¿Por qué me pegas?

¿Por qué me pegas?

¿Por qué me pegas? ¿Por qué no me enseñas tu cara? ¿Por qué no me miras a los ojos?

Soy sólo un ciudadano como tú, que sueña con un mundo más justo.

No tengo más lugar que  mi ciudad para unirme con otros y cívicamente decir a los que pasan que esperamos hacer un mundo mejor.

No esperaba esta carga policial y este trato difícil de entender desde  nuestro slogan de pacifismo y serenidad.

No me he cansado, no  nos hemos cansado, hemos sufrido una agresión totalmente injusta.

¿Por  qué me pegas? ¿Quién te ha mandado entrar en un parque común y tomarlo y aniquilarnos y herirnos así?

Habéis aumentado nuestra indignación, todavía urge más una acción conjunta, esperanzada, resistente.

¿Por qué me pegas?

Tere Iribarren (más…)

De la primera carta de San Pablo a los Coringles

De la primera carta de San Pablo a los Coringles

Jose I. Gonzalez Faus. La Vanguardia. Cuando os reunís para las primeras comuniones, eso ya no es celebrar la Cena del Señor. Porque una gran cadena comercial que encabeza tanto las listas de grandes beneficios como las de salarios y condiciones laborales injustas, acaba de publicar un espectacular folleto en papel “couché”, de 22 páginas, donde anuncia trajes para la primera comunión, entre 400 y 1000 €, con descripciones como: “vestido de fantasía, de seda, de organza, cuerpo bordado con torera, falda de gasa con vuelo”… para niñas y niños, rubitas ellas en su mayoría. También vestidos para niñas invitadas, cadenas y pulseras de oro, relojes Swacht o Viceroy, zapatos, libros de recuerdo, servicio de (más…)

¿Qué sucedería si en vez de decir...?

¿Qué sucedería si en vez de decir…?

Víctor Codina sj. Los lingüistas nos enseñan que las palabras nunca son neutras, sino que  están cargadas de vida y sentido, no sólo nombran realidades sino que connotan diferentes significados, valores, relaciones, afectos y cosmovisiones. A veces las palabras pierden su fuerza, con el uso se degradan y entonces es necesario resignificarlas. Lo mismo sucede con el lenguaje religioso.

¿Qué sucedería, si en vez de decir  “Dios”, dijéramos “Padre” (o “Madre” según contextos)?  No sólo seríamos más fieles al sentido de la palabra Dios en el Nuevo Testamento, sino que  nuestra dimensión religiosa se volvería menos filosófica, más filial y más fraterna, más cálida y confiada. (más…)

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