crucial que estamos viviendo merece la pena que no perdamos de vista los valores subyacentes a las raíces cristianas de Europa, el sufrimiento y el dolor que rezuma su Historia y la valúa sin precio que tiene la paz que disfrutamos. Hay que tener presente, sin embargo, que la salvación del proyecto europeo no será posible sin la cesión de parte de la soberanía de nuestros países. ¿Estaremos dispuestos?

Encontrarse, conocer la Historia, poner rostros a los problemas, intentar comprender, ponerse en el lugar del otro, disfrutar de lo que tenemos en común y compartir. Todo esto ha sucedido en Venecia y hace pensar que Europa merece la pena y es posible.

 

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