El día internacional de la paz

El día internacional de la paz

Dolors Oller. El 21 de septiembre se celebra “El día Internacional de la Paz”, que este año, en su trigésima edición, se ha dedicado a la importancia de la democracia para conseguir la Paz, pues juega un papel fundamental en la consecución del respeto a los derechos humanos, a la vez que proporciona canales adecuados para resolver pacíficamente las diferencias. “El día internacional de la Paz” fue proclamado en 1981 por la Asamblea General de las NN.UU, con la intención de que coincidiera con la apertura del período ordinario de sesiones de la Asamblea, el tercer martes de septiembre a cada año. Y en 2001 la Asamblea General aprobó por unanimidad declarar el 21 de septiembre como día anual del alto el fuego y de la no-violencia, día que se emplea también para realizar actividades de educación y concienciación de la opinión pública respecto a asuntos relacionados con la paz, bien tan preciado y tan poco alcanzado en nuestro mundo.

Este día dedicado a fortalecer los ideales de Paz en cada nación y entre cada una de ellas y que simbólicamente quiere conseguir el cese de toda lucha me ha hecho pensar en la acción pacificadora de las Asambleas de Paz y Tregua de Dios, movimiento social impulsado en el siglo XI por la Iglesia y por los campesinos como respuesta a las violencias perpetradas por los nobles feudales. Su importancia es grande: se pueden considerar el origen de las Cortes Catalanas medievales y ayudaron notablemente a la pacificación de los diferentes países, limitando las luchas entre la nobleza feudal. El Abad Oliba fue un firme impulsor. Concretamente, el año 1022 Oliba, acompañado por el obispo Berenguer de Gurb, propuso la Tregua de Dios en un sínodo celebrado en Elne. La propuesta fue proclamada por Oliba el año 1027 y ratificada en una asamblea que tuvo lugar en Toluges. La Paz de Dios establecía el derecho de refugio que la iglesia ofrecía dentro del templo y las sagreras, mientras que la Tregua de Dios prohibía las acciones bélicas durante un tiempo determinado. Inicialmente la Tregua de Dios se iniciaba el sábado el atardecer hasta el final del domingo. La Paz y la Tregua de Dios fueron ampliándose en diferentes sínodos como los de Vic de 1030 y 1033, en este último, presidido por Oliba, extendió la prohibición de las acciones bélicas de jueves hasta domingo, y la protección amparaba los campesinos y sus domicilios, bajo pena de excomunión.

Esta ha sido la historia de nuestras tierras europeas. ¿Por qué no podemos pensar que algo similar puede despegar a nivel internacional en pleno siglo XXI?

Hoy, el aumento de la violencia y los conflictos en diversas partes del mundo hace que cada vez tenga más importancia la reflexión y la acción para construir y fortalecer una cultura de la paz en nuestras sociedades, a menudo tan empapadas de violencia. El problema más grave de la humanidad es que la violencia se ha erigido en un método usual de resolución de los conflictos y para conseguir cualquier reivindicación. En otras palabras, se ha transformado en medio de poder. Asimismo, asistimos a una exaltación de la violencia como forma de vida, consumo cultural y de ocio.

La esencia de la violencia es el intento de resolver el conflicto destruyendo al adversario, es decir, eliminando lo que crea el problema. La violencia y la guerra retroalimentan la espiral de violencia al generar más odio y destrucción. Pero hay otras alternativas para resolver los problemas de forma pacífica y desactivar los conflictos transformándolos en motores de progreso y desarrollo.

Muchas veces oímos hablar de la necesidad de construir un nuevo orden mundial más justo, alternativo al actual, que fomente la Paz. Pero para que esto sea posible son necesarias unas sociedades que apoyen el fomento de la Paz y la resolución pacífica de los conflictos. Por eso nos urge dar pasos desde la cultura de la violencia hacia la cultura de la Paz como base de una convivencia justa y humana. Las estrategias de prevención de conflictos deberían ocupar un lugar central en el hacer de organizaciones como las NN.UU, y también estar presentes cada vez más en la política y las relaciones entre los diferentes estados. Del mismo modo, habría que invertir esfuerzos en la construcción de una paz positiva, más allá de la ausencia de conflictos armados, garante de unos mínimos existenciales para todos y del respeto a los derechos humanos, con lo que el mundo ganaría en seguridad. Pero si no empezamos por nosotros mismos y por mirar el mundo de otra manera, no llegaremos muy lejos.

La no violencia es el verdadero fundamento de la vida comunitaria y el medio más adecuado para la resolución de los conflictos. Eduquemos para la Paz: ¡es la mejor inversión!

http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Abad_oliba.jpg
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