Jaume Flaquer. “Identidades que matan” es el título de uno de los libros de Amín Maalouf, e “Identidades porosas” fue el título de uno de los grupos de expertos del reciente Congreso “Edificar la Paz en el siglo XXI” celebrado en Barcelona entre el 23 y 25 del pasado mes de abril. Estos son los comentarios que me han sugerido.

El elemento religioso es a menudo causa (¡y excusa!) de conflictos, pero normalmente lo es en la medida en que se vive como una identidad cerrada junto con otros elementos culturales e ideológicos. De hecho, lo que es susceptible de ser tomado como causa de conflicto es todo aquello alrededor de lo cual se estructura una identidad determinada. Si una sociedad estructura su identidad alrededor de la religión, ésta será tomada como “excusa” para el conflicto cuando se sienta amenazada o cuando quiera expandirse. Desde el siglo XIX un cierto número de sociedades ya no se estructuran entorno a la religión, y por ello los nuevos elementos causantes de conflictos son la ideología, la lengua, la tierra o territorio, los símbolos nacionales, etc.

Solamente hemos de ver cómo hemos reaccionado en España frente a la nacionalización de la YPF argentina. ¿Por qué se ha vivido casi como una declaración de guerra? Porque España ha puesto parte importante de su identidad y orgullo en las empresas de bandera española, de la misma manera que la pone en la “Armada” de Tenis de la Copa Davis o en la Selección de Fútbol. ¿No ha generado el caso de YPF el mismo “casus belli” (causa de guerra) que si un árbitro anulase un gol claro de la Selección en una final de un mundial y corriesen rumores de un partidismo del árbitro?

El elemento religioso era antes el elemento identitario central. Hoy ya no lo es, y por ello hay otros que producen las mismas reacciones. De hecho, después del siglo XX, podemos ver que las ideologías marxistas (URSS de Stalin, Pol Pot de Cambodia…), fascistas (nazismo), anarquistas (guerra civil española) y nacionalistas (tanto de izquierdas como de derechas) han producido tantas muertes como las religiones.

En el Congreso por la paz, uno de los ponentes animó a trabajar por las “identidades porosas” citando el Tao te King: “El sabio es capaz de ver lo que une mientras que el necio no ve más que lo que separa”.

Así es. El problema es que los conflictos identitarios no se dan porque tengamos muchas diferencias con alguien o con algún grupo, sino porque éste atenta contra algo que yo tomo como fundamental, por más que éste sea el único elemento de disparidad.

El profesor Xavier Marín utilizó una metáfora de Platón que encontró un cierto éxito en la sala, comparando los elementos exteriores identitarios con una pintura: cuando un muro se pinta, las capas sobrepuestas de ésta acaban por esconder totalmente el soporte. El ejercicio crítico de preguntarse por las cosas permite traspasar las capas de pintura para llegar al soporte, es decir, permite ir más allá de las capas identitarias para adentrarse en aquello que es más esencial.

Una de las causas de los conflictos identitarios, a mi entender, es la confusión entre el concepto de “identidad” y el de “definición” que se da en todo estadio adolescente de una persona o de un grupo. El adolescente necesita “defin-irse”, es decir, responder a la pregunta de “¿Quién soy yo?”, buscando aquello que le de-fine, es decir, determinando dónde acaba él (su fin) y dónde comienza el otro. Haciéndolo así, buscando lo que es más específico de él, estable su identidad por diferencia y contraposición.

Pero, el problema (¡y la bendición!) es que aquello que me de-fine, aquello que es más específico mío, no es normalmente lo más importante mío, lo más esencial. ¡¡¡El turbante de los Sikhs es lo más específico de ellos pero no lo más importante!!! El fundamentalismo consiste precisamente en confundir lo específico con lo esencial.

La idea de trabajar por unas “identidades porosas” consiste precisamente en descubrir que aquello más esencial de mi identidad no se ha construido sin la aportación y influencia de muchas otras identidades.

El yo no es un ente cerrado, sino que es fruto y existe gracias a otros. Por ello, el yo es en realidad un nosotros. El yo es un don.

De hecho, si una parte de los conflictos son provocados por estados de adolescencia buscando afirmar la propia identidad, cuando se llega a la adultez con una identidad pacificada, se busca, de manera natural, la unión (y no la separación) con el otro. Es el momento en el que las culturas abren los ojos maravillados por la alteridad cultural, y se exalta la diversidad como riqueza. En este momento, igual que una pareja entra en crisis cuando un miembro se impone y anula al otro, también las culturas que se han abierto a la pluralidad (por medio de migraciones o por exaltación del multiculturalismo) pueden de repente experimentar un hermetismo regresivo si ven peligrar su identidad. Sin duda, es lo que está experimentando Europa hoy en día.

Grupo de expertos:

Francesc Torralba ha sido el coordinador del grupo de expertos. Los participantes eran de gran nivel. Destacamos Lü Longgen (Catedrático de la Univ. D’Estudios Internacionales de Beijing – China), Mustapha Cherif (Ex – ministro de cultura de Argel. Dir. Académico del Máster Internacional de Estudios Islámicos i Árabes de la UOC), David Álvarez (Decano de la Facultad de Ciencies i Humanidades de la Univ. PUCMM – Rep. Dominicana), Carlos Giménez (Catedrático de antropologia de la Univ. Autónoma de Madrid), Ma. José Cano (Catedrática de Estudios Semíticos de la UGr. Subdirectora del Instituto de la Paz y los Conflictos de la UGr.), Xavier Marín (Prof. de Filosofía de la Univ. Ramon Llull), Fahdhila Mammar (dir. Del servicio de Madiación Social Intercultural de Madrid) i Jaume Castro (Presidente de la Fundación Sant Egidi en Barcelona).

Imagen extraida de: crisalida
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Jesuita. Profesor en la Facultad de Teología de Granada (Universidad Loyola) y director de su Cátedra Andaluza para el diálogo de Religiones (CANDIR). Licenciado en filosofía por la UB. Licenciado en Teologia por el Centro Sèvres de París. Doctorado en Estudios Islámicos por el EPHE (Sorbona de París) con una tesis sobre el místico sufí Ibn ´Arabî. Ha realizado largas estancias en la mayoría de países islámicos del Mediterráneo, especialmente en Egipto (3 años). Ha publicado con Cristianisme i Justícia en su colección Cuadernos CJ Fundamentalismo (mayo de 1997), Vidas Itinerantes (diciembre de 2007) e Islam, la media luna… creciente (enero de 2016), así como diversos Papeles CJ como «Coronavirus: una sola humanidad, una común vulnerabilidad» (mayo de 2020) o «Palestina: la reivindicación imposible» (junio de 2021), entre otros.
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2 Comentarios

  1. Benvolgut Jaume Flaquer, estaria interesat en llegir la teva Tesí Doctoral doncs Yara me l’ha recomanat. Es factible?

  2. Encara no està publicada en paper, però la versió francesa presentada a la Sorbona te podria deixar.

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