Josep F. Mària. La Vanguardia. En los países del Magreb y de Oriente Medio, las revoluciones y protestas pacíficas a favor de la de­mocracia tienen, ciertamente, im­plicaciones políticas importantes en la re­gión y en los nuevos equilibrios geoestratégi-cos globales. Los medios se han extendido estos días sobre ellos con profusión.

En cambio, se ha escrito menos sobre las consecuencias de dichos procesos en los mu­sulmanes europeos. En mi opinión, la ima­gen de estos grupos religiosos puede mejo­rar, y con ello la propia autoestima de estos conciudadanos. Me han contado la vergüen­za que debían soportar los españoles que via­jaban o emigraban aEuropa bajo el franquis­mo: cómo eran menospreciados por la falta de democracia en España. Con la democra­cia, la imagen y la autoestima subieron. Algo similar puede ocurrir ahora con los musul­manes europeos en relación con sus países de origen. Y se tratará de una buena noticia. Porque la identidad que quedará reforzada no tendrá un cariz fundamentalista: podrán enorgullecerse de haber nacido o de tener familia en un país donde los ciudadanos le han ganado el pulso (o le están tomando el pulso) a una dictadura. Quizás los europeos no musulmanes dejaremos de mirarlos co­mo potenciales fundamentalistas o terroris­tas. Ojalá unos y otros nos acostumbremos a asociar musulmanes y democracia.

Este cambio de mentalidad no va a supri­mir de un plumazo los problemas de mutua acomodación entre islam y espacio público en el seno de nuestras democracias. De he­cho, la relación entre cristianismo y espacio público sigue siendo problemática en diver­sos países europeos. Pero seguro que el pro­greso de la democracia en países de tradi­ción cultural musulmana reduce la intensi­dad de los mutuos prejuicios entre musul­manes y no musulmanes en Europa, allanando así el camino de los acuerdos.

En la emotiva e histórica película De dio­ses y hombres, el prior del monasterio cister-ciense del Atlas (Argelia) escribe una carta poco antes de ser raptado y asesinado, junto con la mayoría de su comunidad, por funda-mentalistas islámicos. El padre Christian afirma que no se debe identificar el islam con la violencia. Y que, si muere, espera po­der contemplar a los musulmanes y al islam con los mismos ojos, llenos de aprecio, de Dios Padre. A lo mejor los cambios en curso en los países islámicos nos permiten avan­zar en esta mirada más auténtica sobre nues­tros conciudadanos europeos.

1 COMENTARIO

  1. He trobat interessants les observacions de l’article. Observo entre els immigrants un interès per la democràcia. De totes maneres alguns saben distingir la democràcia de veritat i aquella que ho és més aviat de paraula. Aprofitem l’elecció de Delegats per parlar de democràcia i alguns diuen que en alguns països hi ha caps d’Estat que hi han estat molts anys i no els han canviat mai. Llavors diuen que això no és democràcia. Creuen que el canvi del President n’és un signe. També de retruc surt el tema de les monarquies, que no s’elegeix mai al Rei i de les repúbliques on si s’escull el President.

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