TINA (There is no alternative) sigue presente y con más fuerza que nunca

TINA (There is no alternative) sigue presente y con más fuerza que nunca

Jesús Sanz. Hace aproximadamente un año, escribí una entrada en este blog en el que presentaba a TINA. TINA, son las siglas  de There is no alternative (no hay alternativa), unas siglas que se popularizaron en los años ochenta por ser una de las frases más utilizada por  Margaret Thatcher en sus discursos para señalar que no había ninguna alternativa real al camino que ella había emprendido en sus políticas neoliberales.

Pues bien en este año, los discursos en la línea del pensamiento TINA que hablan de la inevitabilidad de las medidas tomadas y de reformas “inaplazables” se han intensificado aun más y se han constituido en el hilo conductor en la argumentación utilizada para justificar todos los recortes realizados.

Se sigue hablando de tomar medidas que son presentadas como “reformas estructurales inevitables y necesarias” con la intención de “transmitir confianza” a los mercados, buscar la “flexibilidad” laboral, o a favor de la “competitividad”. Y con ellas emerge toda una neolengua orwelliana que presenta el desmantelamiento de los servicios públicos como “austeridad”, que habla de “tickets moderadores” en lugar de repago (que no copago) sanitario, que presenta los recortes como “Planes de garantía de los servicios sociales”, y que cierra todo posible debate político sobre las alternativas existentes en afirmaciones del tipo: “Vamos a hacer lo que hay que hacer”.

Pero a todas estas afirmaciones en los últimos tiempos se han unido dos frases que se repiten constantemente a través del poder mediático en lo que supone un intento de establecer una verdad oficial de las causas de la crisis y de la realidad existente que sea interiorizada por los ciudadanos.

En la primera, se afirma que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” cuando, como señala acertadamente Gonzalez Faus, en realidad se debería decir que “los ricos han estado viviendo por encima de sus posibilidades financieras y por eso ahora toca a los pobres vivir por debajo de sus posibilidades humanas”.

En la segunda se afirma simple y llanamente, que no hay dinero en medio de continuas llamadas a la austeridad, o a “tener el Estado de Bienestar que nos podamos permitir”.

Respecto a estas dos afirmaciones, contrapongo tres noticias que he leído en el mismo día.

– Por la mañana aparecía en prensa, que varios estudios calculan en unos 250.000 millones (cerca del 25% del PIB) el fraude fiscal existente en España. Si la cifra ya es escandalosa, la forma en que se reparte este volumen de dinero lo es aún más. Según el sindicato de Técnicos de Hacienda, Gestha, el 72% del fraude se concentra en grandes fortunas, corporaciones empresariales y grandes empresas; el 17%, pequeñas y medianas empresas; el 8,5%, autónomos, y el 2,5% en  otros (fraude en el pago de plusvalías, rentas del trabajo, alquileres, etcétera).

– En otro medio se informaba de la preparación por parte del gobierno de otros 50000 millones de ayudas al sector financiero.

– Finalmente, por la tarde, el gobierno anunciaba por nota de prensa (el modo en que se realizaba el anuncio, sin una comparecencia pública no merece ni comentarios)  su intención de recortar otros 10000 millones extras en sanidad y educación. Estos millones se suman a lo ya recortado en los presupuestos generales presentados recientemente, y que preven medidas como una amnistía fiscal, el recorte brutal en partidas como cooperación al desarrollo o ayudas al empleo, o la eliminación de fondos parala Ley de Dependencia.

Teniendo en cuenta todas estas noticias recogidas en un mismo día. ¿Todavía se puede seguir pensando que no hay dinero ni margen para hacer otra política que beneficie al conjunto de los ciudadanos?

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