Reflexionando el día de reflexión

Reflexionando el día de reflexión

Jesús Sanz Abad. Escribo estas líneas aprovechando la jornada de reflexión y siguiendo la recomendación de la Junta Electoral Central que nos invitaba a “reflexionar”. Digo esto porque no se qué estará pasando cuando este artículo se publique dado que, como decía hace unos días Oscar Mateos en su entrada, estamos viviendo un “cambio de época” o  una “época de cambios” en la que aumenta la sensación de vértigo y aceleración ante la rapidez con la que se suceden los acontecimientos.

En todo caso, mi reflexión como no podía ser de otra manera, está relacionada con lo que empezó en Sol y se ha propagado por tantas ciudades de España y de otros lugares a un ritmo vertiginoso.

Los datos del malestar ciudadano que ha originado la protesta están ahí: 45% de desempleo juvenil,  63% de ciudadanos que viven con menos de mil euros o menos al mes, más de 250000 familias desahuciadas por no pagar la hipoteca.

Los mismos ciudadanos que vieron como antes se movilizaron 100.000 millones de euros para salvar del colapso al sistema financiero, que veían cómo se presumía de ser la octava potencia económica y que han visto cómo las grandes multinacionales del país han seguido dando beneficios durante todos estos años y repartiendo enormes dividendos entre sus directivos a la vez que planeaban despidos sobre sus plantillas..

Los mismos que también han visto cómo en el último año se ha producido una reforma laboral, una reforma de la jubilación, se seguía con una fiscalidad regresiva, se realizaban recortes en gasto social, se privatizaban empresas públicas, y se producía la reestructuración del sistema bancario. Todo ello  impuesto frecuentemente bajo el mantra del argumento TINA (“There is no alternative”, no hay otra alternativa”) de la ortodoxia neoliberal.

Y los mismos que observaban cómo el ex director del FMI, institución que alentaba estas “reformas estructurales” y proclamaba la austeridad y la contención salaria, era detenido en una habitación de hotel que cuesta más de 2000 dólares la noche.

A estas cuestiones, hay que unir la existencia de una Ley Electoral injusta que favorece el bipartidismo, la corrupción política, una Constitución que da síntomas de agotamiento en algunos aspectos (incumplimiento de los artículos de contenido más social, entre otros) y el hecho de que la política económica viene marcada y dirigida desde Bruselas, así como la enorme presión de los mercados financieros y las agencias de crédito en ésta.

En definitiva, una situación social explosiva y una sensación de increíble injusticia en la que se ha incubado el malestar. Todo ello ha llevado a una fuerte erosión de la soberanía popular y a que buena parte de la ciudadanía crea que no existen posibilidades de elección reales en el terreno electoral así como a una fuerte desafección hacia la dinámica de la política partidista, algo que sucede especialmente entre los más jóvenes. Los mismos que constituyen la generación mejor preparada de la historia, que sienten cómo se les ha abandonado a su suerte al ser los que más sufrirán algunas de las medidas aprobadas en el último año (reforma laboral y reforma de la jubilación entre otras) y que están entre los que más han sufrido la crisis.  Precisamente ellos, que sienten que se les ha robado el futuro y que no tienen nada que perder, son los que han encabezado las protestas que han pillado a políticos, sindicatos, y opinión pública con el pie cambiado.

Así, algunos partidos y medios de comunicación se empeñan en buscar algún actor que esté  detrás de la convocatoria. Y claro que ha habido dos agentes que han convocado la protesta: la rabia expresada de forma pacífica y la indignación son las que han convocado a los ciudadanos. Ante esta situación la ciudadanía ha dicho basta y lo ha hecho enarbolando una bandera inclusiva: reivindicando la bandera de la democracia y de la POLÍTICA con mayúsculas, la política que trasciende los intereses marcados en las agendas de los partidos y que es realmente la que afecta a nuestras vidas. Como decía ayer un cartel en Sol: “¿Apolíticos? ¡Superpolíticos!

Pero junto a esta cuestión, lo más importante de esta protesta es que ha conseguido contagiar la ilusión a muchos sectores de la ciudadanía que vivían la situación entre el hastío, la impotencia y la resignación, y que ven que es posible intentar recuperar el futuro encontrándonos en la plaza y reivindicando, como señala José Luis Sampedro en este vídeo, que Otro Mundo no solo es posible sino que es seguro:

Es pronto para ver en qué quedará todo este proceso, pero sin duda saldrá algo transformador y positivo de él, como se ve en la ilusión contagiosa y vertiginosa que se extiende por gran cantidad de lugares en estos días.

PD1: Más allá de lo que pase mañana en las elecciones, me quedo con lo que ayer decía una pancarta en Sol: “Ahora que reflexionen ellos”. Pues eso. Creo que es imprescindible que Partidos Políticos, sindicatos y otros actores que se rigen por el principio de representatividad hagan una lectura seria y crítica de lo que se les está diciendo desde muchas plazas del país. Se equivocan y mucho si analizan únicamente en clave electoral esta protesta puesto que ésta trasciende con mucho la dinámica partidista a la que nos tienen acostumbrados dado que la dinámica reivindicativa iniciada estos días va mucho más allá.

PD2: Una última meditación en clave eclesial. ¿Qué puede aportar la Iglesia en este contexto ante la situación social que se está viviendo? ¿De qué forma puede la iglesia hacerse presente y acompañar a los que están sufriendo la crisis y especialmente ante los jóvenes? ¿Es la celebración de la mastodóntica Jornada Mundial de la Juventud una respuesta acertada a esta situación? Únicamente dejo las preguntas en el aire. Quizás recordar palabras como las de San Ambrosio de Milán nos puede ayudar en algo: “No le das al pobre de lo tuyo, sino que le devuelves lo suyo. Pues lo que es común y ha sido dado para el uso de todos, lo usurpas tú solo. La tierra es de todos, no sólo de los ricos; pero son muchos menos los que gozan de ella que los que gozan. Pagas, pues, un débito, no das gratuitamente lo que no debes. Presta atención, sin enojarte, al pobre, y paga tu deuda, y respóndele con benignidad y mansedumbre”.

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