Tras la visita

Tras la visita

Josep F. Mària. La Vanguardia. A fe que la visita de Benedicto XVI ha dado de qué hablar. Gente de Iglesia a favor, y gente en contra. Debates sobre el papel del obispo de Roma o de las mujeres en la Iglesia de hoy. Que si la iglesia catalana existe o no. Colectivos anti-papa que esperan acercársele para decirle “Jo no t’espero” (?). Que si el dinero podría haberse gastado de otra forma, que si los beneficios superan a los costes por la proyección turística de Barcelona. Controversia lingüística sobre los usos del catalán, el castellano y el latín. Choque de banderas: senyera, bandera vaticana o española. Enfados de los vecinos por las restricciones a la movilidad con resaca sobre el túnel del AVE (“El papa pel litoral”). Que si no debería seguir la construcción del templo de Gaudí. Quejas por líderes políticos ausentes de la misa y conjeturas sobre la devoción de los líderes presentes. Huelga de FGC y protestas por la velocidad del papamóvil. Y otros conflictos que me olvido.

En fin, Benedicto XVI ya está de vuelta en Roma sano y salvo, tras consagrar la nueva basílica y animar un centro de niños y niñas diferentes ¿Pasamos página de este episodio y buscamos rápidamente otro para seguir echándonos los platos a la cabeza?

¿Y si me tomo un respiro en la batalla, me visto de turista y visito la Sagrada Familia? Me planto ante las dos fachadas terminadas y atino en las esculturas y los detalles. Me paseo por el interior del templo apreciando la luz, las formas y los colores. Me subo a alguna de sus torres. Poco a poco, me sumerjo y me dejo empapar  por este espacio y su simbolismo: de turista me convierto en peregrino.

Quizás ser peregrino me oxigena. Apacigua mi compulsión a buscar enemigos y polémicas. Tal vez me inspira un poco de cariño hacia el bebé que llora en la fachada del Nacimiento y muere cruficiado en la de la Pasión. Y soy incluso capaz de mirar con el mismo cariño a vecinos y políticos, a creyentes y no creyentes, a catalanes y españoles, al papa y a los anti-papa… y a quien sea que se me cruce por delante.

A lo mejor recupero la paz para discutir ideas sin descalificar a las personas; para acoger, comprender y amar a todos, sobre todo a los más necesitados. Porque este es el mensaje que, en mi humilde opinión, desean inspirar tanto Antoni Gaudí como su Cliente. Aquel Cliente que, según el propio arquitecto, no tiene prisa para ver finalizado su encargo.

papa_sagrada_familia9http://www.catalunyapress.cat/es/viewer.php?IDN=36902
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