Jesús Renau. Dicen: todo va muy mal. Estamos en una dura crisis que va para largo. Todavía habrá mucho más paro. Hemos estado a punto de una absoluta recesión. Ahora ya estamos en recesión. Lo que hemos vivido tardará muchos años en volver, si vuelve. Hay que hacer recortes generales. La sanidad pública estaba por encima de nuestras posibilidades. Hemos gastado demasiado y hemos ahorrado poco. Por favor, todo el mundo quieto, y no hagamos aventuras que sólo pueden empeorar la situación, etc. Así más o menos cada día, en los periódicos, en muchos telediarios, noticias, conversaciones y discursos políticos…

Mientras tanto, el sector del lujo, en una reciente feria que se hizo en Barcelona, comunicó a los medios que es de los pocos sectores que gana fuerza, que no está en crisis. Coches de gran cilindrada y lujo, perfumes preciados, incluso tapas de servicios de oro.

¿En qué quedamos hay crisis o no hay crisis? ¿No nos está pasando quizás que los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez lo son más y mucho más empobrecidos? ¿No es acaso lo que hace pocos años se comentaba de muchos países del Tercer Mundo e incluso de la sociedad norteamericana?

¿A quién favorece este miedo colectivo y, pensamos, que también fomentado? No, ciertamente, a la gente que lo está pasando mal. Sí, a la gente que aprovechando la situación disfruta de un nuevo enriquecimiento. Hay quien se está arruinando y hay quien está acumulando fortuna.

Como el miedo nunca ha sido buen consejero vale la pena luchar en contra de éste. Y el primer paso es darse cuenta de quién lo fomenta y por qué. En gran parte lo fomentan, en primera instancia, bastantes medios de comunicación que buscan el sensacionalismo. Pero, en segunda instancia, el miedo favorece a todos los que están haciendo los recortes, ya que parece que queden justificados ya que las cosas van tan mal. Y, en la instancia decisiva, el miedo favorece la ingeniería financiera que siempre en los momentos de miedo encuentra la oportunidad de hacer los grandes negocios.

En frente del código del miedo debemos colocar el código de la confianza. Si el miedo retrae, la confianza estimula. Si el miedo lleva al silencio, la confianza lleva al debate. Si el miedo nos encoge, la confianza amplia. Si el miedo provoca ruptura, la confianza provoca creatividad. Si el miedo cierra los ojos a los males, la confianza moviliza por la justicia. El miedo implica tristeza, desesperación, dudas, retirada y mal humor. La confianza implica relación, conexión, amistad, solidaridad y cambio. Por alguna razón muy profunda Jesús cuando se presentaba a los suyos les decía: «soy yo, no tengáis miedo».

Afrontemos, pues, los tiempos actuales, relacionados, conectados, amigos, solidarios y renovados.

Fuente de la Imagen: paperblog.com
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Jesuita. Profesor de Teología Espiritual en el ISCREB. Director Espiritual del seminario interdiocesano. Miembro de Cristianisme i Justícia y del equipo de pastoral del Casal Loiola de Barcelona. Autor de artículos y publicaciones sobre la dimensión social de la espiritualidad y temas educativos.
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3 Comentarios

  1. Lo patético es que casi todo el mundo piensa que esto es sólo retórica. O teorías filosóficas.

    Por lo que nos siguen engañando.

  2. Hay que vencer ese miedo paralizante con la fuerza del VIVIENTE que quiere hacernos actuar por el hálito de Su Espíritu que nos ha insuflado.

  3. Nosotros los creyentes vencemos los discursos del miedo actuando. Cada uno a su nivel.
    No creemos que la sociedad solo la dirija el dinero o la economía. La sociedad la dirigen las personas. Nuestra tarea es de convencernos de esto. La solidaridad, la lucha por cambiar el modelo injusto de sociedad ha de ser de personas, hombres y mujeres, que amem y que tengan fe.

    Los que tienen todo, poder , dinero, decisión han de saber que tienen una responsabilidad con los hombres y mujeres de su pueblo. Que lo que tienen ha de ser de todos.

    Aquí está el problema principal. Confiar en el amor de las personas y la fe de que juntos podemos salir de las crisis. De todas la crisis.

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