J. I. González Faus. Liebe Frau Merkel:

En mi país se cuenta el chiste de un conductor que circulaba por una autopista en sentido contrario. Cuando la policía de tráfico, comenzó a emitir un aviso alertando sobre un viajero que corría en contradirección, nuestro hombre exclamó: “¿sólo uno? Pues yo estoy viendo muchos”…

Permítame que le aplique el chiste. Pero muchos en Europa consideran nefasta su tozudez en la cuestión de los bonos europeos y las competencias del BCE, que no será propiamente banco si no tiene más misión que controlar la inflación; y deja a los países de la UE sin un verdadero Banco Central. Ud puede estar convencida de sus opiniones y tiene derecho a sustentarlas. Pero la democracia no consiste en que el más fuerte imponga su opinión simplemente por ser quien es. Una vieja fábula de Fedro cuenta que el león, la vaca, la oveja y la cabra, se unieron para formar una sociedad de defensa. Un día cazaron un ciervo y, al ir a repartirlo, argumentó el león: “yo escojo la primera parte porque me llamo león…” (“ego primam tollo partem quia nominor leo”). Ud parece imponer así sus convicciones que, según economistas importantes,  debilitan a la UE y sólo favorecen a los bancos alemanes. Los acreedores de los países sudeuropeos son, en su mayoría, bancos alemanes y franceses que reciben dinero del BCE al 1 % y nos lo prestan al 6 %. La política que Ud impone de recortes y austeridad, puede soportarla la economía alemana que no vive del consumo interior sino de las exportaciones. Pero es catastrófica para los países del sur porque les impide crecer, con lo que habrán de volver a endeudarse, sin poder salir de este círculo infernal.

Una paz impuesta a la fuerza, como la que soportó Alemania tras la primera guerra mundial, acaba teniendo consecuencias desastrosas. Se dice que necesitamos una Alemania europea; no una Europa alemana. Ud se obstina en llevarnos a la segunda alternativa y, de momento, sólo ha conseguido que la ilusión por Europa de hace unos años haya languidecido de forma alarmante. No sé si el final será salvar al euro hundiendo a Europa.

No estoy atacando a su país sino avisando contra modos impositivos y autoritarios de gobierno. Alemán era Erhard que hoy se avergonzaría de su política. Alemán es también el ex-canciller Schmidt al que tanto debe Europa y cuya visión sobre las relaciones entre Alemania y la UE era muy distinta de la suya. No hace mucho, con sus 92 años, alertó contra el ”espíritu matón” (sic) del partido de Ud, por culpa del cual Europa está perdiendo la confianza en Alemania: “no podemos propagar una deflación total ya que sin crecimiento ningún país podrá pagar sus cuentas”. Schmidt sabía que al “sacro imperio romano-germánico” de nuestra Edad Media no puede sustituirle hoy un “financiero imperio franco-germánico”; que Europa debe llamarse Europa (aunque lo pronunciemos de manera algo distinta) y no Deutschfrank ni Franlemania. Y que sería trágico para Alemania si, tras haber sido verdugo de Europa por absurdas razones racistas, volviera a serlo ahora inconscientemente por motivos “fi-nazieros” (con perdón por lo malo del chiste). Schmidt es tan alemán como Ud. Yo creo que mejor alemán pero, al evocarle, sólo pretendo que no rechace mis palabras con el patriotero recurso fácil de que son “un ataque a Alemania”.

Tampoco quisiera hablar con tono de superioridad: sé demasiado bien que nosotros no estamos libres de defectos. Me avergüenza, por ejemplo, que España, con mucho más sol, tenga menos energía solar que Alemania. Sé que Grecia mintió a la UE; pero el gobierno de Grecia no es el pueblo griego que es quien está pagando aquel fraude, urdido por Goldman Sachs en colaboración con el actual primer ministro griego impuesto por un “golpe de estado económico” (figura que hoy sustituye a los antiguos golpes de estado militares). Sé también que, por aquella época, Francia y Alemania contravinieron impunemente los topes de déficit presupuestario impuestos a la UE… Parece pues que todos tenemos nuestros defectos y nuestras virtudes; ningún país ni raza es superior a los demás, aunque pueda pasar épocas mejores -o peores- que otros países. Por eso la única forma de convivencia razonable y ética es que sepamos dialogar aprendiendo a ceder cuando no somos mayoría, y a integrar de algún modo lo minoritario cuando sí somos mayoría…

No es tarea fácil. Pero en intentar llevarla a cabo, y no en ganar o imponerse como sea, es en lo que consiste la grandeza de la vocación política. (diciembre 2011).

http://4.bp.blogspot.com/-Cf5FJwCf84Y/TrGuF9TVXBI/AAAAAAAAAvo/lGZPbrYb2yc/s1600/Angela-Merkel-006.jpg
¿TE GUSTA LO QUE HAS LEÍDO?
Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.
Con tan solo 1,5 € al mes haces posible este espacio.
Jesuita. Miembro del Área Teológica de Cristianisme i Justícia. Entre sus obras, cabe mencionar La Humanidad nueva. Ensayo de cristología (1975), Acceso a Jesús (1979), Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre (1989) o Vicarios de Cristo: los pobres en la teología y espiritualidad cristianas (2004). Sus últimos libros son El rostro humano de Dios,  Otro mundo es posible… desde Jesús y El amor en tiempos de cólera… económica. Escribe habitualmente en el diario La Vanguardia. Autor de numerosos cuadernos de Cristianisme i Justícia.
Artículo anteriorUna práctica legal contra los Derechos Humanos: los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIES)
Artículo siguientePerder en comodidad para ganar en comunidad

4 Comentarios

  1. Qué acertadas palabras! Ojalá que Angela Merkel se retracte de sus errores y la ilumine una visión más europea y menos alemana. También su tozudez me hace pensar en «la dama de hierro», Margaret Tatcher, que, tan fiel a sus creencias políticas le hicieron cometer el error de la inflexibilidad.

    Encuentro también muy acertado que se recuerde que Schmidt era alemán y que lo hizo bien, como habrá muchos alemanes con pensamientos y acciones adecuadas. Eso predispone a escuchar a quien es criticado. Es como la estrategia del «bocadillo». Para decirle a una persona algo no agradable, se le dice primero una cualidad, luego la crítica y luego otra razón por la que seguir confiando en ella.

    Un saludo,
    Emma Marzábal

  2. Hace únos años pasé una temporada en Alemania. Era un pais de los llamados ricos y nosostros estabamos en pleno plan de desarrollo, años 70. Estuve en casa de una familia de lo que aquí llamariamos clase media alta. Me sorprendió la austeridad con la que vivian , en el espacio de la vivienda, en la alimentación , en el vestir . Eso sí la cultura era prioritario , la música , la lectura , los viajes culturales, la inquietud espiritual.

    Hoy me pregunto que relación tiene el progreso con el consumo de tanto superfluo como veniamos haciendo en los últimos años y qué pretende Alemania queriendo cambiar el tejado sin hacer más solidos los fundamentos del edificio.

    Y esto es trabajo de cada uno de nosotros , de la educación . de la responsabilidad en todas las facetas de la vida , del sentido comutario de nuestra existencia y de nuestro deber para con los demás.

    Construir una Europa lineal , sin tener en cuenta nuestras diferencias culturales , nuestra mentalidad , la diferente manera de ver los acontecimientos diarios e históricos, es muy dificil.

    La música de la Señora Merkel no la bailamos todos igual . Para unos suena a vals y para otros a música sin ritmo , es imposible bailarla.

  3. El nuevo ANTICRITO despliega sus poderes en Europa causando desolación y muerte, como otrora hiciera su paisano Adolf Hitller. Esta ángela caida, cuyo apellido omito por no herir la inteligencia de los lectores, a puesto de rodillas al resto de los dirigentes políticos que humillados y cual marionetas bailan al ritmo de la marcha fúnebre que les toca.

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingresa tu comentario!
Please enter your name here