Sin democracia económica, no hay democracia política

Sin democracia económica, no hay democracia política

Declaración de fin de año de CiJ. “El año pasado por estas fechas esperábamos que la crisis que nos afecta fuera una ocasión de aprendizaje y de crecimiento. Al acabar este año tememos sinceramente que no esté siendo así. Estas reflexiones pretenden animarnos a cobrar conciencia de nuestra responsabilidad, cuando todavía estamos a tiempo de evitar una caída en picado”. Para seguir leyendo la ‘Declaración de fin de año’, haz click aquí.

Resulta habitual por estas fechas que Cristianisme i Justícia dedique uno de sus “Papeles” a hacer una valoración del año que acaba. Este año la valoración se centra sobre todo en el tema de la crisis política y económica, y lo hace constatando una cierta decepción: aquello que se esperaba pudiera ser una “oportunidad de aprendizaje y crecimiento”, se está convirtiendo en una

generalización de recortes sobre derechos sociales adquiridos que sólo contribuyen a aumentar las desigualdades y la injusticia.

En este sentido Cristianisme i Justicia denuncia el poder creciente de mercados y bancos, a la hora de dictar determinadas políticas que suponen a la práctica un progresivo desmantelamiento del estado del bienestar. Ante este discurso de los “poderes fácticos”, se reivindica de nuevo el papel de un Estado que actúe como “promotor” de iniciativas que respondan a las necesidades de los más desfavorecidos. Porque es esta situación de creciente injusticia la que según el texto, pone en peligro la democracia entendida como el mejor sistema “para construir una verdadera sociedad en paz y bienestar”.

Dedica también la declaración de Cristianisme i Justícia un apartado a valorar una cuestión que ha sido en este 2010 eclesialmente relevante: la visita a Santiago i Barcelona del papa Benedicto XVI. El texto valora positivamente la visita i la actitud madura que ha demostrado la sociedad catalana, pero lamenta que los viajes papales vayan aún rodeados de toda la parafernalia que corresponde a un jefe de estado. Esto impide que este tipo de viajes puedan hacerse de forma “más evangélica”, más sencilla, como “una semilla que es pequeña pero contiene una fuerza que la hace crecer por sí sola”.

El texto, volviendo a la situación de crisis general, concluye con la necesidad de reconocer la “enfermedad” para “poder curarla”, y se muestra esperanzado ante la actitud de muchas personas creyentes y no creyentes, que actúan como auténticas fuerzas de “la vida, la salud y el saber”.

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