Líneas rojas

Líneas rojas

Jesús Renau. Hasta hace poco cuando se hablaba de la “línea roja” los ciudadanos entendían la del metro de Barcelona, que va del ‘Hospital de Bellvitge’ a ‘Fondo’. Pero ahora se ha puesto de moda en el lenguaje político y económico hablar de las líneas rojas. Casi cada día escuchamos frases como esta: “han cruzado la línea roja”, que nos resuena también en la que repetidamente nos dicen desde los altavoces del metro “Está absolutamente prohibido bajar a la zona de vías”.

Quisiéramos formular algunas preguntas sobre esta expresión de las líneas rojas. ¿Quién las marca? ¿Por qué no se pueden pasar? ¿Habrá precisamente que pasarlas en determinadas circunstancias? No es un tema de lenguaje, es un tema de ética, de moral y de libertad democrática.

Las marcan los grupos que actualmente tienen el poder en la sociedad y aquellos que aspiran a tenerlo. No nos referimos exclusivamente a los grupos políticos, pues el poder toma formas polifacéticas. Estos grupos, partidos o colectivos según sus estrategias, políticas y procesos entienden que hay que señalar unos límites que no se pueden cruzar porque perjudicarían gravemente al sistema y en definitiva a la sociedad. Como toda realidad humana y social no son dogmas, son opinables, criticables y pueden ser acertadas o equivocadas. Son puntos de vista de gestión que se consideran claves para el éxito de la misma. Si se cruzan pueden poner en riesgo toda la gestión. Esta es la razón por la que se insiste en que no se pueden transgredir. Esta transgresión puede resultar muy negativa para el plan trazado en el orden que sea. Eso sí, todo, según su punto de vista, los intereses que se defienden y el programa a realizar. Muchas veces hay una amenaza, más o menos clara, lo que puede pasar a quien se atreva a bajar a la zona de vías e intente ir a la alta banda.

¿Estas llamadas “líneas rojas” eliminan la objeción de conciencia? ¿Eliminan, en determinados casos, la desobediencia civil? ¿Eliminan la confrontación democrática? ¿Son necesariamente rectas y éticas para que respondan a los grupos que tienen mayoría de votos? ¿Dan los votos rectitud moral a los temas y los programas?

Los tratados clásicos de moral y la misma doctrina social de la Iglesia han señalado unos derechos y valores humanos que no todos tienen la misma importancia. El derecho a comer es más fundamental que el derecho a vacaciones. El valor de la vida es más importante que el de la propiedad privada. El bien común es más importante que el bien particular. El trabajo nunca se puede rebajar a mercancía. No es ético hablar del mercado de trabajo, como quien habla del mercado de la fruta. Estas y muchas otras son las verdaderas líneas rojas que hay que respetar y que se han integrado en las declaraciones de derechos humanos y muchas constituciones. En la hipótesis de confrontación entre estos derechos y la líneas rojas estratégicas de los grupos dominantes o que aspiran a serlo, puede darse la crítica, la confrontación, de legítima defensa y en determinados casos la desobediencia civil.

¿O quizás no? …entonces estaríamos cayendo en una escondida forma de dictadura, política, económica, religiosa, racista… es igual, todas son detestables y llevan a la destrucción de la ciudadanía.

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.