"Los musulmanes de Arenys proponen instalar su mezquita en un convento abandonado"

“Los musulmanes de Arenys proponen instalar su mezquita en un convento abandonado”

Jaume Flaquer. Este era el titular de una noticia de un diario de ayer. Periodísticamente, el titular es excelente porque automáticamente hace rebrotar todos aquellos miedos ancestrales grabados en la conciencia colectiva española de la invasión musulmana. No es menos cierto que el mundo árabe vive exactamente “el negativo de esta foto”: el espejismo de la invasión se corresponde, en igual intensidad, a la satisfacción de volver allí donde fueron expulsados. Así, con los miedos de unos y las alegrías de otros, vamos levantando un muro cada vez más alto entre dos mundos que están condenados a vivir juntos.

Deberíamos evitar todo aquello que genere, de un lado, falsas alarmas y, de otro, sentimientos de religión triunfante. Por eso, estoy convencido que la fácil solución de transformación de iglesias en mezquitas no puede hacer más que aumentar la islamofobia. Los 91 comentarios de la noticia muestran bien las pasiones que levantan estos titulares:

-“¿Y porque no la sagrada familia? bueno todo llegará, ya falta menos.”

-“España es mayoritariamente católica, por lo que esta noticia nos irrita al máximo. Que se vayan a su país con su Ramadán, el cordero y nos deje en paz.”

-”Una cosa como esta es humillante para la grey católica de España, pero a nadie le preocupa, lo consideran normal. Acaso no sabemos que en los países de “esta gente” no digo construir templos o iglesias sino apenas exhibir una cruz en el cuello puede costarte caro.”

-“Sólo una cosa, Vámonos a cualquier país árabe y pidamos construir una iglesia sobre el emplazamiento de un lugar de culto árabe! A ver que nos dirán! Nada Más! Pobres democracias que abuso!”

Mi crítica no va dirigida ni contra el periodista ni contra los musulmanes de esta comunidad que sólo buscan un lugar donde orar, sino contra aquellos políticos y asociaciones que no hacen más que poner impedimentos a la apertura de oratorios y mezquitas, e igualmente, contra un aspecto perverso que tendrá la ley de centros de culto: dado que ahora se requiere una catalogación de terreno para usos religiosos para construir centros de culto, la tentación fácil será aprovechar que las iglesias ya tienen esta catalogación para darles un nuevo uso religioso, en este caso musulmán. Puesto que la práctica cristiana está en profunda disminución, vamos a encontrarnos este fenómeno planteado en muchos pueblos.

Por eso estoy convencido de que: 1) las iglesias que queden vacías deben transformarse en equipamentos culturales, y 2) que las autoridades han de facilitar la construcción de mezquitas.

¿O acaso no tenemos suficiente con polémicas históricas como el de la catedral-mezquita de Córboba, que primero fue catedral, después fue transformada en mezquita y después volvió a ser catedral?

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