Tere Iribarren. Un Cuaderno que llama la atención por su pretensión arriesgada y poco corriente: enlazar argumentos teológicos, sociales y políticos.

Avisa que algunos lectores no se sentirán cómodos dado que hay dos lógicas que en la vida real casi nadie unimos y son bien necesarias para  que la fe y la justicia no estén en total divorcio.

El enfoque teológico con el cual comienza, se centra en el relato de la eucaristía, y en ella va encajando los niveles que analiza: los derechos individuales: dignidad de la persona; los derechos culturales y socio- económicos: la construcción de un marco de convivencia,  y los derechos políticos, como expresión de la ciudadanía.

Estamos muy lejos de valorar a la persona en toda su dignidad. Así se pone de relieve en las situaciones siguientes: la Ley de extranjería, la discriminación del mundo del trabajo, las dificultades del mundo de la migración.

El repartir, el partir, el distribuir la riqueza sería darle sentido al gesto de los cristianos de partir el pan, enraizado en la tradición más honda.

Este planteamiento lo desarrolla con habilidad y con rigor. Hay temas de gran interés por lo actuales y bien tratados. Es un Cuaderno que “rompe los muros que no son naturales, sino artificiales, que no son fijos sino cambiantes, que no son eternos sino caducos.”

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Religiosa del Sagrado Corazón. Licenciada en teología. Coordinadora de los cursos y actos de Cristianismo y Justicia. Miembro del patronato de la Fundación Lluís Espinal – Cristianismo y Justicia.
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4 Comentarios

  1. Para mi tiene un enfoque novedoso y clarificador en muchos aspectos, tanto en lo que se refiere a nuestra actitud como cristianos como en la manera en que participamos en la construcción de una sociedad más justa e integradora(después de leer el cuaderno, diría viviendo la integración con una ciudadanía crítica).
    Si, de verdad, creemos lo que decimos y hacemos durante la celebración de la palabra y la liturgia eucarística, me parece imposible que no seamos capaces de incidir más en nuestra estructura social. Así que creo que tenemos motivos de serias reflexiones.
    Enlazando la vivencia eucarística con nuestro comportamiento ante la inmigración, estoy de acuerdo con las carencias que presentamos; de acuerdo casi en todo. Hay un par de cuestiones que me plantean alguna duda ( esa duda pudiera ser un dedo acusador que me produce cierta comezón, no sé…):
    Toda persona que llega a nuestro país tiene, ante todo, no el derecho, sino el deber de no renunciar a sus raíces, su historia, su pasado, su cultura, pero también se le ha de pedir el compromiso de aceptar/ integrarse la cultura de la sociedad a la que llega.
    Para mí, que soy luchadora por los derechos de la mujer, surge alguna dificultad a la hora de entender y aceptar cualquier expresión cultural( mucho menos imposición) en la que la mujer se ve a sometida al hombre y tratada como un ser inferior ( ya sé que en la Iglesia queda aún mucho por hacer, pero en eso estamos) , hasta el punto de tener que salir a la calle “ dentro de una cárcel”, condenada a ser una sombra para el resto del mundo. Y no digamos ya lo que suponen determinadas castraciones físicas de las niñas o su venta, desde la más tierna infancia, que deben ser tratadas como delito.
    Siguiendo con el cuaderno, es cierto que deben tener voz y voto y derecho a ser elegibles y que no sólo hay que ver en ellos los derechos del individuo, sino los del colectivo, pero si quien se presenta como candidato a cualquier cargo público es un integrista radical, ¿tenemos que aceptarlo como un peaje a la democracia?. Sí, ya sé, ya sé….,también estoy en contra de que en nuestras elecciones puedan participar fundamentalistas, que tenerlos los tenemos y radicales de la ultra/derecha/izquierda. Igual es que tengo que hacer un mayor ejercicio democrático, tal vez.
    Pero lo más duro sería tener, incluso, que “despojarme” de mis principios feministas y dejar actuar al Espíritu. No sé, no sé…esto, es verdad, incomoda y escuece…

  2. Tere Iribarren,

    Muy ilustrativo si, pero con matizaciones, Entiendo que todo creyente en Jesús se encuentra bien en la celebración de la eucaristía, ya que es un encuentro entre él y Dios. Otra cosa es la aportación de cada uno y entre las aportaciones deberían estar las ideas, deseos, contrariedades, penalidades, alegrías, etc que cada uno debería aportar en el momento del ofertorio y como ¡no! en la exhortación de la homilía sí, la homilía debería ser exponente de todo lo más intrínsico del creyente, pero por de pronto las homilías se parecen más a un monologo que a una aportación de los files que enriquezcan y llenen de sentido las homilías.
    Y sí, si es verdad que hay marginación entre los oprimidos, gente explotada en el trabajo bajo amenaza de despido, gente sin trabajo que come lo que puede (si es que puede)…gente que no para de buscar, pedir, y llorar. Pero atención: entre estos oprimidos también se encuentran empresarios que han vista cerrar sus empresas, ya sea por falta de rentabilidad, liquidez, pérdida de clientes etc, y que se han vista obligados a cerrar, perdiendo así todos los ahorros de su vida. Recordemos la parábola de los talentos, a unos se les dio poco y perdieron poco, a otros se les dio poco y perdieron mucho porque multiplicaron mucho lo que se les dio (…) moraleja; si se castiga al que crea riqueza ¿cómo se podrá desterrar la pobreza?
    Una última reflexión: invito a los lectores que miren los desechos de comida, ropa que se tira a diario en los depósitos de recogida de los diferentes ayuntamientos… francamente esto seria “mana” para los buscadores de comida, ropa,,, etc en los diferentes países pobres de todo el planeta (…)

    Jaume

  3. Encarna,
    gracias por tus reflexiones: honestas, pertinentes, auténticas,…
    En el cuaderno hablo del «reconocimiento recíproco» (p. 9) y de la «mutua presencia» (p. 5). Me parece que son categorías que pueden ayudar a abordar las cuestiones que planteas (y que a todxs nos «escuecen», nos incomodan, nos dinamizan!!).
    Quizá el Cuaderno subraya que al hablar de reciprocidad no podemos olvidar la asimetría existente. Y tu comentario recuerda que al hablar de asiimetría no debemos olvidar la reciprocidad.
    dani

  4. ¡Hola,Dani!
    Me siento un poco abrumada…,pero no creas,no siempre es oro todo lo que reluce.
    Tienes razón, en ambas páginas queda muy claro la cuestión de la reciprocidad y el reconocimiento mutuo, pero, ¿ves?,las leí y pudo más mi subjetividad.
    Así que lo que voy a hacer es dejarme a mano el cuaderno,pues sé que en alguna ocasión tendré que volver sobre él.
    Siempre digo que los cuadernos son como el «amigo que me pone las pilas».
    Gracias por todo.Un saludo cordial.

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