Homenaje a D. Samuel Ruiz

Homenaje a D. Samuel Ruiz

José I. González Faus. Una periodista mexicana me escribía al día siguiente de su muerte: “somos muchos los que lloramos la muerte de Tatic Samuel. Era y seguirá siendo una luz para la pacificación y dignificación de nuestro maltratado México. Seguramente nunca será  canonizado: el Vaticano no siempre premia a los liberadores de la pobreza, a los comprometidos con los invisibles. Pero el bien que hizo en vida fue tan extraordinario que para muchos es ya nuestro San Samuel”…

Aquél hombre, entre realista y socarrón, brindó apoyo y alivio a más de 40.000 campesinos guatemaltecos obligados a cruzar la frontera con las manos casi vacías, víctimas de un genocidio  social y étnico que ha conseguido pasar desapercibido ante la opinión mundial. Antes que el ACNUR y antes que nadie fundó el Comité de Solidaridad con los Refugiados Guatemaltecos que brindó asistencia alimenticia y sanitaria a los campesinos y les ofreció apoyo y aliento. Acompañó a mujeres guatemaltecas al hospital a la hora del parto y escondió a hombres para impedir que las fuerzas guatemaltecas les atraparan. En México, su apoyo al movimiento zapatista (nacido en parte desde las estructuras catequistas organizadas por don Samuel), logró captar la atención del Estado mexicano y la inversión social que sólo se ha dado después del levantamiento, evitando quizás un derramamiento de sangre.

Como obispo, fue formando pacientemente una hornada de diáconos casados, que salían de las mismas comunidades, recibían formación teológica y acabaron siendo líderes y puntos de referencia de las comunidades. Visto el éxito del experimento, las mismas comunidades acabaron preguntando por qué no se podía ordenar de presbíteros a todos aquellos diáconos que eran efectivamente (y con léxico bíblico) “sus pastores”. La reacción de Roma no fue afrontar ante Dios el problema, sino prohibir de un plumazo la ordenación de nuevos diáconos. Su sucesor ha hecho lo posible, pero es doloroso constatar el declive de aquellas comunidades, unos años después. (Sobre el celibato ministerial se puede discutir cuanto se quiera, pero es innegable que las comunidades tienen derecho a la eucaristía, y la institución eclesial no puede privarlas de ese derecho. Responder que “la eucaristía no es un derecho sino un don” y que la Iglesia “hace un regalo” cuando impone la ley del celibato, es respuesta heterodoxa).

No veo mejor homenaje que reproducir algunas palabras de la homilía exequial del obispo Raul Vera (OP):

“Como el profeta Jeremías vivió y experimentó la contradicción… sus acciones eran discutidas y condenadas por una parte de la sociedad, pero para los pobres y para quienes hemos trabajado junto con él, don Samuel fue una luz potente en quien se cumplieron las palabras del profeta: “te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos, para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar” (Jer.1,10)… Llegó a un Chiapas plagado de injusticias y abusos contra el pueblo indígena y contra los pobres. Le tocó ver con sus propios ojos las espaldas de los indígenas marcadas por el látigo de los finqueros; constató… que su salario era de tres centavos al día… También conoció a las muchachas indígenas sometidas a la “ley de la pernada” (el patrón, antes de que llegaran al matrimonio, tenía que constatar, uniéndose a ellas, su virginidad). Toda esta situación de injusticias para los indios mayas, la denunció con su palabra de verdad, de justicia y de amor… y sobre todo con la construcción de una iglesia en la que… toda esa serie de injusticias y maltratos desaparecieran  y donde, por medio de la evangelización, quienes habían sido esclavos y no tenían voz, conocieran la dignidad que Dios les dio desde su nacimiento… Tatic Samuel ayudó a que quienes eran oprimidos y humillados, se convirtieran  en robles de justicia… Quienes colaboramos con él en Chiapas entendemos… de dónde le venía la fortaleza inquebrantable que lo caracterizó…: “te he convertido en plaza fuerte en pilar de hierro, en muralla de bronce, frente a toda esta tierra… Te harán la guerra, más no podrán contigo, pues contigo estoy para salvarte” (Jer. 1,18-19)… Bienaventurado por su identificación con los pobres y afligidos, por su perseverancia para vencer el mal a fuerza de bien, por las lágrimas que le vimos derramar al lado de los humillados víctimas de la crueldad humana a los que enseñó a trabajar por la justicia, liberándose de cualquier sentimiento de rencor y de cualquier movimiento de venganza… Fue un ejemplo de los hambrientos y sedientos de justicia…: no había sufrimiento que no tocara su corazón. Ante quienes lo calumniaron, lo trataron de detener por los medios más ruines… actuó siempre con misericordia, esperando con paciencia …. Objeto de injurias y calumnias; de persecuciones, de insultos por la causa de Jesús, plenitud de la vida, ¡alégrate y salta de contento ante Dios porque esto lo sufriste por ser profeta fiel de Jesús!”.

Samuel Ruiz
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