"Queremos el pan y las rosas"

“Queremos el pan y las rosas”

 Tere Iribarren. “1778, Filadelfia: Si él hubiera nacido mujer… De los dieciséis hermanos de Benjamín Franklin, Jane es la que más se le parece en talento y fuerza de voluntad, pero a la edad en que Benjamín se marchó de casa para abrirse camino, Jane se casó con un talabartero pobre, que la aceptó sin dote, y diez meses después dio a luz su primer hijo. Desde entonces, durante un cuarto de siglo, Jane tuvo un hijo cada dos años. Algunos niños murieron, y cada muerte le abrió un tajo en el pecho. Los que vivieron exigieron comida, abrigo, instrucción y consuelo. Jane pasó noches en vela acunando a los que lloraban, lavó montañas de ropa, bañó montoneras de niños, corrió del mercado a la cocina, fregó torres de platos, enseñó abecedarios y oficios, trabajó codo a codo con su marido en el taller y atendió a los huéspedes cuyo alquiler ayudaba a llenar la olla…

Jane jamás conoció el placer de dejarse flotar en un lago, llevada a la deriva por un hilo de cometa, como solía hacer Benjamín a pesar de sus años. Jane nunca tuvo tiempo de pensar ni se permitió dudar. Benjamín siguió siendo un amante fervoroso, pero Jane ignoró que el sexo pudiera producir algo más que hijos.

Benjamín, fundador de una nación de inventores, es un gran hombre de todos los tiempos. Jane es una mujer de su tiempo, igual a casi todas las mujeres de todos los tiempos, que ha cumplido su deber en la tierra y ha expiado su parte de culpa en la maldición bíblica. Ella ha hecho lo posible por no volverse loca y ha buscado, en vano, un poco de silencio. Su caso carecerá de interés para los historiadores”[1]

Eduardo Galeano.

Texto citado en el Cuaderno 176 de Lucía Ramón «Mujeres de cuidado. Justicia, cuidado y transformación»

No te has equivocado al leer. Janet es una mujer trabajadora, como tantas que conoces, es una mujer de su tiempo…igual  a casi todas la mujeres de todos los tiempos que han carecido de interés en la historia. La vida no sería igual sin Janet, habría un hueco, un silencio, una ausencia.

Hoy desde aquí nuestro el reconocimiento, la valoración y la admiración porque no han callado, porque han dejado huella,  porque somos nosotras sus ecos, porque con ellas queremos el pan y las rosas.

Tere Iribarren


[1]     Eduardo GALEANO, Mujeres, Alianza, Madrid, 1995, 33-34.

http://www.bocadepolen.org/2302/presentan-edicion-mexicana-del-libro-pan-y-rosas/index.html
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