Lucía Ramón. El ayuno es un tesoro de sabiduría para los que se decidan a practicarlo de veras, haciéndolo suyo como una oportunidad de crecimiento, como un signo contra-cultural en “un mundo que se divide entre los que comen y los que son comidos” (D. Aleixandre). El ayuno cristiano es un signo de conversión, de desprendimiento, con él nos  preparamos para el paso de Dios entre nosotros. Este horizonte nos ayuda a relativizar todas esas rutinas, cosas o ideas  en las que depositamos nuestra confianza y tranquilidad a diario, perdiendo de vista lo más importante. Todo esto es bueno, pero relativo, sólo Dios es absoluto. También es signo de tristeza y arrepentimiento ante el mal propio y ajeno, ante las cruces de nuestro mundo a las que también nosotros contribuimos. Es una invitación a una mirada lúcida y compasiva hacia los que sufren y a las causas de su situación: no tiene sentido si no nos lleva a abrirnos a los demás.

Ese  es el ayuno que Dios quiere (Is 58).  También nos permite experimentar que somos más libres de lo que queremos aceptar y que sólo podemos ser nosotros mismos cuando aprendemos a decir “no”. Por último, es lugar de encuentro con creyentes de otras religiones, que también lo practican a menudo de forma modélica, plenamente conscientes de su sentido profundo de apertura a Dios y de identificación con los más pobres: los hambrientos. Gandhi decía: “El ayuno para el desarrollo del espíritu es una disciplina necesaria en algún periodo de la evolución de cada persona. La crucifixión de la carne es un término carente de significado a no ser que uno sienta voluntariamente las punzadas del hambre. La identificación con los pobres que pasan hambre es un término carente de significado sin la experiencia que le sirve de fundamento”.

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Filósofa y teóloga laica. Profesora en la Facultad de Teología de Valencia, en la Cátedra de las Tres Religiones de la Universidad pública de esta ciudad y en EFETA (Escuela Feminista de Teología de Andalucía) vinculada a la Universidad de Sevilla. En estos centros imparte la docencia de Ecumenismo, Diálogo Interreligioso e Historia y Práctica de la Teología Feminista. Columnista habitual de la revista Vida Nueva. Ha sido secretaria de la European Society of Women in Theological Research. Ha participado en congresos internacionales de teología feminista y de ecumenismo en Zimbabwe, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Italia, Argentina, Portugal, Suiza y Austria. Recientemente ha publicado «Queremos el pan y las rosas. Emancipación de las mujeres y cristianismo» de Ediciones HOAC.
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1 COMENTARIO

  1. M’encanta fer el dejuni per depurar-me. Fa un parell de mesos vaig fer el programa de dejuni a Dejuni depuratiu (els vaig veure al programa Els Matins de TV3). Un tracte molt cordial y proper. El més important es que vaig perdre més de 3kg aquella setmana i un total de 7.5kg en la setmana d’abans y en la posterior. A banda d’això, també em van fer una dieta personalitzada amb la que no he recuperat pes.

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