Perder en comodidad para ganar en comunidad

Perder en comodidad para ganar en comunidad

Xavier Casanovas. [Reflexión en el marco del Fòrum Català de Teologia i Alliberament] Nuestra generación (aquellos que tenemos menos de 30 años) nacida en una sociedad que se ha gestado en la disyuntiva entre libertad y seguridad1, ha priorizado y se ha inclinado cada vez más hacia la primera. Y en el terreno de las relaciones económicas, no ha conocido nada más que la lógica capitalista.

Estos dos factores nos han llevado a un estilo de vida marcadamente individualista, situación que puede considerarse positiva o negativa. Será positiva en la medida en que el individuo sea capaz de alcanzar su propia soberanía, su mayoria de edad, su ser autónomo y desarrollarse libremente como persona. Pero será negativa en el momento en que el individuo se ve zarandeado por una dinámica del yo como centro. Así se ha ido perdiendo el concepto del hermano y el calor de la comunidad (familiar, vecinal, parroquial,…). Y esto no sólo es perjudicial para él mismo sino también para todo el planeta.

El individualismo imperante no es una evolución social casual, es en parte una imposición de un estilo de vida que conviene mucho a los mercados. Una sociedad consumista se sostiene en el crecimiento constante: si parcelamos el consumo, lo adaptamos y lo personalizamos, conseguimos convertir cada individuo en comprador único, con lo que supone de aumento del consumo (y por supuesto de aumento de la generación de residuos per cápita). Queda claro pues el interés, en términos económicos, de que seamos consumidores aislados, con un gran impacto en nuestros estilos de vida (y no digamos como ataque a la sostenibilidad ambiental).

Pero no sólo podemos centrar nuestra crítica en el ámbito del consumo. El individualismo impregna también nuestro ocio, las comunicaciones (que la tecnología ha hecho más que nunca a la carta): vivimos más aislados y a la vez más conectados que nunca.

No decimos nada nuevo. Ya hace tiempo que somos conscientes de la brecha que ello comporta, no sólo a nivel de sostenibilidad económica, sino también de integridad de la persona humana. A modo de ejemplo, entre otros indicadores, las sociedades acomodadas son las de más alto índice de suicidio2, ¿qué sentido tiene en una sociedad que teóricamente nos lo ha dado todo?

El 15M ha sido un toque de alerta. Ante la desesperación y la rotura, la gente ha vuelto a las plazas a compartir, a charlar, a reivindicar… y se ha visto que tan sólo comunitariamente podemos salir de este lío en el que nos hemos metido. La respuesta a la espiral individualista tiene un nombre: comunidad.

Este es dar un paso nuevo en la vida solidaria. Pues la solidaridad (muchas veces mal entendida) tiene un punto de opción individual, ha sido muchas veces demasiado higiénica (lavadora de conciencias). Hay que buscar e ir caminando a lo de “Hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad3. Las opciones comunitarias implican mojarse, implica no ser tú el único dueño de tu vida, unas grandes dosis de paciencia, de saber ceder parcelas, de perder en comodidad para ganar en comunidad.

Y un apunte para los que nos decimos cristianos. ¿Qué testimonio estamos dando? Si hacemos el experimento de buscar en Google la frase “vivir comunitariamente” encontraremos que más de la mitad de las entradas que nos recomienda son confesionales. Nos toca pues como creyentes y como iglesia hacer una apuesta por las opciones comunitarias, nos toca ser profetas y gritar en el desierto: ¿nos atrevemos a tomar las riendas de estas opciones contraculturales?

Debemos preguntarnos cómo construir vidas más comunitarias en nuestro ordinario. ¿Cuáles son las actitudes y cuáles son las prácticas que nos llevan al compartir, al decidir conjuntamente, al optar por el otro, por el más débil, poner el hermano en el centro,…? Seguro que muchos ya estamos haciendo pequeñas cosas, viviendo la vida con un talante concreto que quiere de alguna manera apostar por ceder terreno a la comunidad como centro y no al yo. ¿Qué más podemos hacer? ¿A qué tenemos miedo? ¿Qué excusas nos ponemos?

/ Con este texto introducíamos el “Taller de actitudes y prácticas comunitarias” realizado en el marco del “Fòrum Català de Teologia i Alliberament (Barcelona gener 2012) por el grupo de “Espiritualitat per a la transformació social”/

 

1  Ver entrevista a Zygmunt Bauman en la contra de La Vanguardia (12-01-2012) http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120112/54244283412/zygmunt-bauman-hoy-nuestra-unica-certeza-es-la-incertidumbre.html

2 “Los países con más alta satisfacción de vida tienen mayor tasa de suicidio”  estudio de la Universidad de Warwick (21-04-2011) http://www2.warwick.ac.uk/newsandevents/pressreleases/happiness-and-suicide-rates

3 Cuaderno 172 de Cristianisme i Justícia http://www.cristianismeijusticia.net/es/hacerse-cargo-cargar-y-encargarse-de-la-realidad

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