Jesús Renau. Cuando se notifica que este año quizás el crecimiento económico será muy bajo o nulo parece que tenemos un gravísimo problema. ¡Qué desastre, no creceremos!. Y uno piensa: ¿es verdad esto?

Resulta que el mundo actual tiene los medios para buscar soluciones a los grandes problemas humanos. El verdadero problema es dar respuesta al hambre, a la incultura, a la sanidad, a la marginación y a la gran diferencia entre ricos y pobres. Con las capacidades actuales si hubiera un cambio de mentalidad y una decidida voluntad se podría ir con decisión por el proceso de liberación de estas funestas heridas de nuestra humanidad.

¿Por qué tenemos que crecer más e ir arriesgando nuestra tierra? Pues sencillamente porque un sector minoritario de nuestra sociedad nunca tiene suficiente. Este sector no sólo impone a los sectores empobrecidos de la humanidad una vida muy dura y terriblemente cruel, sino que hoy en día se encuentra la impresión de que está controlando de propia democracia y la hace ir por el camino de su especulación. El pulso entre políticos y sistema financieros especulativos por ahora parece que cae a favor de estos últimos.

Una distribución justa de los servicios fundamentales como son la sanidad, la escuela y la cultura, una distribución justa de la fiscalidad de forma que quien más tiene más pague por el bien común y la sostenibilidad de la sociedad, es mucho más urgente e importante que ir creciente indefinidamente.

La ciencia y las estrategias económicas están sometidas a la moral y a la ética. Es decir las motivaciones e intenciones de su funcionamiento y de sus decisiones no escapan a la recta conciencia humana. Y la ética señala el objetivo que es EL BIEN COMÚN. Entendemos el bien común el que responde a las elementales necesidades, derechos y deberes de toda persona humana y de todas las personas, sin distinción de raza, sexo, religión y opiniones. Este bien común exige el control pero parte de las administraciones democráticas de la marcha de los grandes grupos financieros. Es indispensable la persecución de todo tipo de fraude, de evasión de capitales, de trampas para no pagar impuestos votados democráticamente, de reformas radicales del poder soberano de los estados, de la prohibición de los paraísos fiscales …. etc. y todo ello para poder distribuir con justicia distributiva según la ética más elemental.

El gran problema no es el crecimiento sino la mala distribución de los bienes, servicios y riqueza. Es una situación global profundamente inmoral.

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Jesuita. Profesor de Teología Espiritual en el ISCREB. Director Espiritual del seminario interdiocesano. Miembro de Cristianisme i Justícia y del equipo de pastoral del Casal Loiola de Barcelona. Autor de artículos y publicaciones sobre la dimensión social de la espiritualidad y temas educativos.
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2 Comentarios

  1. Un buen análisis del problema:
    “El gran problema no es el crecimiento sino la mala distribución de los bienes,”
    Una buena fundamentación ética del objetivo: “el bien común”.
    Un gran error en los instrumentos de mejora:
    “Una distribución justa de los servicios fundamentales… una distribución justa de la fiscalidad”
    “el control de los grandes grupos financieros”
    “los paraísos fiscales”.
    Desde hace algún tiempo, movimientos sociales, progresistas, personas de buena voluntad, proponen como recetas: una reforma fiscal, el control de los bancos y los paraísos fiscales. Los medios de comunicación amplifican la idea llegando esta a la población como aquello máximo a pedir para que todo cambie. Nos ponemos a pedir, a exigir y lo hacemos desde la distribución secundaria, el Estado debe quitarle una parte mayor a los más ricos para que los pobres puedan tener “los servicios fundamentales como son la sanidad, la escuela y la cultura”. Y esto no es malo.
    Sin embargo, las causas de la desigualdad se generan en la distribución primaria, en un determinado modelo productivo que cuando estuvo en su mayor auge fue terriblemente creador de desigualdad y cuando ha entrado en crisis sigue destruyendo al débil.
    No hay ninguna solución al problema de la desigualdad en los impuestos, si antes no se soluciona el modelo de trabajo, su estabilidad el reparto del mismo y de sus frutos , la desigualdad primaria va a ser creciente, mitigarla sólo con impuestos a los ricos imposible, es necesario reformular el problema desde su raíz. Empezando por cuestionar la propiedad no poniéndole un impuesto. «la propiedad privada para nadie constituye un derecho incondicional y absoluto. Nadie puede reservarse para uso exclusivo suyo lo que de la propia necesidad le sobra, en tanto que a los demás falta lo necesario.»
    Debe también reconsiderarse sistema del poder, parece que ya aceptamos la dictadura de las finanzas y nos contentamos con regularlas un poco o bastante. Cuando pedimos tasa Tobin, impuesto a la banca, desaparición de los paraísos fiscales, estamos olvidando el debate previo, histórico, la aceptación de la usura.

    Sistema productivo, modelo de poder, sistema financiero, ocultan: Explotación, Opresión y Usura, palabras que no amplifican los medios pero que están en la raíz de la desigualdad histórica.
    Con mis mejores deseos para el padre Jesus Renau.

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