Daniel Izuzquiza, SJ. El próximo jueves 17 de mayo, el Congreso de los Diputados votará si aprueba o rechaza el Real Decreto Ley 16/2012, de 20 de abril, sobre la reforma del sistema sanitario. Es un momento muy importante que no podemos pasar por alto minusvalorando su importancia.

Parece que, con la excusa de la crisis, la reforma está planteando la disyuntiva clásica entre “la bolsa o la vida”. Aunque se haya convertido en una expresión popular casi graciosa, no hay que olvidar su origen ni su significado. Esa  doble opción siempre fue un indicador de violencia y de expolio. También ahora.

Pretenden convencernos de que la alternativa consiste en atajar el déficit público, sanear las cuentas e impulsar la austeridad (“la bolsa”) aunque sea a costa de limitar el acceso a la sanidad pública. Pero los riesgos son muchos y muy graves: dificultades de salud pública; peligro de discriminación; ataque a las personas más vulnerables, sobre todo unas 160.000 inmigrantes en situación irregular; instauración de un sistema dual; fragmentación y deterioro de la cohesión social; debilitamiento de la salud ética de la sociedad. En definitiva, nos jugamos “la vida”: la vida física, la vida social, la vida ética.

Además, y paradójicamente, puede ser que tampoco salvemos “la bolsa”. Las estimaciones del Tribunal de Cuentas apuntan a un ahorro potencial de unos 490 millones de euros. No es mucho. Pero es que, además, numerosos expertos advierten que los gastos serán mucho más altos, tanto por las medidas administrativas de implementación de la nueva normativa, como por la saturación de las urgencias y la incapacidad de desarrollar una adecuada política preventiva (ya se sabe, siempre es mejor y más barato prevenir que curar). “La bolsa o la vida” es una alternativa falsa: los bandoleros se acaban han llevando “la bolsa y la vida”.

El Real Decreto-Ley debe ser votado en el Congreso este próximo jueves día 17 de mayo. En este contexto, hago un llamamiento a cada uno de los diputados y diputadas para que voten en conciencia. En estas cuestiones, apelar a la disciplina de partido en el voto no es suficiente. Y pido a los ciudadanos que se sumen a la campaña que diversas entidades sociales acabamos de lanzar para oponernos al Decreto:

www.sanidadparatodos.org

Nos jugamos la bolsa, la vida… y la conciencia. Cada persona (también un inmigrante “sin papeles”) tiene una dignidad sagrada y unos derechos inviolables; cada persona (también un diputado en Cortes) tiene una conciencia sagrada y una intransferible capacidad de decisión. De aquí al jueves podemos demostrarlo.

Daniel Izuzquiza, SJ. Coordinador de  Pueblos Unidos, Madrid. Servicio Jesuita a Migrantes (SJM)-España

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Jesuita. Trabaja como coordinador del Centro Pueblos Unidos de la Fundación San Juan del Castillo (Servicio Jesuita a Migrantes) y vive en una comunidad de jesuitas orientada a la acogida de jóvenes migrantes africanos. Es autor de varios libros, entre ellos “Enraizados en Jesucristo. Ensayo de eclesiología radical” (Sal Terrae, 2008) y el cuaderno n. 136 de CiJ “Revolución desde abajo, descenso revolucionario. La política espiritual de Dorothy Day” (Cristianisme i Justícia, 2005).
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2 Comentarios

  1. No soy cristiano, pero… ¿Jesús dejaría sin asistencia sanitaria a alguien por su lugar de nacimiento, por su situación administrativa, por haber nacido en un país empobrecido o perseguido…? ¿O daría peor asistencia que a las demás personas a alguien por esos mismos motivos?

  2. Raúl está clara la respuesta. Y esto, además, realizado por un partido que se declara en sus estatutos cristiano.

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